Una nueva jornada nacional de lucha contra la reforma de las jubilaciones sacó a las calles de Francia a 3,5 millones de manifestantes el 12 de octubre, el número más grande que este movimiento ha movilizado hasta la fecha. El carácter masivo de las manifestaciones sólo se puede comparar con las huelgas de 1995/96, cuando el Gobierno intentó aplicar recortes en la seguridad social y en los derechos jubilatorios de algunos sectores de trabajadores.

El número de manifestantes fue impresionante: 330.000 en París, un número récord de 230.000 en Marsella, 145.000 en Toulouse, 130.000 en Burdeos, 95.000 en Nantes, 75.000 en Ruán, y una larga lista (3,5 millions de manifestants en France) de casi 250 manifestaciones en las ciudades y pueblos de todo el país. Sólo para dar una indicación de la propagación y la profundidad del movimiento, en la pequeña ciudad de Le Puy-en-Velay, con una población de 20.000 habitantes, las autoridades locales dijeron que 8.500 personas participaron en la manifestación (los sindicatos suben la cifra a 20.000, incluyendo a participantes de muchos pueblos cercanos). El número total de manifestantes aumentó en un 25% desde la jornada de lucha anterior.

La jornada de lucha estuvo marcada por las huelgas, que afectaron no sólo al sector público – servicios postales, ferrocarriles, metro y autobuses – sino que también se extendieron al sector privado, incluidos los metalúrgicos, puertos; y, en particular, el sector de la energía, donde la mayoría de las refinerías acataron la convocatoria de huelga.

Por primera vez, los estudiantes secundarios (que han retornado recientemente de sus vacaciones de verano) se unieron al movimiento. Se trata de un escenario que el gobierno de Sarkozy quería evitar a toda costa: la unión de los trabajadores y de la juventud estudiantil. En 2006, un movimiento masivo de los trabajadores y la juventud (con 3,1 millones de manifestantes en su apogeo) obligó a la retirada de la propuesta del llamado Contrato de Primer Empleo (CPE) y terminó con la renuncia del Primer Ministro de derecha, De Villepin.

El 12 de octubre más de 400 liceos de toda Francia salieron a la huelga, y muchos de ellos fueron ocupados o bloqueados por los estudiantes. Ésta fue la respuesta de

los estudiantes a la advertencia dada por el Ministro de Educación de que la izquierda y los sindicatos estaban tratando de «manipularlos». Los estudiantes universitarios también han prometido a unirse al movimiento masivamente en los próximos días.

La fuerza del movimiento del 12 de octubre sin duda dará aliento a las asambleas generales que se realizarán en los lugares de trabajo el 13 de octubre [por ayer] para votar a favor de la continuación de la huelga. Ya los sindicatos de los ferrocarriles y del transporte metropolitano de París, las refinerías de petróleo y los puertos se han declarado en “huelga reconductible” (una modalidad de huelga indefinida cuya continuación se vota cada día en asambleas generales).

En la región de Nord/Pas de Calais, la CGT había organizado el 13 de octubre paros de entre 1 y 3 horas en las fábricas metalúrgicas, incluyendo Alstom y Bombardier. El objetivo, según el Secretario Regional de los trabajadores del metal de la CGT, Jean-Pierre Delannoy, era que «un número creciente de trabajadores se unieran a la huelga indefinida para meter presión a la confederación de la CGT para que lleve al movimiento a una etapa superior».

Un total de 6 refinerías de todo el país se han unido al movimiento huelguístico. En el importante puerto de Le Havre, los activistas sindicales de Renault, Total, Chevron y Eliokem, entre otros, organizaron un bloqueo en la madrugada del 13 de octubre. La zona industrial de Sud en Mans también fue bloqueada por los activistas sindicales del sindicato docente y de la CGT de Renault.

Hay, sin duda, muchas fábricas y lugares de trabajo en todo el país donde la acción huelguística ya ha comenzado, de una forma u otra, y que aún no ha se informado en los medios de comunicación nacionales.

Sin embargo, los líderes nacionales de la CGT siguen todavía negándose a darle una dirección clara al movimiento. Vagamente, el Secretario de la CGT Bernard Thibault, quien irónicamente fue elegido para la dirección de la CGT después de su papel en las huelgas de los trabajadores ferroviarios en 1995, declaró que «debemos encontrar maneras de aumentar la presión sobre el Gobierno». El problema es que, después de 7 jornadas nacionales de lucha, ¿cómo se puede «aumentar la presión» sin convocar de manera clara a una huelga general?

La declaración oficial de la CGT va un poco más lejos que su Secretario general, diciendo que la CGT:

«exhorta a los trabajadores a continuar las movilizaciones, a organizar asambleas generales unitarias en todos los lugares de trabajo para discutir en todas partes, en el sector público y el privado, el inicio de paros laborales y decidir democráticamente las maneras de hacer la acción más permanente».

Pero en lugar de hacer un llamamiento claro para la convocatoria de huelgas indefinidas, que de hecho ya tienen lugar en un número creciente de sectores, a continuación sugiere una variedad de opciones, como si se tratar de elegir un menú:

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«huelgas indefinidas, nuevos paros laborales, manifestaciones públicas regulares en frente de las oficinas de los miembros del Parlamento, debates, reuniones, todas las formas de lucha que sean innovadoras y diversas y que hagan posible la extensión del movimiento».

El dirigente del metal de la CGT en Nord/Pas de Calais, Jean Pierre Delannoy, expresó el creciente ánimo furioso de las bases, cuando declaró que sus miembros estaban hartos de “patear las calles” y exigió una y otra vez «acción real» en la forma de huelgas reconductibles.

La escala masiva de las manifestaciones del 12 de octubre dio nueva confianza al movimiento. El estado de ánimo fue el de: «somos fuertes, podemos ganar». Hay una enorme presión desde abajo, que se refleja sobre todo en las estructuras sindicales locales y regionales. En varias ciudades importantes han sido convocadas nuevas manifestaciones adelantándose a la nueva jornada nacional de lucha el sábado 16 de octubre. Este es el caso, por ejemplo, de Toulouse, donde se ha acordado una nueva manifestación para mañana [por hoy], 14 de octubre. En Roanne (Loira), los sindicatos han planteado manifestaciones todos los jueves, sábados y el martes, más allá de lo que se decidió a nivel nacional.

Está claro que si los dirigentes de la CGT convocaras huelgas reconductibles que desembocaran en una huelga general masiva, el movimiento escalaría a un nuevo nivel. La «reforma» del sistema de jubilaciones es un ataque que afecta a todos los sectores de la clase trabajadora. En algunas de las fábricas y lugares de trabajo mejor organizados y más combativos, los trabajadores y los activistas sindicales pueden tomar la iniciativa ellos mismos, pero es necesario un llamamiento nacional por parte de los dirigentes sindicales a fin de dar a los otros sectores la confianza necesaria para salir a la lucha.

Foto: Olivier CombierIncluso sin esa convocatoria, podría desarrollarse un movimiento en dicha dirección en los próximos días. Los dirigentes sindicales, como Thibault, argumentan que ellos no pueden imponer su voluntad, que las bases tienen que decidir. Está claro que la última palabra pertenece a las asambleas generales en los lugares de trabajo, pero ¿para qué sirven unos dirigentes sindicales que no dan una dirección? Sin embargo, llegados a este punto del movimiento, Thibault, al lavarse las manos y decir que la base tiene la última palabra, podría encontrarse con una situación en la que el movimiento escape a su control.

Ante esta situación, los activistas sindicales y los miembros del Partido Comunista están haciendo lo correcto al tomar ellos mismos la iniciativa. Deberían convocarse asambleas generales en los lugares de trabajo para que todo el mundo pueda discutir el inicio de huelgas reconductibles. En los sectores en que estas ya se han inciado, habría que enviar piquetes de huelga a las fábricas y lugares de trabajo cercanos para extender la huelga. Los estudiantes, secundarios y universitarios, también deberían discutir en asambleas generales su participación en el movimiento y organizar piquetes para extender el movimiento a otras escuelas, facultades y lugares de trabajo.

Deberían organizarse reuniones de representantes elegidos en estas asambleas generales, a nivel local y regional, para evaluar la situación, intercambiar y centralizar la información y organizar piquetes efectivos de masas a los lugares de trabajo que aún no fueron a la huelga. Los delegados sindicales y las agrupaciones sindicales locales deben tomar la iniciativa y poner sus aparatos, oficinas e imprentas al servicio de la movilización.

El estado de ánimo ya existe, como lo demuestran varios sondeos de opinión, publicados el lunes. Uno de esos, encargado por el diario Le Parisienne, reveló que el 69% de la población apoyó la jornada de lucha del el día 12 de octubre, con un sorprendente 61% que apoya una huelga prolongada.

En última instancia, si este movimiento se desarrollara en la dirección de una huelga general masiva la cuestión del gobierno se plantearía. Sarkozy ya ha quedado debilitado por varios escándalos de corrupción y las brutales expulsiones de gitanos. Los dirigentes del Partido Comunista y del Partido Socialista deberían reclamar abiertamente la dimisión del Gobierno y la convocatoria de elecciones anticipadas. Si ellos defendieran un verdadero programa socialista contra la crisis podrían obtener un apoyo abrumador.