Después de un día de luto y calma tensa el martes 14 de octubre, el movimiento revolucionario que sacude Bolivia siguió ganando fuerza, decisión, organización y extensión. Existe una situación de doble poder, con las masas controlando las calles y e Después de un día de luto y calma tensa el martes 14 de octubre, el movimiento revolucionario que sacude Bolivia siguió ganando fuerza, decisión, organización y extensión.

En los días posteriores a la batalla de La Paz el lunes 13, en la que decenas de miles de obreros, mineros, campesinos y vecinos de La Paz y El Alto se enfrentaron al ejército y a la policía durante diez horas, el movimiento de huelga que cumple ya su tercera semana se fortaleció con el paro total de actividades en todo el Occidente y la extensión de las movilizaciones al Oriente que hasta el momento había permanecido al margen. Así la huelga general paraliza Potosí, Oruro, Sucre y en Cochabamba miles de obreros, campesinos y jóvenes se enfrentan al ejército y la policía por el control de las calles. Incluso en Santa Cruz, en el Oriente del país y tradicionalmente más conservadora, se producen movilizaciones populares y tres columnas de campesinos colonizadores se dirigen a la ciudad desde las zonas vecinas.

El martes 14 el movimiento enterró a los muertos del lunes, casi treinta, como resultado de la acción del ejército en La Paz, y gigantescas movilizaciones de luto y de protesta recorrieron las calles de Cochabamba, Oruro, Potosí, Sucre y en el norte de Santa Cruz en Yapacaní, donde miles y miles de trabajadores, estudiantes, sectores de clase media y vecinos de los barrios más pobres ganaron las calles repudiando la masacre desatada en La Paz y El Alto. En muchas ciudades las manifestaciones fueron las más grandes de su historia.

De todo el país llegaban informes de actos masivos de trabajadores, mineros, campesinos y vecinos que tomaban la decisión de marchar a la capital. Un solo objetivo les unía: exigir la renuncia del odiado presidente Sánchez de Lozada.

La autodefensa obrera y las divisiones en el ejército

En la manifestación de La Paz, Jaime Solares, secretario general de la Central Obrera Boliviana, llamó a las organizaciones sindicales y populares a conformar de inmediato "los comités de autodefensa para detener a los grupos de vándalos que se quieren aprovechar de la revolución social" y para impedir que grupos irregulares del gobierno apresen y repriman a los dirigentes de la protesta.

Este es un paso adelante muy importante que surge de la propia experiencia del movimiento y de los enfrentamientos de los últimos días. Está claro que las masas de obreros y campesinos no se pueden enfrentar con las manos vacías a la represión del ejército. En estos comités de autodefensa los mineros tienen un papel clave a jugar por su acceso y conocimiento del manejo de explosivos. Los mineros del Huanani, que ya se encuentran en la capital desde hace dos semanas, vinieron con dinamita.

Es también muy significativo que el dirigente de la COB identificara entre las tareas de estos comités de autodefensa el mantener el orden revolucionario contra elementos vandálicos. Todo movimiento revolucionario al sacudir las estructuras del viejo orden existente genera un cierto grado de “caos” del que siempre se aprovechan elementos incontrolados. Pero también en todo movimiento revolucionario que alcanza cierta profundidad, las propios trabajadores toman en sus manos las tareas que antes eran de la policía y del estado burgués. Estos son los primeros pasos hacia la creación de un nuevo orden, una democracia de los trabajadores y los campesinos. Esta es la auténtica actitud de los trabajadores bolivianos, sin embargo esto no impide a la prensa burguesa internacional presentar el movimiento como “caos, desorden, turbas, etc”.

Sin embargo la tarea de romper al ejército burgués, que es el último bastión con el que se defiende el gobierno asesino de Goni, no puede ser solamente una cuestión de fuerza física. Es muy difícil que en el seno de una sociedad capitalista los trabajadores y los oprimidos logren acumular suficiente capacidad de fuego como para vencer en una batalla puramente militar a las fuerzas del ejército. Sin embargo el ejército burgués, enfrentado a una movilización seria y decidida de los trabajadores tiende también a romperse en líneas de clase, los soldados y algunos sectores de la oficialidad baja se pasan al lado del pueblo mientras que los generales se mantienen al lado de su clase, la clase de los opresores.

Ya hemos visto en Bolivia en el actual movimiento elementos de divisiones importantes dentro del ejército. Ha habido reportes de soldados conscriptos que se niegan a disparar, e incluso declaraciones de sectores de la oficialidad que amenazaban con dejar de apoyar al gobierno represor. "No todos en el Ejército están con el gobierno", afirmó el martes 14 un oficial de Ejército, que pidió no ser identificado, al ser entrevistado por radiodifusoras Erbol al tiempo que hizo un llamado a sus camaradas “a no equivocarse en el momento en que se tengan que asumir decisiones en el país.” El mismo día, Juan Carlos Ibañez, teniente coronel de Ejército y portavoz de un autodenominado grupo de "oficiales patriotas" dijo que el gobierno está sobornando al alto mando del Ejercito boliviano para promover la represión de los miles de bolivianos que se encuentran movilizados en la sede de gobierno y El Alto y dijo que su grupo apoya las demandas de la población.

Un llamamiento claro a los soldados a que se unan al movimiento de trabajadores y campesinos junto con la organización de una fuerza de autodefensa obrera podrían romper de manera relativamente fácil un ejército de soldados conscriptos.

Con el avance del movimiento el lunes 13 en La Paz vimos como sectores de la policía dejaban de reprimir y permitían el paso a los manifestantes que se dirigían a derrocar al gobierno. Los trabajadores y campesinos bolivianos con un instinto político ejemplar hacían llamamientos a los “hermanos policías” a que se unieran al pueblo y encontraban un eco.

En un país como Bolivia, totalmente devastado por dos décadas de políticas de ajuste y ataques a las condiciones de vida de las masas, la locura de los recortes del gasto público ha llegado hasta tal punto que el gobierno hace tiempo mantiene los salarios de la policía en niveles de hambre. Esto ha provocado en los últimos años toda una serie de motines de la policía contra el gobierno en momentos clave, como durante el levantamiento contra la privatización del agua en Cochabamba en abril del 2000, y más recientemente durante el levantamiento de febrero dónde un sector de la policía combatió junto a los trabajadores contra el gobierno y el ejército. Uno de los dirigentes de los amotinados policiales, Oscar Vargas, participó en la masiva asamblea popular en La Paz el miércoles 15. Además Guadalupe Cárdenas, principal dirigente de la Federación de Esposas de Policías, exigió la dimisión de Goni y anunció que su organización bloquearía las puertas de los distritos policiales de La Paz para impedir que sus esposos salgan a reprimir a la población.

Intervención de los EEUU

Los rumores sobre divisiones en el ejército en los últimos días abundan. El martes 14 el comandante de las Fuerzas Armadas, general Roberto Claros, dijo que éstas no respaldan al presidente “como persona” sino como integrante de un “gobierno legítimo”. Posteriormente las FFAA emitieron un comunicado oficial de apoyo a Sánchez de Lozada.

El gobierno obviamente está extremadamente preocupado por la situación y Evo Morales, el dirigente del MAS acusó el gobierno de Estados Unidos de entregar dinero a las Fuerzas Armadas bolivianas a cambio de que respalden al mandatario. Según Morales, el lunes hubo un encuentro “entre el embajador de Estados Unidos, el alto mando militar y dos delincuentes, narcotraficantes y corruptos, como lo son Oscar Smith y Carlos Sánchez Berzaín, para darles plata a las Fuerzas Armadas”.

El semanario Pulso (www.pulsobolivia.com) también denunció la llegada de material militar de EEUU para reforzar al ejército boliviano. En una edición que fue secuestrada por agentes del gobierno en las calles de La Paz a principios de esta semana, el semanario denuncia la presencia en el país de cuatro funcionarios de los EEUU que en la práctica estarían dirigiendo y coordinando todas las operaciones de represión de las últimas semanas. Tres de estos hombres operan desde el propio Estado Mayor del ejército según el artículo de Pulso:

“Uno de los tres hombres que opera en el Cuartel de Miraflores es una suerte de coordinador político-militar; se ocupa de concentrar y procesar la información con destino al ejército boliviano y, fundamentalmente, a la Embajada de Estados Unidos. El segundo de esos militares ejerce la coordinación general de las tres fuerzas militares bolivianas; de él ha surgido la idea, por ejemplo, de movilizar “soldados cambas a El Alto”. El tercero de esos hombres se ocupa de eso que, en términos militares, se llama logística, abastecimiento de municiones y alimentación de las tropas bolivianas que están bajo su mando (el aprovisionamiento estadounidense llega en aviones Hércules, desde Miami). El cuarto de esos hombres opera en la embajada de la Avenida Arce, es el Agregado de Defensa de Estados Unidos, el que se relaciona directamente con el Ministro de Defensa de Bolivia, Carlos Sánchez Berzaín, el comodín perfecto, el nexo entre la Embajada y la residencia presidencial, donde vive y “manda” el Presidente ficticio”.

Que el imperialismo estadounidense dirige por control remoto la mayoría de gobiernos en América Latina no puede realmente sorprender a ningún observador informado. Pero los detalles de cómo se ejerce este control en una situación de crisis realmente refleja de manera gráfica la impotencia de la burguesía nacional que es totalmente reaccionaria y lacaya del imperialismo.

Elementos de doble poder

El miércoles 15 La Paz volvió a ser el centro del movimiento con un masivo Cabildo Abierto convocado por la COB. El cabildo abierto, una figura heredada de la colonia, es una reunión de los representantes municipales junto con los vecinos del municipio para discutir asuntos de importancia. En este caso, la convocatoria, en San Francisco, contó con la participación de más de 30,000 personas, entre trabajadores huelguistas, mineros de Huanuní, pobladores de la capital y del Alto. Los dirigentes de la COB hicieron un llamamiento a reforzar los comités de autodefensa, los bloqueos y las movilizaciones. Al mismo tiempo se anunció que habían llegado a la capital las primeras columnas de campesinos de Achachi y de los cocaleros de los Yungas.

También a partir del cabildo popular, enfrentados a la brutalidad del gobierno y viendo la fuerza y determinación del movimiento obrero y campesino, sectores importantes de las capas medias y la intelectualidad se han empezado a unir a las protestas organizando huelgas de hambre y plantones.

Está claro que la convocatoria de cabildos abiertos en todas las poblaciones y ciudades en los que se decidiera democráticamente el curso de la lucha podría sentar las bases para un nuevo poder revolucionario. Es precisamente en El Alto, que tantas lecciones ha dado a todo el país, dónde los elementos de una democracia de los trabajadores están más avanzados. Desde el fin de semana pasado en que los habitantes de esta ciudad de casi un millón de habitantes se enfrentaron durante 48 horas a la masacre del ejército, el gobierno y sus instituciones han perdido el control de El Alto.

A pesar de que el ejército sigue hostigando a la población utilizando tácticas de guerra sicológica (muy probablemente asesorados por la Embajada de EEUU), el poder real ha pasado a manos de la población. La Federación de Juntas Vecinales y la Coordinadora Obrera Regional de El Alto son la expresión democrática del poder de los trabajadores y el pueblo.

Así describe la agencia de noticias Bolpress la situación: “¿Quién gobierna en El Alto? Son al menos 500 del total de los 562 presidentes de las "Juntas Vecinales", estructuras de organización básica urbana y sub urbana en los nueve distritos municipales de esta ciudad de un millón de habitantes. La estructura jerárquica de este tipo de organizaciones es como sigue: La Federación de Juntas Vecinales (FEJUVE) tiene un presidente y un grupo de 20 dirigentes en varias carteras y con representación proporcional de los nueve distritos. Luego vienen los representantes distritales (nueve) que coordinan con las juntas de base. Luego, recién están los 562 presidentes de juntas vecinales, que es la estructura básica y que, por ahora (hace nueve días) tienen en sus manos el poder en la ciudad de El Alto.”

Las masas organizadas han destruido las casetas de la policía y han decretado que los policías que no se pasen del lado de los trabajadores serán expulsados de la población.

Econoticiasbolivia.com añade: “nadie entra ni sale sin la autorización de los comités de vecinos, organizados para pelear contra las tropas, para marchar a La Paz, para cuidar a los niños y los heridos. Allí, hay olla común en cada cuadra, todos comparten la pobreza, todos son la autoridad comunidad organizada. Es otro Estado, con sus propias normas, con sus propios sueños”. (15 de octubre)
Los elementos de doble poder se extienden como una marea roja: “Más abajo, en la hoyada, en todas las zonas populares, en todos los barrios pobres de La Paz, el control también es de las organizaciones sindicales y populares, organizadas en torno a la COB. Todo el Altiplano, desde Oruro hasta Potosí, toda la zona occidental de Bolivia está en manos de los campesinos y vecinos que bloquean los caminos, grandes y pequeños.” (íbid)

Es una situación revolucionaria clásica en la que empiezan a existir elementos claros de doble poder. Por un lado el poder oficial del gobierno que cuenta sólo con el apoyo (cada vez más vacilante) del ejército y de Washington, y por otro lado el poder de los trabajadores que se va imponiendo y organizando.

Los mineros

En Bolivia tradicionalmente los mineros siempre fueron la vanguardia y la espina dorsal del movimiento obrero. Una columna de unos 1000 mineros de Huanuni, el mayor yacimiento de estaño del mundo, ya se encuentra en la capital desde el inicio del movimiento. El lunes 13 los mineros en su conjunto se unieron decisivamente a la lucha, y lo hicieron a pesar de sus direcciones. En el caso de la Federación de Cooperativistas Mineros que agrupa a unos 50,000 mineros, sus dirigentes llegaron a un acuerdo con el gobierno el mismo lunes, pero presionados por sus propias bases que decidieron desconocer a la dirigencia, posteriormente rectificaron y llamaron a todos los afiliados a llegar a La Paz, “por cualquier medio” Los cooperativistas mineros de Huanuni, de donde proviene el dirigente de la COB Solares, en un ampliado de emergencia el lunes 13 determinaron ocupar por la fuerzas empresas que pertenezcan al presidente Gonzalo Sánchez de Lozada.

El 15 de octubre una columna de 2.500 mineros de Huanuni fue detenida por el ejército en Patacamaya. Hemos recibido el siguiente correo desde Bolivia que describe los acontecimientos: “Esta mañana interceptaron a una marcha minera en Patacamaya a 100 Km de La Paz. Había periodistas que transmitieron en directo: 10:25 horas el periodista informa que los mineros están descansando después de haber viajado toda la noche. 10:32 Los militares y policías los rodean y comienzan a disparar a las ruedas y motor de los camiones en los que habían llegado los mineros y a lanzar gases. Luego los militares suben a los camiones, mientras los mineros huyen en todas direcciones, comienzan a saquear los bolsos y bultos que encuentran, rompen la ropa, desparraman la comida y amontonan todo en un solo lugar para comenzar a quemarlo. El periodista relata todo con riesgo de su vida, en ese momento recibe un balín en la espalda, pero sigue relatando con el ruido de los disparos de fondo. Los mineros intentan una resistencia y realizan una carga lanzando cachorros de dinamita que asusta a los soldados que retroceden unos cien metros incluso retroceden los tanques ya que a uno de ellos le llega un cartucho. Aparece un avión que ametralla desde el cielo. Parece que se acaba la dinamita el ejercito ataca y los persigue aun dentro de las casas. Es una masacre. El periodista deja de transmitir y a la hora y media cuando consigue hablar dice que en el hospital hay tres muertos y unos 20 heridos pero que vio como el ejercito se llevaba arrastrando a algunas personas heridas. Y ya llevamos 77 muertos y 400 heridos en 24 días”

Goni juega la carta de las “concesiones”

El mismo día 15 el gobierno trata de nuevo de salvarse con un anuncio de concesiones, a la vez que aumenta la represión. Sánchez de Lozada anuncia que suspende la venta del gas, que se convocará un referéndum popular e incluso anuncia la convocatoria de una asamblea constituyente. Pero de nuevo, al igual que con las “concesiones” de la madrugada del lunes, el movimiento responde de forma unificada con un rechazo contundente. Las concesiones además no son tales, el referéndum que se anuncia no será vinculante sino consultivo, la asamblea constituyente no será hasta el 2007 al finalizar su mandato.

A estas alturas de la movilización y después de más de 70 muertos los trabajadores y campesinos bolivianos ya sólo quieren una cosa del presidente: que se vaya del país. Uno de los dirigentes vecinales de El Alto va más allá: "Ahora ya no queremos la renuncia, ahora queremos la cabeza de ese criminal", El presidente, en el mismo comunicado, justifica la represión y advierte de una conspiración narco-sindical para derrocar el gobierno.

Al mismo tiempo desata una oleada de represión. Las ediciones de El Diario y del semanario Pulso son secuestradas por encapuchados armados. Varias emisoras de radio que informaban de las movilizaciones, entre ellas la Pio XII sufren atentados con explosivos. Grupos de encapuchados buscan a dirigentes obreros y populares para eliminarlos.

Pero nada detiene ya al movimiento que también ha avanzado en organización y unificación, como exigían las bases obreras y campesinas. El vocero de comunicaciones de la COB, Arsenio Alvarez dice: "La COB y 40 organizaciones sindicales, gremiales y populares han decidido centralizar la lucha en torno a la COB. Nadie está autorizado para negociar por su cuenta. Hay un pacto entre la COB, (el "Mallku") Felipe Quispe, Evo Morales y Roberto de La Cruz para profundizar la movilización, los bloqueos de caminos y la huelga general". (Econoticiasbolivia.com)

La desconfianza en los dirigentes, algunos de los cuales son responsables de negociar con el gobierno en la insurrección de febrero, es muy fuerte. Incluso Solares, el secretario de la COB, ante la multitud en el cabildo abierto advirtió a aquellos dirigentes sindicales que estuvieran dispuestos a dialogar con el gobierno: "¡Cuidado! Si dialogan, van a ser colgados".
La maniobra del presidente ha sido rechazada, sin embargo es importante destacar que entre los puntos estaba la convocatoria de una Asamblea Constituyente. Esto demuestra lo que ya habíamos advertido de que esta reivindicación, levantada principalmente por los dirigentes del MAS, no es una que pueda resolver los problemas de obreros y campesinos, sino al contrario, puede ser utilizada por la clase dominante como una cortina de humo para mantener su régimen de dominación. Es por lo tanto una consigna que confunde, debilita y desorienta al movimiento.

La jornada del 16

El 16 de octubre se celebr’o un nuevo cabildo abierto en la Plaza San Francisco. Esta reunión multitudinaria “acordó profundizar aún más la movilización social en todo el país e instruyó a los hombres y jóvenes a prepararse para el combate callejero contra los tanques y la metralla. "Hay que cavar zanjas en cada barrio, en cada cuadra, hay que levantar los piquetes de autodefensa", dice el minero Jaime Solares, el líder de la Central Obrera Boliviana (COB), que instruyó mantener el cerco sobre Palacio, custodiado por tanques de guerra, precarias trincheras y militares extremadamente tensos.” (Econoticiasbolivia.com)

La movilización que sigue es la más multitudinaria y a la vez la más radical desde que inició el proceso revolucionario. Algunas fuentes cifran la participación en 250,000 personas. Las consignas son mucho más radicales incluso que en la víspera. Las masas de trabajadores y campesinos se prepararan para todo. "Ahora sí, guerra civil, ahora sí guerra civil", gritan hombres, mujeres, viejos y niños, agitando miles y miles de palos, con los que están enfrentando el genocidio y la barbarie. (Econoticiasbolivia.com).

Durante más de ocho horas las masas ocupan el centro de la capital atentas, preparadas para la batalla final y dispuestas a todo. Muchos exigen asaltar el palacio presidencial, pero los dirigentes, nacionales y medios, de la COB piden paciencia y esperar las columnas que todavía marchan hacia la capital: “Los discursos son radicales y todos dicen lo mismo: ¡que se vaya el gringo!. Todos dicen lo mismo, pero no dicen ni cómo, ni cuándo. La gente desespera, quiere más, quiere acabar de una vez con el Presidente. Los dirigentes calman a la base tumultuosa, impetuosa, e instruyen el cerco, a mantenerse en las calles, presionando sobre Palacio, tomando el centro, ejerciendo poder, en vigilia.” (Econoticiasbolivia.com)
La movilización de las capas medias en forma de huelgas de hambre y participación en las marchas aumenta y se extiende por todo el país.

La oportunidad o no de lanzarse a la batalla final el jueves 16 o esperar a la llegada de refuerzos y profundizar la movilización es algo que no podemos juzgar a distancia. Una dirección revolucionaria responsable debe de huir de acciones precipitadas. Sin embargo, es posible que uno de los elementos que estén haciendo vacilar a los dirigentes de la COB sea la pregunta ¿y después qué?
En realidad en Bolivia existe una situación de doble poder. Por una parte las masas de trabajadores y campesinos, a los que se une toda la población, controlan las calles y empiezan a construir su propio poder. Por otra parte el presidente títere de Washington cada vez más aislado. El problema es que si la COB da un paso adelante, el poder caería en sus manos, y lo cierto es que los dirigentes, ni aún los más avanzados, de este movimiento, no tienen una perspectiva de qué hacer con el poder.

En ningún momento han dado una perspectiva clara al movimiento en esa dirección, la dirección de la toma del poder por parte de trabajadores y campesinos. Sin embargo, es posible que a pesar de eso, empujados por la enorme rabia y determinación de cientos de miles de bolivianos que han dicho basta, lleguen a tomar el poder.

No sería la primera vez que esto sucede. De hecho la historia de Bolivia es rica en experiencias parecidas. En abril de 1952 las masas bolivianas irrumpen en escena y toman el poder. También en esa ocasión un sector de la policía se pasa al lado del pueblo y entrega armas a los obreros. Los mineros juegan el papel decisivo ocupando Oruro, dónde derrotan al ejército y marchando a ocupar La Paz. En La Paz, las masas obreras, dirigidas por los mineros armados derrotan al ejército, toman sus armas y cae el gobierno. En ese momento el poder real estaba en manos de los trabajadores y campesinos armados y organizados en milicias obreras bajo el control de los sindicatos que agrupaban a casi 100.000 hombres. Sin embargo, la perspectiva de sus dirigentes no era la de la toma del poder por parte de los trabajadores. Así se forma un gobierno del MNR, en aquel momento un partido burgués con un discurso radical. Aún así seguían existiendo elementos de doble poder, particularmente debido a que el gobierno no contaba con ninguna fuerza armada. Incapaz de desarmar a los obreros inmediatamente, la burguesía presenta su cara más radical e izquierdista. El nuevo gobierno incluye a Lechín, máximo dirigente de los mineros y de la recién formada COB, y como resultado del movimiento revolucionario de las masas que han ocupado la tierra y exigido la nacionalización de las minas, adopta toda una serie de medidas bastante progresistas. Paulatinamente, el poder pasa de nuevo a la burguesía.

Toda la historia reciente de Bolivia es la historia de la contradicción entre la enorme capacidad de lucha de las masas y la debilidad política de sus direcciones que una y otra vez echan a perder las oportunidades revolucionarias. Una vez más los trabajadores y campesinos bolivianos se enfrentan a este dilema. Irónicamente, el MNR, que en el año 1952 representaba a una burguesía que bajo la presión de una clase obrera poderosa se veía en la necesidad de hacer importantes concesiones y adoptar un discurso radical, incluso contra el imperialismo, ahora representa a la misma burguesía, que en una situación de crisis y bajo la dominación aplastante de Washington, sólo puede ofrecer a las masas fusil y metralla.

La cuestión es clara la única solución para los problemas de Bolivia en su conjunto es que los trabajadores y campesinos tomen las riendas del país y utilicen los recursos naturales y las riquezas que éste tiene en beneficio de la mayoría. Bolivia “celebraba” ayer 21 años de democracia capitalista. Ésta no ha hecho más que aumentar de forma brutal las desigualdades y la pobreza de las masas y ha desmantelado todas las conquistas que quedaban de la revolución de 1952. Solamente la transformación socialista de la sociedad puede ofrecer una salida. Ésta no podría limitarse a las fronteras de Bolivia, sino que debería extenderse por todo el continente. La situación revolucionaria que se vive en Bolivia no es una excepción, sino simplemente la expresión más reciente de una oleada revolucionaria que sacude el continente en los últimos 5 años y que es el resultado directo de la crisis profunda del sistema capitalista en toda América Latina. Una revolución victoriosa en Bolivia sería un poderoso faro que orientaría las luchas de los trabajadores y campesinos de todo el continente.

Las tareas más inmediatas son las que ya hemos esbozado en artículos anteriores y que los trabajadores y campesinos bolivianos ya han empezado a aplicar. Desde el punto de vista organizativo: extender y coordinar la organización democrática del movimiento, a través de cabildos abiertos, juntas vecinales, comités de huelga, y que todas estas formas de organización democrática en la base se coordinen mediante delegados elegidos democráticamente a nivel local, regional, departamental y nacional, culminando en una asamblea nacional de delegados que decida el futuro del país. En relación al derrocamiento del gringo Goni: la extensión y coordinación de los comités de autodefensa bajo el control democrático de los comités de lucha y un campaña política en las filas del ejército y la policía que agudice sus divisiones, los paralice como fuerza represiva y aprovisione el movimiento de armas.

El desenlace de los acontecimientos revolucionarios que se viven en Bolivia no está decidido de antemano. La clase dirigente está asustada y tratará de hacer todo tipo de concesiones para salvar su pellejo, incluyendo la formación de un gobierno provisional de salvación nacional sin Sánchez de Lozada incluyendo al MAS y al MIP, la convocatoria de una Asamblea Constituyente, etc. La defensa obstinada de Goni por parte de Washington en realidad puede radicalizar y profundizar más el proceso, impidiendo a la burguesía boliviana presentar un recambio dentro del sistema. Sin embargo está táctica aparentemente poco inteligente también está motivada por el pavor del imperialismo al ejemplo que supondría el derrocamiento revolucionario de otro presidente burgués en América Latina. Y tienen razón.

Lo que si está claro es la enorme voluntad de lucha de las masas bolivianas y la capacidad de superar todos los obstáculos incluyendo las vacilaciones y confusión de su propia dirección. Los trabajadores y oprimidos de Bolivia, parafraseando a Marx, pueden tomar el cielo por asalto. De la experiencia tan rica de este proceso revolucionario, los activistas más avanzados tienen que sacar la conclusión de que es necesario dotarse de una dirección marxista consciente que dé una expresión acabada y precisa a las aspiraciones de las masas.

17 de Octubre de 2003.

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