Los partidos de derecha han sufrido una derrota absolutamente aplastante de en las elecciones regionales y cantonales en Francia. Nunca, en toda la historia del país, habían sido erradicados completamente los partidos capitalistas de instituciones el Los partidos de derecha han sufrido una derrota absolutamente aplastante de en las elecciones regionales y cantonales en Francia. Nunca, en toda la historia del país, habían sido erradicados completamente los partidos capitalistas de instituciones elegidas a cualquier nivel. De un total de 22 autoridades regionales, 21 han sido ganados por la izquierda, dejando solamente a la tradicionalmente conservadora Alsacia en las manos de la derecha. Algunas de las regiones han sido ganadas por la izquierda por primera vez. Cada uno de los ministros del gobierno que eran los candidatos en estas elecciones fueron derrotados. La “marea roja” también se llevó por delante al anterior presidente de la república, Valéry Giscard d"Estaing, que había reinado sobre la región de Auvergne por los últimos 18 años. La escala de esta derrota, que ha ocurrido a menos de dos años de la subida al poder del gobierno de Raffarin, ha hundido a este último en una profunda crisis que no puede ser superada por simples “recambios” en el gabinete.

Uno podría haber esperado que Chirac sacrificase a su primer ministro, el condenado Jean-Pierre Raffarin, luego de una derrota tan colosal. Sin embargo, Raffarin ha sido mantenido en su puesto. Haberlo sacado en una etapa tan temprana luego de las elecciones legislativas del 2002 hubiera creado más problemas que los que habría solucionado. Después de todo, si los Primeros Ministros van a ser cambiados después de tales derrotas, ¿qué opciones le quedarían a Chirac cuando su partido, el UMP, sufre una nueva y aparentemente inevitable derrota en las elecciones europeas que se llevarán a cabo en apenas dos meses? Por lo tanto no tiene ninguna alternativa, al menos por los momentos, sino continuar estoicamente con un gobierno desacreditado y seriamente debilitado. Chirac quiere que Raffarin continúe con más ataques contra los estándares de vida de los trabajadores y, particularmente, contra el sistema del seguro social y contra el Code du Travail -la legislación que ofrece salvaguardias mínimas a los trabajadores en términos de condiciones de trabajo y de seguridad laboral. Raffarin también tratará de llevar adelante la privatización de la industria nacional de electricidad y del gas, EDF-GDF. Entonces, en fecha futura, va a ser echado a un lado.

Por supuesto, desde el punto de vista del movimiento obrero, el nombre del Primer Ministro no es de particular importancia. La política de este gobierno no va a y no puede cambiar, puesto que detrás de ella está parada una clase capitalista que está absolutamente resuelta a llevar adelante la destrucción de todas las principales ganancias sociales hechas en el pasado por el movimiento obrero organizado. El nombramiento del notorio reaccionario y ambicioso advenedizo, Nicolas Sarkozy, al Ministerio de Finanzas es un provocación flagrante a la clase obrera y una muestra inequívoca que la política social y económica del nuevo gobierno de Raffarin no será en absoluto menos implacable en sus ataques contra los trabajadores que el anterior.

Estas elecciones en Francia, como los recientes acontecimientos que han sacudido a España en semanas recientes, son una prueba adicional de la creciente inestabilidad social y política de la actual época. La causa fundamental de esta inestabilidad, que se expresa en cambios repentinos en la psicología de las diferentes clases en la sociedad, es la inhabilidad del sistema capitalista de seguir desarrollar los medios de producción y llevar la sociedad hacia adelante. Este próximo año, como en años anteriores, el estancamiento de la economía francesa significará un mayor empeoramiento del desempleo, ataques a los servicios y beneficios sociales y una declinación general en los estándares de vida. Éste es el trasfondo a la avalancha espectacular e históricamente sin precedentes para la izquierda en las recientes elecciones.

La derrota infligida a los partidos capitalistas es una transferencia sobre el plano político del movimiento de huelgas y manifestaciones relacionadas con la lucha contra los ataques a las pensiones que ocurrieron a gran escala en la primavera pasada. Esta transferencia no benefició a candidatos ultra-izquierdistas. Se movió hacia los partidos obreros tradicionales, a saber el Partido Socialista y el Partido Comunista. El aumento en el apoyo electoral para estos partidos ha conducido a sus líderes respectivos, François Hollande para el Partido Socialista y Marie-George Buffet para el Partido Comunista, a afirmar que estos resultados son una confirmación de su estrategia y programa. Sin embargo, éste no es el caso. Las políticas de ambos partidos de izquierda son esencialmente los mismos que los que llevaron a la desdichada derrota de la izquierda en 2002. Aunque hay algunas diferencias entre la política del PS y del PC, ni unos ni otros tienen alguna medida dirigida a romper la llave estranguladora económica de la clase capitalista y aceptan, en la práctica, la continuación del capitalismo. Estos mismos líderes fueron los que realizaron el masivo programa de privatización bajo gobierno de Jospin, por el que activos públicos por un valor de 31 millardos de euros fueron transferidos al sector privado. El problema central que enfrenta el movimiento obrero francés, que es el de los programas de los partidos de izquierda, permanece intacto.

La verdad es que esta victoria ha ocurrido a pesar de las políticas de la actual dirección de los partidos de izquierda. Cuando la gente trabajadora se mueve en esta clase de escala para derrotar a sus enemigos, ella inevitable acude a sus organizaciones de masa tradicionales, que son las únicas capaces de infligir tal derrota. Los líderes de organizaciones sectarias tales como LO (Lutte Ouvrière) o la LCR (Ligue Communiste Révolutionnaire), que se separan de los partidos obreros y se les oponen debido a las políticas del pro-capitalistas de sus líderes, son absolutamente incapaces de entender esto. Luego de ser eliminados en todas partes en la primera ronda, no dieron a su electorado instrucción alguna para la votación de la segunda ronda, aduciendo que no había diferencia entre los partidos de derecha y de izquierda. Los candidatos del PS y del PC, dijeron, eran también representantes de “partidos capitalistas” y por lo tanto no eran mejores que los representantes de la UMP de Chirac. Esta gente debería ahora explicarnos cómo dos “partidos capitalistas”, similares al UMP, han obtenido una victoria tan avasalladora. ¿Debemos concluir que ha sido una ola pro-capitalista la que acaba de sacudir a toda de Francia?

En la víspera de la primera ronda, el líder de la LO, Arlette Larguiller, explicó que el “peor escenario posible” sería si había un corrimiento general en el apoyo para los partidos de izquierda, pero no para la LO - LCR. Esto es exactamente lo que sucedió. Y sin embargo, fuera del microcosmos de sectarios incurables, los resultados de las elecciones regionales no son de forma alguna un “peor escenario posible”. Todo lo contrario. Esta derrota pone al gobierno de Raffarin en una posición extremadamente difícil y consolidará la mano de todos los que se involucren en la lucha contra él. Esta victoria electoral fue una extensión del movimiento de huelgas en el período anterior y servirá para reforzar la moral y el espíritu combativo de los trabajadores en las luchas sindicales que vendrán.

Claramente, ningún “enroque” en el gabinete de ministros capitalistas puede resolver las necesidades de la gente trabajadora. Los partidos de izquierda deben ahora forzar su ventaja y exigir elecciones legislativas inmediatas para barrer con este gobierno. Debemos exigir la vuelta de un gobierno socialista-comunista, no para privatizar y servir de“gerentes del capitalismo” como hicieron bajo el gobierno de Jospin, sino para tomar medidas decisivas para romper el poder económico de los capitalistas sobre las secciones más importantes de la economía. Todos los bancos y todas las principales compañías deben ser nacionalizados bajo la gerencia y el control democráticos de los trabajadores. La lucha para la adopción de un programa socialista genuino se debe emprender allí donde más cuenta, dentro de nuestros más poderosos sindicatos y organizaciones políticas. El Partido Socialista, el Partido Comunista y las principales confederaciones sindicales fueron construidos por nuestra clase para luchar contra los capitalistas y poner fin a su sistema. Pero estas organizaciones han sido descuidadas al punto en que cayeron bajo el dominio de elementos cuyas ideas tienen poco o nada que ver con las grandes tradiciones socialistas y revolucionarias de la clase obrera francesa.

La tarea más importante que se les presenta a aquellos interesados en una lucha seria contra los partidos de derecha y contra el sistema que ellos defienden es reestablecer estas grandes tradiciones dentro de las organizaciones del movimiento obrero francés. Las divisiones y el sectarismo solamente servirán para reforzar a nuestros enemigos y conducir al movimiento a un callejón sin salida. La unidad es fortaleza y debemos ahora trabajar para vincular la potencial fuerza de la izquierda francesa, de la cual estas últimas elecciones son una demostración contundente, a un programa socialista que prepare el camino para la realización de su misión histórica: la abolición del capitalismo.

Greg Oxley (PCF, Paris)
30 de Marzo de 2004

Traducción de Chirac and Raffarin suffer a crushing defeat in regional elections.

Vea el sitio web de nuestros camaradas franceses y su periódico marxista
La Riposte.


 
 

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