Sin duda, un gran peso de responsabilidad descansa sobre los hombros del presidente. Como un viejo militar, todos sus instintos están contra la división en el ejército. No quiere una guerra civil. Pero el hecho es que la única forma de evitar una gue Las noticias que llegan desde Venezuela indican una profundización de la lucha entre las fuerzas en contienda.
El viernes un hombre armado asesinó a tres personas e hirió a otras 21 en una concentración contra el gobierno en una plaza donde los oficiales rebeldes celebran protestas diarias. Este incidente sangriento lleva todos los sellos de una provocación premeditada. Según las noticias aparecidas en el periódico Clarín, los francotiradores iban montados en motocicletas y dispararon contra un grupo que incluía a oficiales del ejército disidentes. La policía ha arrestado a siete sospechosos, uno de ellos es Joao de Gouveira, un portugués taxista de profesión, quien dicen ha confesado haber disparado en la Plaza de Altamira.

No tenemos ninguna información sobre este Gouveira. Es imposible decir si es un provocador profesional, un ultraizquierdista trastornado, un terrorista manipulado por la CIA o alguna otra agencia estatal. Esto, sin embargo, es una cuestión secundaria. El contenido objetivo de este acto es que se trata de una provocación diseñada para desacreditar la revolución y dar apoyo a las fuerzas antigubernamentales. En particular, tiene la intención de crear una atmósfera de temor y pánico que conduzca a la formación de una “partido del orden” entre los oficiales del ejército.

El campo revolucionario debe estar en guardia contra los provocadores que sin duda están infiltrados en el movimiento de masas, con la intención de provocar el caos y el pánico. Su objetivo es arrastrar el movimiento de masas hacia conflictos armados inútiles que puedan terminar con un gran número de bajas. Este es el objetivo principal de los contrarrevolucionarios. Por eso las ideas del “foquismo” y el terrorismo individual son perjudiciales para el movimiento. Los grupos que defienden estas tácticas pueden ser fácilmente infiltrados por la policía y los servicios secretos para manipularlos con propósitos siniestros. Es necesario oponerse firmemente a todas las tácticas aventureras que ponen en peligro todo el movimiento.

La forma de derrotar la contrarrevolución no es a través de disparos individuales, sino a través de la acción de las propias masas. ¡Y las masas están respondiendo de una forma magnífica al desafío! El sábado, unos cien mil seguidores de Chávez tomaron las calles de Caracas formando una marea humana. ¡Esta es la forma de responder al enemigo! En contraste, el número de contrarrevolucionarios en las calles es muy inferior. Esta es una indicación de que la fuerza de voluntad de la clase media está menguando. Eso es muy típico de los pequeño burgueses, que buscan el éxito rápido y se desmoralizan fácilmente cuando se encuentran con alguna resistencia.
Sin embargo, la lucha de ninguna forma ha terminado. Las tropas tienen la orden de tomar el Pilín León, anclado en la costa, pero ayer todavía no habían conseguido retomar el petrolero que fue ocupado por los contrarrevolucionarios cuando la tripulación dijo que incumplirían la ley marítima para entregar el control a oficiales no cualificados. El objetivo de los reaccionarios está perfectamente claro: provocar el máximo caos y desorden, arruinar la economía, tomar el pan de la boca de la población y así crear las condiciones para un golpe de estado.

Después de fracasar inicialmente en centrar la protesta en manifestaciones, la atención de la reacción ha pasado de la calle al monopolio estatal del petróleo (PDVSA). Desde el principio de la actual campaña de sabotaje, la producción de petróleo ha caído un 40 por ciento y las refinerías clave están a punto de cerrar. Las exportaciones de petróleo suponen la mitad de los ingresos del gobierno, por eso es una calamidad para el país.
Hugo Chávez ha ordenado al ejército aumentar la protección de los campos petroleros y ha advertido de que podría declarar el estado de emergencia si esta situación se intensifica. También ha amenazado con destituir a la dirección de las refinerías.

Pero los contrarrevolucionarios son implacables. Comprenden que si este movimiento ¾ el cuarto de este año ¾ fracasa, se encontrarán con grandes dificultades. Detrás de bambalinas está la embajada estadounidense que les presiona. No hay escasez de dólares para financiar estas operaciones turbias. Ambas partes comprenden que el resultado de esta decisiva prueba de fuerza será decisivo.
Las fuerzas contrarrevolucionarias no se sienten lo suficientemente fuertes para tomar el poder por sí solas. La intención de las manifestaciones en las calles no es provocar una insurrección nacional, sino sólo crear el pánico y el caos con la esperanza de que los elementos reaccionarios de la cúpula del ejército se animen para llevar a cabo un pronunciamiento.

En la medida que la situación actual pueda continuar, las posibilidades para este proceso aumentarán. Ganará fuerza la idea de que “esto no puede continuar”, “hay que restaurar el orden”. El riesgo de tendencias bonapartistas en las fuerzas armadas es muy real.

Hugo Chávez ha acusado a sus enemigos de sabotear y ha animado a su gente a que “se mantenga movilizada en las calles y en el campo para defender una vez más la revolución”. Esta es realmente la única forma de salvar la revolución de un desastre inminente. Sin embargo, la movilización de las masas, por sí misma, no es suficiente. El movimiento requiere no sólo coraje y espíritu de lucha, necesita un objetivo claro, un programa y una estrategia.
Por ser justos con los contrarrevolucionarios, ellos tienen un objetivo, y lo han puesto en práctica, consistentemente, con tácticas habilidosas, elaboradas por gente inteligente a quienes no les preocupa las constituciones, las leyes o que no tienen ningún escrúpulo cuando se trata de defender sus intereses de clase. Deberíamos aprender de nuestros enemigos y demostrar exactamente las mismas cualidades de lucha por los intereses de nuestra clase.

Las masas están respondiendo con su habitual energía y determinación. Han llegado informes de ocupaciones de fábrica, incluida la industria petrolera. ¡Esta es la forma de avanzar!

Desde todo el país están llegando mensajes y resoluciones de las organizaciones de base del Movimiento Bolivariano exigiendo que el presidente emprenda una acción decisiva. En particular, la población están furiosa con la conducta vil de la prensa, la radio y la televisión. Estos poderosos instrumentos en manos de los capitalistas siempre son utilizados contra el movimiento obrero. En este momento, están siendo utilizados por las fuerzas contrarrevolucionarias en Venezuela para agitar contra el gobierno legalmente electo y a favor de un golpe de estado. La cuestión que se planeta es la ocupación de la televisión, la radio y los periódicos para poner fin a la manipulación de las noticias por parte de los reaccionarios.

En Francia, en 1968, los impresores obligaron a la prensa millonaria a someterse al escrutinio de los comités obreros para asegurar que el contenido de los periódicos tenía un equilibrio razonable. Los periódicos tenían que publicar el punto de vista de los trabajadores sobre las principales cuestiones del día. Esta es probablemente la única vez en que la población francesa ha podido leer la verdad sobre la lucha de los trabajadores. La clase obrera de Venezuela debería seguir este ejemplo.

Bajo el sistema capitalista, la libertad de prensa es una frase vacía. En todos los países los medios de comunicación son propiedad y están controlados por un puñado de títeres ricos que nombran y despiden editores según sus gustos. Son ellos los que, en última instancia, deciden la línea política de los medios de comunicación. Un minúsculo grupo de hombres poderosos, elegidos por nadie y responsables ante nadie, son capaces de moldear a la opinión pública, elegir y echar a gobiernos. ¡Y a esto es lo que ellos llaman “democracia”!

Un estado obrero nacionalizaría los medios de comunicación de masas y permitiría el acceso libre a ellos de todas las tendencias políticas y sociales, en proporción con su apoyo entre la población. De esta forma, los comités revolucionarios tendrían emisoras de televisión y periódicos diarios, y podrían permitirse el lujo de dar a los ricos títeres de la prensa el derecho democrático a editar su pequeña copia mensual para que la pudieran vender en las estaciones de autobuses y mercados.

Cuando Chávez fue elegido hace cuatro años prometió realizar un cambio fundamental en la sociedad venezolana. La gente creyó en él. No hay duda de su honestidad personal y su deseo sincero de actuar en interés de los pobres, trabajadores y campesinos. Se han conseguido conquistas importantes, y se deben defender. Pero, al final, el problema real sigue sin resolverse. La economía del país sigue en manos de una minúscula oligarquía que ha robado y arruinado el país. Estos ricos y poderosos nunca se reconciliarán con una Venezuela libre, justa e igualitaria. En la medida que la tierra, los bancos y las industrias siguen en sus manos, no hay solución duradera posible.

Lo que necesita Venezuela es una revolución social. La cuestión es: ¿quién debería dominar? ¿Un puñado de ricos magnates respaldados por el imperialismo estadounidense o la inmensa mayoría de la población cuyo único crimen es buscar una vida mejor para sí misma y sus hijos? Aquellos que hablan grandilocuentemente sobre la democracia, convenientemente, pasan por alto el hecho de que están defendiendo que un puñado de ricos parásitos controlen la vida y el destino de la vasta mayoría de la población. Eso no es democracia. Es la dictadura del Capital.

El sabotaje económico ha tenido un cierto efecto, ha provocado escasez en las tiendas y una oleada de pánico comprador por toda Venezuela. Cuando el conflicto entra en su segunda semana, la Guardia Nacional ha tenido que ponerse al mando de los camiones y obligar a abrir las gasolineras. La suspensión del trabajo ha paralizado la industria petrolera del quinto país productos del mundo, así como las refinerías, los barcos cisterna, los centros de reparto y las gasolineras han dejado de funcionar. La situación es muy seria.

Fuera de Caracas, la Guardia Nacional ha tomado al menos tres centros de distribución de gasolina que habían cerrado por la huelga. El gobierno contrató civiles para llevar los camiones de reparto ¾ requisados a sus propietarios privados ¾ a las gasolineras. El Ministerio de Energía dijo que la propiedad privada regresaría a sus dueños “tan pronto como se normalizaran las actividades”.
Aquí está el problema. Las cosas no se van a “normalizar” en Venezuela hasta que no se resuelva la contradicción fundamental. Es necesario destruir el poder económico de la clase capitalista expropiando los altos mandos de la economía. Esto haría imposible que los enemigos de la revolución realizaran el tipo de sabotaje que ahora estamos presenciando.

Lo más importante, eso permitirá a la población venezolana movilizar todo el potencial productivo de la industria venezolana, de la agricultura y la mano de obra, para resolver los acuciantes problemas de las masas.
Por ahora, la situación de equilibrio inestable continúa. Azuzados por Washington, los reaccionarios incluso están endureciendo sus demandas. Las conversaciones entre la oposición y el gobierno se reanudaron el sábado por la noche, pero parece que con pocos resultados. La oposición, al principio, estaba buscando un referéndum sobre los cuatro años de mandato de Chávez, pero ahora, está exigiendo su dimisión inmediata.

El aspecto más serio de la situación es el principio de lo que claramente son provocaciones armadas, como la que presenciamos el viernes pasado. No hay duda de que tenía la intención de provocar enfrentamientos aún más serios. Por suerte esto no ha ocurrido. Sin embargo, claramente existe la necesidad de formar alguna clase de fuerza o milicia de defensa.

La necesidad de defenderse debería ser discutida en cada comité y, donde sea posible, crear grupos de defensa para patrullar los barrios y mantener el orden. Los barrios obreros deben ser protegidos contra los elementos criminales y los provocadores que buscan interrumpir la paz y provocar enfrentamientos. A cargo de estas unidades deberían haber gente especializada con cierto conocimiento de los asuntos militares. El objetivo no es provocar la violencia, como algunos han sugerido, sino minimizarla y disuadir a los agresores.

La cuestión del ejército sigue siendo una cuestión central. La mayoría de los soldados están de parte de la población. Hay que mantener contactos muy estrechos entre los barracones y los comités, y juntos, deberían observar de cerca los movimientos y la conducta de los oficiales del ejército cuya lealtad sea dudosa.

Es absolutamente correcto plantear demandas al presidente y presionar a la dirección para que actúe de una manera decisiva. En última instancia, el propio Chávez es una personificación de las aspiraciones de las masas, o, para ser más exactos, de las primeras aspiraciones confusas de las masas que han despertado recientemente a la vida política. Al apelar a estas aspiraciones y a la lucha por una vida mejor para los pobres y oprimidos, Hugo Chávez, sin duda, jugó un papel progresista.

Pero la vida continúa. La situación ahora tiene colores muy oscuros. La sociedad venezolana está fracturada y polarizada entre derecha e izquierda. Las antiguas consignas vagas ya no tienen valor ni son útiles en esta situación. Lo que se necesita es claridad y firmeza. Cada vez más gente está empezando a ver esto y está exigiendo en voz alta una mano más firme y una acción más decisiva para tratar con los enemigos de la población. Es completamente correcto y necesario presionar a la dirección para que actúe. Si lo hacen, la lucha se puede ganar más rápidamente y con menos sacrificios.
Pero lo que es absolutamente necesario es que las masas continúan actuando desde abajo, que pongan en práctica inmediatamente sus demandas, sin esperar a ninguna dirección desde arriba. Así es como ganaron en abril y esta forma pueden ganar ahora.

Desgraciadamente, Hugo Chávez a menudo ha mostrado indecisión frente a los acontecimientos. Al carecer de una perspectiva clara, se encuentra sometido a extremas presiones por la derecha y la izquierda. Está pidiendo a los llamados amigos a que se comporten con moderación, por temor a empeorar las cosas. ¡Con “amigos” como estos realmente para que se necesitan enemigos! Es necesario contrarrestar estas presiones aumentando la presión desde abajo.

Sin duda, un gran peso de responsabilidad descansa sobre los hombros del presidente. Como un viejo militar, todos sus instintos están contra la división en el ejército. No quiere una guerra civil. Pero el hecho es que la única forma de evitar una guerra civil es emprendiendo una acción decisiva contra la contrarrevolución y armar a la población. Los romanos solían decir: “Si pacem vis, para bellum”. ¡Si deseas la paz prepara la guerra! Es la eterna dialéctica entre el reformismo y el pacifismo que consigue precisamente resultados contrarios a los que pretende conseguir. Al armar y movilizar a las masas contra el peligro de la reacción, ese peligro disminuye. Con el compromiso e intentando evitar la lucha, es decir, demostrando debilidad frente a la reacción, esta última gana más confianza y se vuelve más agresiva.

En cuanto al ejército, ya está dividido entre la mayoría que está de parte de la población, y una minoría de elementos que están con la contrarrevolución. La única cuestión es cuál de las dos fracciones triunfará. Hugo Chávez debería basarse en las masas y en los soldados que están con las masas para desarmar y arrestar a los elementos contrarrevolucionarios en los barracones. No se puede confiar en esos que se presentan como leales pero que defienden la política de conciliación con el enemigo y se quejan de que las masas “¡van demasiado lejos!” Hay que recordar el destino de Salvador Allende, que confió en el general “democrático” Pinochet y se negó a distribuir armas a las masas que están dispuestas a luchar por el gobierno.

Aquí y en otros artículos, hemos defendido una línea de acción definida para salvar la revolución venezolana y llevarla hacia delante. Se puede estar a favor de estas propuestas o contra ellas. Pero lo que ocurre, al final, será decidido por las propias masas en el curso de la lucha. Su propia experiencia las enseñará que ideas son correctas. La presencia de un partido marxista revolucionario con una dirección previsora las permitirá encontrar el camino correcto en un breve espacio de tiempo. Las resoluciones maravillosas de los comités locales demuestran que están en el proceso de encontrar este camino, y que en los comités ya existen elementos que están luchando por una política marxista. Cuando las masas estén convencidas de que este es el camino en el que deben moverse, ninguna fuerza sobre la tierra será capaz de detenerlas.

Buenos Aires
10, diciembre de 2002

News Reporter

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