En el marco de una profunda crisis económica que afecta al pueblo, el presidente Maduro ha anunciado que el Movimiento Somos Venezuela (MSV) participará en las elecciones presidenciales como partido, otorgándole de esta manera una tarjeta al clientelismo político en el país.

Durante las pasadas elecciones (ANC, regionales y municipales), el Movimiento Somos Venezuela ha jugado un papel fundamental, llegando a convertirse en el principal medio de distribución de becas, pensiones, ayudas económicas (como las tarjetas de hogares de la patria) y hasta de electrodomésticos de “mi casa bien equipada”, a través del carnet de la patria. A esta centralización de instrumentos para “repartir la renta petrolera”, se suman la distribución de alimentos a través de los CLAP y planes como Chamba Juvenil, conformando una poderosa red de mecanismos clientelares nunca antes vista en la historia nacional.

Hasta ahora, esta gigantesca y afinada red había sido puesta al servicio de los intereses electorales del PSUV, amarrando votos por medio de las necesidades del pueblo, sin embargo, con el anuncio del presidente, esta “herramienta” ha cobrado vida propia.

Las implicaciones del anuncio son varias, la primera de ellas es que, en las próximas elecciones, la maquinaria del PSUV (las UBCH) se enfrentará a la maquinaria del carnet de la patria, midiéndose con votos la efectividad política del partido para movilizar y conducir al pueblo, contra la eficiencia de los mecanismos clientelares desplegados por la burocracia durante las pasadas elecciones. Otra de las implicaciones, es el evidente descrédito del PSUV frente a las masas populares, por lo que la dirección entreguista, a través del MSV, intenta limpiar su imagen.

Con esta media, Maduro y su equipo buscan además ganar autonomía frente a las demás corrientes burocráticas del PSUV. Recordemos que, aunque la burocracia se presenta a lo externo como fuertemente cohesionada en la defensa de sus privilegios, a lo interno se dan luchas fraccionales que nada tienen que ver con tendencias ideológicas o programáticas, ya que en su mayoría coinciden con el oportunismo de derecha, sino con grupos de poder como militares, empresarios “patriotas” u organizaciones como el Frente Francisco de Miranda (FFM). Esto queda en evidencia con la designación de Delcy Rodríguez, presidenta de la ANC e incondicional al presidente Maduro, como responsable de la nueva agrupación política, que además se ve fuertemente influenciada por Elías Jaua y el FFM.

El problema de fondo, es el burocratismo típico del Estado burgués, exacerbado por el incremento de la desigualdad social, la escasez y la autonomía de las masas que le brinda la renta petrolera al Estado. En su libro La Revolución Traicionada Trotsky señala que “la autoridad burocrática tiene como base la pobreza de artículos de consumo y la lucha de todos contra todos que de allí resulta”. Más adelante dice que “si el Estado, en lugar de agonizar, se hace cada vez más despótico; si los mandatarios de la clase obrera se burocratizan, si la burocracia se erige por encima de la sociedad renovada, […] se debe a la inflexible necesidad de formar y sostener a una minoría privilegiada mientras no sea posible asegurar la igualdad real”. Estas palabras, no han perdido vigencia y se hacen totalmente evidentes en la situación actual que atraviesa el país pudiendo ser comprendidas incluso por los sectores más atrasados del movimiento chavista.

Lo que enfrentamos es una burocracia con una gran capacidad de maniobra, que, a través de medidas clientelares, aplicadas en un momento hiperinflacionario, ejercen una fuerte presión sobre las masas. Esto, combinado con medidas como la bonificación del salario, lo que desvaloriza la fuerza de trabajo, resta autonomía a la clase trabajadora frente al Estado, haciéndola dependiente de sus dádivas. Por ello, es fundamental la organización de la clase trabajadora.

La medida de legalizar el Movimiento Somos Venezuela, lejos de ser sólo un acto de propaganda o incluso una táctica electoral, representa la estrategia de un gobierno bonapartista orientado al pacto con sectores del capital trasnacional y la entrega de las conquistas del pueblo trabajador a través de la bonificación del salario, la flexibilización laboral, entre otros. Para ello, hace uso de todos los mecanismos que le otorga el Estado con el fin de sostenerse en el poder. Nuestra tarea, a la vez que enfrentamos las arremetidas de la derecha y ponemos al descubierto sus discursos hipócritas, es ir construyendo una alternativa de izquierda, genuinamente socialista, que logre conducir a los trabajadores y al pueblo al poder.



 
 

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