Este artículo corresponde a la serie de documentos del camarada Ted Grant que estaremos publicando. A pesar de que estos fueron publicados originalmente durante todo el siglo pasado, sirven como material de formación, por su valor histórico y por las lecciones que en ellos se encuentran para las luchas en el presente. Ted Grant, nacido en Sudáfrica bajo el nombre de Isaack Blank, fue el fundador de la Corriente Marxista Internacional, con la intención de defender las ideas del marxismo en las organizaciones de la clase obrera. Fimer defensor del Marxismo, se definía a sí mismo como marxista, leninista y trotskista. Sus ideas hacen hincapié en que los revolucionarios deben trabajar dentro, fuera y alrededor de las organizaciones de masas porque los trabajadores comienzan a movilizarse a través de las organizaciones tradicionales y porque fuera del movimiento obrero no hay nada.

Revolución democrática nacional o revolución proletaria: las tareas en Alemania

Los compañeros del IKD (sección de los trotskistas alemanes emigrados) han respondido a nuestra crítica de sus Tres tesis con un artículo titulado Dos balances, publicado en octubre de 1946 en Workers Internacional News.

Aunque, aparentemente corrigen ciertos errores, a saber: su pretensión de que ‘la opresión nacional ha continuado y que sólo han cambiado los uniformes de los opresores’, en cambio, refuerzan su corrección esencial que está incluida en la afirmación de que en Europa no nos enfrentamos, y aparentemente no lo es, a una revolución proletaria, sino a guerras de liberación nacional y a una revolución ‘que básicamente equivale a una revolución democrática’. Ignorando la cuestión principal, el carácter de clase de la revolución, sarcásticamente repiten que la revolución proletaria, que ha sido anticipada con confianza por la Cuarta internacional, no se ha materializado.

Es cierto que no se ha materializado. Pero puede y debe ser necesaria una discusión instructiva sobre las razones del fracaso del proletariado en la toma del poder durante la primera ola revolucionaria que siguió a la Segunda Guerra Mundial. Pero esto no invalida la actitud marxista ortodoxa hacia la lucha de clases en Europa hoy, como tampoco lo hizo el fracaso similar del proletariado en la conquista del poder en otros lugares aparte de Rusia después de la Primera Guerra Mundial. Lenin y Trotsky explicaron este fracaso por la traición de la Segunda Internacional, es decir, de la socialdemocracia.

Hoy, las masas son engañadas por dos ‘internacionales’ traidoras, la reformista y la estalinista, esta última con una autoridad mucho más formidable usurpada de la Revolución de Octubre, con una base más fuerte que la que ha tenido jamás la socialdemocracia. Este factor pone unas dificultades excepcionales en el camino del proletariado. Los estalinistas, por el momento, han conseguido con éxito desviar el movimiento de masas de la revolución proletaria hacia los canales de la ‘revolución popular’, es decir, hacia los canales de la democracia burguesa, como hicieron los socialdemócratas tras la última guerra.

Nuestros compañeros alemanes del IKD deberían recordar la experiencia de Weimar. Si cualquier pequeñoburgués escéptico reprochara con desprecio a Lenin y Trotsky por lo dicho en 1920 y preguntara donde estaba la prometida revolución en Europa, habrían recibido una respuesta apropiada pero difícilmente amable.

Nuestra respuesta no puede ser diferente. La tesis básica del IKD, que nuestros compañeros mantienen sin ningún intento real de defenderse contra las críticas, es que el “retroceso” capitalista hace necesario en Europa dar un rodeo por lo que ellos definen como lo ‘que básicamente equivale a una revolución democrática’.

Como base de esto citaremos otra vez el original de Tres tesis:

“Las prisiones, los nuevos guetos, el trabajo forzoso e incluso los campos de concentración y de prisioneros de guerra, no son sólo establecimientos político-militares transicionales, sino que son formas de una nueva explotación económica que acompaña el desarrollo hacia un Estado esclavista moderno y tiene la intención de ser el destino permanente de un porcentaje considerable de la humanidad moderna”.

Esta valoración impresionista, escrita en el punto álgido de la guerra, está siendo refutada por los acontecimientos.

Esta teoría del “retroceso” capitalista se desarrolló aún más sobre la base del surgimiento temporal durante la guerra de pequeñas fábricas, lo que demuestra un regreso al ‘Estado esclavista’, a la Edad Media y al amanecer del capitalismo. Las características temporales provocadas por las necesidades de la guerra se transforman de este modo en características permanentes de la época actual. Arrojando por la borda la teoría marxista de la concentración de la gran industria a expensas de la pequeña, de la sustitución de mano de obra por maquinaria y el desarrollo del trabajador ‘libre’ a expensas del trabajador siervo y esclavo del pasado.

La sabiduría política de los compañeros del IKD se resume de la siguiente manera:

“A diferencia del uso de maquinaria complicada y a diferencia de la concentración y sobredesarrollo de una industria adaptada sólo para propósitos bélicos, existe el trabajo forzoso, es decir, el uso en masa de trabajo manual que es más barato que el trabajo mecanizado, la fundación y extensión de formas pequeñas y medianas debido a la escasez de bienes de consumo, la restauración del trabajo manual, la disipación y la ruina del sistema monetario... La situación política en estos países sistemáticamente explotados (bajo el dominio nazi) se caracterizaba sobre todo por la destrucción de los partidos obreros y burgueses no fascistas.

“Paso a paso los sindicatos, las sociedades políticas y culturales de todo tipo, las organizaciones religiosas, etc., están siendo liquidadas de acuerdo con el modelo alemán, cambiadas o de alguna manera puestas bajo el control directo fascista. Con ciertas excepciones, donde este proceso todavía no se ha completado, ya no existen movimientos burgueses tradicionales independientes ni movimientos políticos proletarios o de trabajadores, en estos países (especialmente en Polonia y Checoslovaquia) incluso ‘la burguesía nacional cada vez está más aplastada por métodos como la ‘arianización’, las ventas forzosas y la expulsión directa.

“Todo lo que hoy queda de los antiguos ‘movimientos’ organizados no es nada excepto círculos ilegales que tienen poca conexión entre sí y que de ninguna manera pueden actuar como una entidad... Como si fueran empujados hasta ese límite que los acerca diariamente por este enemigo, los iguala y todos toman una dirección que se podría describir sólo como de ‘empuje por la libertad nacional’. En unos cuantos países (Yugoslavia, Checoslovaquia, en parte de Polonia, etc.,) este empuje ha cruzado el límite y se ha convertido en un movimiento popular real. En él participan todas las clases y estratos de los trabajadores, asalariados, campesinos, pequeña burguesía urbana (comerciantes y artesanos, es decir, junto con los campesinos, aquellas clases que a pesar de su gran número son remanentes de los modos precapitalistas de producción), funcionarios, sacerdotes, intelectuales y generales.

“Si en la Europa dominada por Alemania no existe desde hace tiempo un movimiento obrero activo y organizado, e incluso las organizaciones burguesas están descolocadas, tampoco se puede hablar de la existencia de verdaderas organizaciones revolucionarias, en cuanto se entienden como estructuras unidas que, incluso ilegales, estarían dispuestas y serían capaces de influir en el proceso por medio, al menos, de la agitación y la propaganda correctas... Sin embargo se ve, la transición del fascismo al socialismo sigue siendo una utopía sin una etapa intermedia, que básicamente es equivalente a una revolución democrática” (Tres Tesis).

Con pequeños cambios, Dimitrov[1] y Stalin podrían haber subscrito este análisis. ¡Así que el movimiento obrero todavía no existe! Todo lo contrario, el movimiento obrero en Europa Occidental lejos de haber sido destruido ha salido de la guerra más fuerte que como entró. Es verdad que los seguidores de Tres Tesis han intentado sortear esta pequeña dificultad sentenciando que, como el movimiento obrero no está dirigido por marxistas, entonces no es un movimiento de los trabajadores. Pero si este fuera el caso entonces no habría existido movimiento obrero en Europa desde 1923.

¡Decir a los trabajadores de Francia que sus sindicatos y partidos políticos no constituyen un movimiento de trabajadores provocaría la respuesta que se merece! Por supuesto, el IKD ha descubierto esta formulación recientemente. Antes del resurgimiento del movimiento obrero en Europa Occidental, describían al Partido Laborista británico y al movimiento sindical como el único movimiento de trabajadores que quedaba en Europa. El Partido Laborista británico difícilmente puede ser descrito como “marxista” o consciente de la misión histórica del proletariado.

El resurgimiento del movimiento obrero en todos los países de Europa revela que toda la teoría del “retroceso” incluida en Tres Tesis estaba básicamente equivocada. Debajo de la cobertura totalitaria del fascismo la lucha de clases continuaba en ebullición. Si se hubiera realizado la revolución socialista sólo podría haber estado dirigida por la clase obrera como clase, al frente de las masas de la población luchando contra la opresión extranjera y sus agencias nacionales en el interior, es decir, la burguesía nacional y sus apéndices.

El proletariado puede ser arrastrado tras la cola de la burguesía por “el movimiento popular de todos” (como hizo sistemáticamente el estalinismo en Europa Occidental), o se puede ganar a la masa de la pequeña burguesía para el programa de la revolución proletaria sobre la base de una política proletaria revolucionaria. No existía camino intermedio. O con la burguesía o con el proletariado. Esa es la única alternativa en la época actual.

Nosotros preguntamos a los compañeros del IKD después de reflexionar sobre el desarrollo de Europa desde la caída de los nazis ¿qué ha surgido? No un movimiento popular de todas las clases, sino una división de alineamientos políticos de acuerdo con la división básica de clases en la sociedad; una polarización donde los partidos de la clase obrera están a un lado y la reacción al otro, con la pequeña burguesía inquieta se equilibra en el “centro” con partidos demócrata cristianos, una situación que no puede mantener de manera indefinida. O gira a la derecha en una reacción neofascista o será ganada para la revolución proletaria bajo la dirección del proletariado.

El papel del EAM en Grecia

Los compañeros del IKD en Dos Balances dicen lo siguiente: “Los errores, si no son analizados francamente y corregidos, por necesidad se repiten y se agravan con la repetición. Así lo atestiguan la sección británica y la lucha en Grecia. Esto se produce después de que el PCR elaborara una resolución sobre la cuestión nacional, en el punto 5 de la misma afirma que ‘todos los movimientos de resistencia nacional son agencias de uno u otro grupo de potencias imperialistas’.

“Esto también se aplica al EAM (Frente Nacional de Liberación), por tanto, el PCR tendría que haber elaborado con Churchill su posición contra el EAM, ya que él estaba tan ciego que no podía saber que era su propia agencia. Pero no lo hizo y Socialist Appeal apareció apoyando plenamente al EAM, claro que difícilmente podía ser de otra manera. Pero ¿qué pasa con la resolución que habían aprobado cuando se enfrentó a la realidad? ¿Fue revisada? No, la que sufrió la revisión fue la realidad. La rebelión en Grecia fue ascendida al rango de revolución proletaria. Este valioso apoyo, desgraciadamente, no pudo impedir la derrota de la rebelión, en la que, una vez más sin ningún análisis, se descubrió que el EAM después de todo era sólo un movimiento de resistencia, y Grecia es presentada como un ejemplo de los resultados devastadores que puede tener apoyar a un movimiento nacional.

Aunque lo que aquí se ‘apoya’, ignorando hasta donde ha llegado la insurrección y después siendo aclamada como una revolución proletaria, es ciertamente correcto”.

En la cita anterior, la posición del PCR es algo distorsionada por los compañeros del IKD. Para dar una imagen clara de la actitud del PCR hacia el movimiento de resistencia, permitirnos citar los párrafos más relevantes de la resolución sobre la cuestión nacional en Europa:

“1. El Partido Comunista Revolucionario condena y lucha contra la opresión nacional de una nación por otra, apoya el derecho de total autodeterminación y secesión política de todo pueblo oprimido a escala nacional.

“2. En la época del imperialismo y su fase actual de guerra imperialista, todas las condiciones objetivas exigidas para una genuina lucha de liberación nacional deben estar vinculadas al programa de la revolución socialista y la lucha por los Estados Unidos Socialistas de Europa”.

Al mismo tiempo que condena la opresión nazi, la resolución igualmente condena la opresión nacional realizada por los Aliados y define de la siguiente manera la actitud de los revolucionarios ante los movimientos de resistencia:

“4. El papel de las clases dominantes europeas es evidente. Colaboraron como clase con el opresor extranjero nazi y ahora buscan jugar el mismo papel como agentes de los vencedores militares, el imperialismo anglo-estadounidense y el Kremlin. Sin el apoyo activo del estalinismo y la socialdemocracia, los capitalistas habrían perdido hace tiempo todo atisbo de apoyo entre los trabajadores y campesinos. Subordinando la clase obrera y sus organizaciones a la dirección de la burguesía y al programa del imperialismo anglo-estadounidense y el estalinismo, los partidos socialdemócratas y estalinistas juegan un papel contrarrevolucionario. El deber de los revolucionarios, al mismo tiempo que en todas las etapas de la lucha intentan ganar a la base para la bandera del trotskismo, es oponerse y desenmascarar el papel de estos partidos y sus organizaciones auxiliares. “5. A pesar del apoyo indudable de muchos miles de los mejores combatien tes proletarios que ven en los movimientos de resistencia no un instrumento para la sustitución de un maestro por otro, sino más bien el instrumento para el derrocamiento del capitalismo y la emancipación de la clase obrera, estos movimientos de resistencia nacional en Europa hoy son agencias de uno u otro grupo de potencias imperialistas. Como movimientos son incapaces de luchar genuinamente por la libertad nacional”.

Esa caracterización pasa la prueba de los acontecimientos y no necesita rectificación. Es claramente aplicable también al EAM. Durante la guerra imperialista el EAM estuvo al lado del imperialismo anglo-estadounidense frente al imperialismo alemán. El PCR no adopta una posición ultraizquierdista en la cuestión de la liberación nacional. Defiende por los cuatro costados la liberación nacional de los pueblos de Europa para liberarse del grillete del imperialismo alemán. Pero no nos equivocamos al advertir que la dirección del EAM y otros movimientos de resistencia eran agentes del imperialismo.

Nuestras advertencias fueron confirmadas por los acontecimientos. El EAM hizo lo que pudo para llegar a un compromiso con el imperialismo e intentó desarmar a la clase obrera frente a la reacción fascista-monárquica y sus partidarios imperialistas. Si el EAM entró en conflicto con Churchill y los imperialistas fue consecuencia del temor de estos últimos a que el EAM no fuera capaz de ser un instrumento fiable para impedir la revolución socialista, y que a través del EAM, Grecia pudiera caer bajo el dominio de Stalin y, de este modo, poner fin a su control de la península balcánica.

La burla sobre Churchill: ‘estaba tan ciego que no podía saber que era su propia agencia’, se corresponde con el nivel de los demás argumentos. A ellos se les podría preguntar: ¿Por qué los trotskistas apoyaron a la república española frente a Franco, una república que diseñaron como agencia del imperialismo anglo-francés y el estalinismo? ¿O por casualidad ahora los compañeros niegan esto y en retrospectiva descubren que en España lo que teníamos también era un ‘movimiento popular’?

Esta caracterización no evitó que los trotskistas describieran los acontecimientos en España como un intento de revolución proletaria por parte de las masas, a pesar del contenido que dieron la burguesía y los estalinistas. El movimiento en España era una revolución proletaria que fue desviada hacia un ‘movimiento democrático popular burgués’ contra el fascismo, en una alianza con la ‘sombra de la burguesía’ mientras que la propia burguesía estaba al lado de Franco.

Así ocurrió también con el EAM en Grecia. Las masas apoyaban al EAM. La burguesía estaba con Churchill mientras que la ‘sombra de la burguesía’ estaba unida a la dirección estalinista y, de este modo, distorsionó el movimiento de masas hacia una dirección burguesa. A pesar del intento estalinista de ‘unidad nacional’, la lucha de clases estalló a través del ‘movimiento popular nacional’ Esto llevó a una guerra civil dentro del movimiento de resistencia entre el ala campesina pobre y proletaria y el ala burguesa, incluso mientras Grecia estaba aún bajo el dominio de los nazis.

Después de la llamada “liberación”, de facto, el poder pasó a manos de la clase obrera, como en España tras la insurrección de los trabajadores en Barcelona, Valencia y Madrid en los primeros días de la sublevación militar. La dirección del EAM frustró el movimiento de masas, renunció a las armas e intentó llegar a un acuerdo con los imperialistas. A pesar de sus intentos de capitulación ante los imperialistas, la guerra civil estalló debido al movimiento de las masas. Si los miembros del IKD niegan que la rebelión en Grecia fuera un intento de tomar el poder por parte del proletariado, ¿entonces cómo caracterizan este movimiento?

¿Un ‘movimiento popular’?

La rebelión comenzó como un movimiento espontáneo de las masas, a pesar de todos los intentos del EAM de evitar su estallido. La chispa que encendió la mecha fue el clásico que en una atmósfera sobrecargada puede provocar una revolución. Los disparos contra una manifestación desarmada por parte de los Batallones de Seguridad monárquico-fascistas, fue similar a los disparos de las tropas del zar en la manifestación encabezada por el padre Gapón ante el Palacio de Invierno en San Petersburgo en 1905. ¿En lugar de exigir la independencia del proletariado Lenin debería haber defendido la fusión del movimiento obrero en un movimiento popular de todas las clases? Simplemente con formular la pregunta se obtiene la respuesta.

Los disparos en la Plaza de la Constitución de Atenas, como comprendió incluso el periódico burgués Times, sembraron las semillas de la guerra civil. ¿Guerra civil entre qué clases y con qué objetivos? ¿Por la “revolución popular” o por la conquista del poder por el proletariado? El EAM era un ejemplo clásico de un Frente Popular traicionando la revolución proletaria. Si hubiera triunfado el EAM, el régimen que habría surgido de esa lucha sólo podría haber sido un régimen burgués. Toda la palabrería sobre “revolución democrática”, “revolución nacional”, “movimiento popular de todas las clases”, etc., en última instancia, sólo puede ser una versión renovada del frentepopulismo.

No puede existir una “revolución democrática” suspendida en medio del aire. La “revolución popular” tiene una base de clase. Y llegamos al punto donde empezamos. ¡Definir el contenido de clase de tu revolución para saber en que punto te encuentras!

¿Cuál es el objetivo de la ‘revolución democrática’?

Al tratar la cuestión escurridiza de la ‘revolución democrática’, que no es ni proletaria ni burguesa, el IKD intenta evadirse de la confusión inseparable que conlleva definir la cuestión de la siguiente manera:

“[Grant está] luchando contra molinos de viento. Por ejemplo, la revolución democrática que nosotros [IKD] suponemos sustituye a la revolución proletaria considerando que, en realidad, dijimos que la revolución democrática en nuestra época, ‘puede realizarse sólo con la destrucción de la estructura del capitalismo” (Dos Balances, el subrayado es nuestro).

¡Confusión tres veces maldita! Nos satisface aprender de estos compañeros que la ‘revolución popular democrática’ que ellos dicen necesaria en nuestra época no se puede conseguir mediante la democracia burguesa. Ahora ‘pretenden’ que algo sustituye a la revolución proletaria. ¿Entonces qué están sustituyendo por la revolución proletaria? ¿Defienden en serio que todas las clases, incluida la burguesía oprimida en el movimiento popular, van a ‘destruir la estructura del capitalismo’?

¿Hay otra revolución, aparte de la revolución proletaria, que pueda destruir la estructura del capitalismo? Cuando los compañeros se topan con las definiciones marxistas, se puede ver cómo oscilan de un lado a otro y que sus Tesis no tienen ningún tipo de sentido. ¿Entonces cuál es la diferencia entre la revolución democrática y la revolución proletaria? La respuesta real es que los compañeros hablan de cosas diferentes en momentos distintos, algunas veces la identifican como revolución proletaria, otras como una nueva etapa y el resto ¡no se sabe qué!

Las tareas en Alemania

Igual que ellos agrupan indiscriminadamente a las diferentes clases en Europa bajo el dominio de los nazis, ahora lo hacen también con relación a Alemania, mezclan todas las clases oprimidas por los Aliados, para unirlas en una ‘revolución democrática nacional que abarque a todas las clases’. Alemania, por supuesto, tiene que realizar una lucha de liberación nacional contra sus opresores, igual que los países oprimidos por Alemania se enfrentaron al mismo problema. Pero el punto crucial del problema está en cómo se llevará a cabo la lucha de liberación nacional.

La respuesta de la Cuarta Internacional es que la liberación nacional se puede conseguir sólo con el proletariado a la cabeza de ese movimiento. Esa debería ser la idea central que deben plantear los marxistas alemanes. Lejos de desfigurar las líneas de clase, éstas se acentuarán. Sólo con una lucha de clases clara se puede ganar a la pequeña burguesía para el programa de la revolución socialista, que está indisolublemente unida a la lucha contra los opresores aliados. Esta lucha sólo se puede realizar a través de la lucha de clases.

Pero los compañeros del IKD, una vez más utilizan formulaciones vagas, dejan la puerta bien abierta para el oportunismo más vergonzoso e incluso para la capitulación ante la reacción. Ellos dicen lo siguiente:

“A menos que la Cuarta Internacional apoye a todos los movimientos de liberación nacional de acuerdo con Tres Tesis, que debe ser el punto principal en su programa para Alemania, no será capaz de ofrecer a las masas nada más allá del programa de los reformistas, ni siquiera algo distinto a lo que representan las autoridades de la ocupación, ya que éstas han expropiado a los capitalistas alemanes (¡sin compensación!) y los ha metido además en la cárcel, sólo hace falta ver las medidas del gobierno militar británico contra los propietarios del carbón en el Ruhr...” (Dos Balances).

Los trabajadores alemanes, podemos estar seguros, no derramarán lagrimas por el destino de los barones del carbón del Ruhr, ni tampoco por el de la burguesía como un conjunto en los territorios ocupados por los rusos. Pero la reivindicación de los trotskistas alemanes en ambos lados de Alemania, debe ser la retirada de las tropas de ocupación y la administración y control de la industria alemana por parte de la clase obrera. ¿O acaso se imaginan que el problema de la economía alemana se puede separar de la cuestión de qué clase la controlará? Si es así están dando la espalda al marxismo. Sólo podremos penetrar en las filas de los socialdemócratas y los estalinistas si damos una alternativa de clase a la capitulación de sus dirigentes ante los Aliados.

La lucha para liberarse de la opresión nacional en Alemania se puede realizar siguiendo las líneas de Schlageter[2], el precursor reaccionario de los nazis, o se puede llevar a cabo siguiendo el método de Lenin y Trotsky, es decir, en líneas de clase. La pequeña burguesía está con la reacción burguesa o con el proletariado. En Rusia los bolcheviques realizaron una lucha despiadada contra aquellos que querían diluir la independencia de clase del proletariado en el ‘movimiento popular’ contra el zarismo. En Oriente denunciaron como la mayor de las traiciones, la subordinación del movimiento comunista al ‘movimiento popular’ burgués por la liberación nacional.

Sólo el proletariado, luchando por un programa de clase independiente, podría ganar a las masas de la pequeña burguesía para la lucha por la liberación nacional, y ésta sólo podría ser la lucha por el poder, es decir, por la dictadura del proletariado. Hay que plantear las reivindicaciones transicionales: asamblea constituyente, expulsión de las tropas ocupantes, pero éstas no deben ir separadas de la lucha por el poder. Un acontecimiento tras otro revela el modo de pensamiento pequeñoburgués e incluso el contenido reaccionario de las ideas de los compañeros del IKD.

Antes de ayer, como impresionistas, habían descartado la brújula de clase ante el espectáculo de la opresión nacional de Europa por los nazis. Después no supieron que decir con la conquista Aliada de Europa. Hoy, intentan encontrar su último escondrijo en Alemania. Pero Alemania revela de nuevo y de manera implacable que la estructura de clase de la sociedad da como resultado la división política entre las clases y, en absoluto, su unificación, incluso bajo el tacón del conquistador extranjero e incluso en un país altamente industrializado como Alemania cuya industria ha quedado parcialmente destruida.

En su actividad práctica en Alemania, los protagonistas de la posición del IKD miran hacia los estudiantes universitarios y distintas capas de la “juventud nacionalista”, sin referencia a la clase, para dirigir la ‘revolución nacional’ que, supuestamente, uniría a todas las clases en Alemania. Naturalmente, a partir de su concepción de una clase obrera destruida y, debido a ello, la incapacidad del proletariado para dotar de una dirección a la nación, vuelven la espalda a las genuinas fuerzas del renacimiento nacional alemán. Rechazan la idea de la Cuarta Internacional y se concentran en la clase obrera organizada de nuevo bajo la bandera de la socialdemocracia y el estalinismo.

Estos, según estos escépticos, representaban sólo a los “viejos” con la memoria en el pasado. La ‘juventud nacionalista’ era la fuerza que dirigiría la lucha por una “revolución democrático nacional que abarque a todos”. Se acaban de celebrar elecciones en Alemania y ¿qué han revelado? La terca división de Alemania en líneas de clase. La clase media, como en los demás países de Europa Occidental, se ha agrupado alrededor de la bandera reaccionaria de la Democracia Cristiana y, de este modo, se convierte en un contrapeso de la burguesía frente al proletariado.

Pero los trabajadores, a pesar de todo, a pesar de los pesimistas del IKD, se han aferrado tenazmente a sus tradiciones de clase y votaron a los partidos obreros. El maravilloso poder de recuperación de la clase obrera, sus aspiraciones para conseguir la revolución socialista, su instinto de clase, se pueden ver en el hecho de que a pesar de las terribles traiciones, las organizaciones obreras recibieron un porcentaje mayor de votos que antes de la llegada al poder de los nazis. No existía ningún partido revolucionario marxista alternativo, pero las elecciones demostraron precisamente las posibilidades para una genuina corriente marxista basada en un programa internacionalista de clase.

La lucha por la liberación nacional no puede impedir la inevitable diferenciación de la población en líneas de clase. Y no podría ser de otra manera. La opresión nacional no elimina la explotación de clase, sino que simplemente la agrava. La crítica revolucionaria de la política del estalinismo y la socialdemocracia y la lucha de clases realizada en las líneas tradicionales del marxismo-leninismo, ofrecen hoy mayores posibilidades para la Cuarta Internacional en Alemania. Incluso los socialdemócratas van más allá que el IKD.

Para ganar el apoyo del proletariado alemán, los dirigentes socialdemócratas están haciendo discursos pseudocentristas de izquierda. La consecuencia es el apoyo del grueso de la juventud, particularmente de la juventud de la clase obrera que se agrupa instintivamente y mira hacia la revolución socialista como la única salida. La tarea de los trotskistas alemanes será exigir que los dirigentes socialdemócratas emparejen sus palabras con los hechos. Hay, por supuesto, partidos a la derecha de los Demócrata Cristianos, jugando con la ideología del nacionalismo. En cada uno de los casos son neofascistas o representan a alguna variedad de reacción extrema.

No sin motivo Trotsky censuró a los estalinistas por su flirteo con la demagogia nacionalista y con consignas que entraban en competencia con las denuncias demagógicas de los nazis en el Tratado de Versalles. Este método no puede hacer avanzar ni un solo ápice la lucha. Sólo puede hacer el juego a la reacción. La lucha por la liberación nacional debe tener un eje de clase y no se puede separar de la revolución socialista. La pequeña burguesía no puede ser ganada para la revolución socialista con el proletariado adoptando un programa pequeñoburgués ‘democrático nacional’. Eso significaría simplemente que el proletariado se arrastraría tras los faldones de la pequeña burguesía y, de este modo, de la gran burguesía.

La pequeña burguesía sólo puede ser ganada a la lucha contra la opresión nacional bajo la bandera de la lucha contra el capitalismo. De otra manera, una vez más se convertiría en una herramienta de la reacción, en su forma más espantosa. Alemania no pasará por el “rodeo necesario” de la revolución democrática nacional en cualquiera de sus formas o maneras. Nos basamos en las tradiciones de 1918, no en las tradiciones de 1913. ¡No puede haber revolución democrática en Alemania aparte de la conseguida por los Aliados!

En realidad, la restauración de la industria en Alemania, incluso parcialmente, que han iniciado los Aliados, también servirá para que el proletariado alemán recupere su confianza, su carácter ya se ha visto en toda una serie de maravillosas protestas y huelgas dirigidas contra los “nacionalistas” (que han arrojado bombas contra el gobierno militar norteamericano) y las huelgas de protesta contra la liberación de Papen, Schacht y otros nazis. Las manifestaciones se hicieron para demostrar que el proletariado alemán no permitirá nunca más que la reacción alemana tome el poder sin una lucha feroz.

Rápida o prolongada, encabezada por reivindicaciones económicas y transicionales democráticas, por una Alemania unida o por una asamblea constituyente abarcando toda Alemania libre de ocupación Aliada, cualquiera que sean las reivindicaciones que se planteen, estas sólo son parte de la lucha por la revolución proletaria durante la cual se pueden crear sóviets y comités obreros.

Aparte de esto, sólo puede haber una contrarrevolución burguesa en forma fascista o democrática, contrarrevolución democrática que será apoyada por los estalinistas y los socialdemócratas, en unas condiciones de insurrección de masas, como los socialdemócratas lo apoyaron en 1918. Si la vanguardia del proletariado alemán aceptara la postura del IKD, el proletariado alemán caería en una trampa mortal que conllevaría nuevas desgracias y derrotas para la clase obrera.

Enero de 1947


Notas

[1] Georgi Dimitrov (1882-1949), fue un dirigente del Partido Comunista Búlgaro. Viviendo en Alemania fue uno de los acusados por los nazis en el juicio por el incendio del Reichstag en 1933. Absuelto se trasladó a la URSS y se convirtió en el secretario ejecutivo de la Komintern, 1934-1943.

[2] Schlageter era un nacionalista de derechas del Freikorps que fue ejecutado por los franceses durante la ocupación del Ruhr en 1923 por actos de sabotaje. Se convirtió en un mártir nazi.