Este artículo corresponde a la serie de documentos del camarada Ted Grant que estaremos publicando próximamente, a pesar de que estos fueron publicados originalmente durante todo el siglo pasado, sirven como material de formación, por su valor histórico y por las lecciones que en ellos se encuentran para las luchas en el presente. Ted Grant, nacido en Sudáfrica bajo el nombre de Isaack Blank, fue el fundador de la Corriente Marxista Internacional, con la intención de defender las ideas del marxismo en las organizaciones de la clase obrera. Fimer defensor del Marxismo, se definía a sí mismo como marxista, leninista y trotskista. Sus ideas hacen hincapié en que los revolucionarios deben trabajar dentro, fuera y alrededor de las organizaciones de masas porque los trabajadores comienzan a movilizarse a través de las organizaciones tradicionales y porque fuera del movimiento obrero no hay nada.

El colapso del fascismo:  La revolución europea ha comenzado

Mussolini se ha ido. El fascismo en Italia está muerto. Este hecho ha llenado de júbilo a las masas de trabajadores y campesinos en Italia. Será recibido con entusiasmo por la clase obrera de todo el mundo. La caída de Mussolini es el primero de los grandes acontecimientos que Europa y el mundo verán en los próximos años. Marca el principio del auge revolucionario en todos los países de Europa. Hitler puede ver en el destino de Mussolini el presagio de su propia condena.

La prensa capitalista en Gran Bretaña y EEUU ha saludado hipócritamente la caída del tirano. Churchill ha lanzado epítetos sobre Mussolini. Pero recordemos las alabanzas que le dedicaba en 1927, cuando en una entrevista en la prensa dijo lo “encantado” que estaba ante los modos caballerosos y sencillos del “Signor Mussolini, por su calma y aplomo a pesar de las muchas cargas y peligros”. Recordemos también cómo alababa el fascismo italiano por “el servicio que vuestro movimiento ha rendido al mundo entero”.

A pesar de su regocijo hipócrita, las grandes empresas aliadas observan con atenta ansiedad los acontecimientos en la península italiana. La rana toro hinchada de los pantanos del Pontino[1], así como los trabajadores sociales convocados por Mussolini, han pasado a la historia de la manera más absurda y vergonzosa. En la hora del peligro, el fascismo no ha encontrado ni un solo apoyo a lo largo y ancho de Italia para sus tan cacareadas legiones.

Aunque ha llegado de una forma inesperada para todos, la caída del Duce y del fascismo en absoluto es sorprendente, fue prevista y pronosticada por los marxistas. El régimen fascista, que mediante un terror brutal contra los trabajadores y los campesinos italianos los mantuvo dentro de la camisa de fuerza totalitaria durante tantos años, ya estaba en una fase avanzada de desintegración y decadencia. El período superior a dos décadas durante el cual el fascismo se mantuvo en el poder en Italia ha sido el modo de desenmascararlo totalmente ante los ojos de las masas. La corrupción y la mala gestión, el hambre y la necesidad a la que llevó a los explotados en Italia el fascismo, ya eran una carga irrefrenable para el régimen. Fue en un intentó de evitar la inminente rebelión de los trabajadores y los campesinos, por lo que Mussolini desesperado lanzó la guerra contra Abisinia y envió tropas italianas a España para luchar contra la República española. Pero estas guerras y la conquista del “Imperio Africano” no aliviaron la miseria de los italianos sino que en realidad la intensificaron.

La entrada de Italia en la guerra actual no provocó ningún entusiasmo entre la población. Los trabajadores y los campesinos de Italia han desarrollado un intenso odio hacia el régimen y estaban totalmente apáticos e indiferentes ante la defensa de estas adquisiciones y conquistas en África. Es por eso por lo que los soldados italianos no lucharon demasiado duro y se rindieron sin gran resistencia. Sentían que no había nada por lo que mereciera la pena luchar. Veintidós años de fascismo han hecho su trabajo. Pero las derrotas militares, la corrupción e impotencia del régimen, comenzaron a sacudir hasta sus mismos cimientos. Las masas comenzaron a salir de su prolongado letargo. En los últimos meses, a pesar de la rígida censura, han llegado noticias desde Italia sobre grandes huelgas en todas las ciudades industriales, insurrecciones menores entre los campesinos, motines entre los soldados italianos, manifestaciones contra la guerra y contra Mussolini, a pesar de la despiadada represión. La oposición clandestina y revolucionaria ha experimentado un renacer y se está recuperando en toda Italia. Según algunos corresponsales neutrales destinados en Italia, los panfletos ilegales, los periódicos y las proclamas tienen una amplia circulación entre la clase obrera, la clase media más pobre en las ciudades y los campesinos en el campo. Desde hace algún tiempo era obvio que el régimen no tenía el más mínimo apoyo entre la población y que era visto con una general repugnancia. El reciente discurso del Papa advirtiendo y exhortando al pueblo italiano contra el intento de recurrir a la revolución, era un indicador de los temores y la alarma de la clase dominante. La revolución se está aproximando delante de nosotros. ¡Es hora de ajustar las cuentas por los crímenes y abusos del fascismo! La gran venganza de la clase obrera está en el orden del día.

Enfrentados a esta situación, los capitalistas y los terratenientes, los obispos y los generales, los banqueros y la monarquía, todos los que habían subvencionado a Mussolini y a sus asesinos, que habían llevado a Mussolini al poder como una forma de proteger su propiedad y privilegios, comenzaron a buscar frenéticamente un medio para salvarse.

Se dieron cuenta de que en cualquier caso Italia ha perdido la guerra y que el imperialismo alemán está de espaldas contra la pared. Intentan encontrar una salida cuando la marea revolucionaria ya les llega al cuello y amenaza con ahogarles.

La caída de la mayor parte de Sicilia y la inminente invasión de Italia por el imperialismo aliado ha sido la gota que colma el vaso. Italia amenaza con convertirse en un campo de batalla. Los capitalistas sentían en sus cuellos el aliento abrasador de la revolución. Creen que el único medio de salvarse y salvar algo del naufragio del fascismo es llegar a algún acuerdo con las grandes empresas de las “democracias”. Mussolini no les es útil para este propósito. El pueblo italiano le detesta y los trabajadores de las democracias nunca habrían aceptado un acuerdo con Mussolini. Para los capitalistas de Gran Bretaña y EEUU sería demasiado peligroso. Mussolini podría no servir para los objetivos de los capitalistas durante mucho tiempo e incluso se podría convertir en un íncubo peligroso para ellos. El mito del “líder” era fácilmente desechable. Se han desecho de Mussolini sin más ceremonia que la que se utilizaría para despedir a un botones. No hay nada de sorprendente en ello porque Mussolini, como todos los dictadores fascistas, no era otra cosa que un oficinista obediente al servicio del gran capital.

Pero el final del fascismo no será un viaje tan fácil para los dueños de la propiedad en Italia. Están dispuestos a utilizar a Mussolini como un chivo expiatorio de sus crímenes. A pesar de ellos, la caída de Mussolini será como la de una roca que cae por una montaña y desencadena una avalancha. Los trabajadores y campesinos de Italia están en marcha. La revolución socialista en Europa vislumbra su tenue amanecer. En todas las ciudades italianas ya se han producido enormes manifestaciones. Las masas han arrancado las insignias y los carteles del fascismo, la milicia de camisas negras ha visto como una multitud enfurecida les hacía jirones sus camisas, no están dispuestas a tolerar ni un momento más los emblemas de la esclavitud, las prisiones son atacadas por multitudes manifestándose y los prisioneros políticos son liberados. La bandera roja se ha levantado orgullosamente encima de las cabezas de los trabajadores que se manifiestan en Milán, que ahora pueden proclamar abiertamente su lealtad al socialismo. A pesar de los severos gestos del nuevo gobernante militar Badoglio y el rey que ahora están al mando y han proclamado la ley marcial, ellos no pueden evitar la rebelión de las masas.

En los próximos días y semanas son inevitables nuevas oleadas de huelgas, manifestaciones y enfrentamientos. Incluso no es improbable una huelga general. Las masas que se han librado de Mussolini no tolerarán mucho tiempo a sus cómplices. Las condiciones que llevaron a la caída de Mussolini continuarán y aumentarán aún más. Los terratenientes y los capitalistas intentarán continuar con la insoportable explotación de las masas como ocurría con Mussolini. La retirada de Mussolini es la retirada de la válvula de seguridad. Contrariamente a la expectativa de la clase dominante italiana, esto no tranquilizará a las masas ni aliviará la situación, sino que liberará sus energías reprimidas, su desesperación y sus esperanzas, las masas se levantarán para intentar conseguir una mejoría de su insoportable esclavitud y obtener un mundo mejor.

La clase dominante italiana está utilizando medidas desesperadas como un intento de salvar la situación y están apoyándose en los Aliados para conseguir una salvaguarda contra sus propias masas. Tras bambalinas intentan llegar a un acuerdo con Gran Bretaña y EEUU para conseguir los mejores términos posibles. Y Churchill ya se ha opuesto a dar una negativa explícita contra cualquier acuerdo con el nuevo gobierno en Italia, Roosevelt ha condenado las emisiones de radio desde EEUU que atacaban a Badoglio y el rey. Esto descubre el cinismo y revela los objetivos reales de las “democracias”. Pero el rey y Badoglio son tan culpables de los crímenes del fascismo como el propio Mussolini. Fueron ellos los que suavizaron su camino al poder y le entregaron el control de Roma. Daniel Guerin describe el papel de Badoglio y los generales del ejército en el ascenso del fascismo en Italia en su libro Fascism and Big Business:

“Pero fue el ejército, por encima de todo, el que favoreció a los camisas negras. Hemos visto el papel jugado por el coronel a quien el Ministerio de Guerra le encargó estudiar los problemas técnicos de la lucha antisocialista. Poco después, el general Badoglio, Jefe del Estado Mayor, envió una circular confidencial a todos los comandantes de los distritos militares afirmando que los oficiales en esos momentos desmovilizados (unos 60.000), serían enviados a los centros más importantes y se requería su unión al fascismo, al que proveerían de personal y dirección. Continuarían recibiendo cuatro quintas partes de su paga. Las municiones de los arsenales del Estado cayeron en manos de las bandas fascistas, que fueron entrenadas por los oficiales en excedencia o incluso en servicio activo. Muchos oficiales, conociendo que las simpatías de sus superiores eran hacia el fascismo, se adhirieron abiertamente al movimiento.

“Los casos de connivencia entre el ejército y los camisas negras eran cada vez más y más frecuentes. Por ejemplo, el Fascio de Trento rompió una huelga con la ayuda de una compañía de infantería, y el Fascio de Bolzano fue fundado por oficiales de la 232° infantería”.

Son estos amables caballeros los que ahora desean ponerse el manto del antifascismo.

Los trabajadores de Gran Bretaña y EEUU tienen una responsabilidad ante los obreros, campesinos y soldados de Italia. Su movimiento de rebeldía ha provocado la caída del fascismo. Su impacto sacudirá a cada uno de los países de Europa. La verdadera revolución antifascista apenas acaba de comenzar. La destitución de unos cuantos testaferros no altera la naturaleza del régimen y las masas nunca se contentarán con esto. El movimiento se extenderá y ampliará, comenzará a afectar también a otros países. Pero el imperialismo británico y estadounidense intentará destruir el movimiento de revolución social en Europa como hicieron en la guerra pasada, cuando Churchill organizó los ejércitos de intervención contra la joven república soviética. La caída de Mussolini es el principio de una nueva época, la época de la revolución socialista. Los trabajadores británicos deben evitar que la clase dominante salga al rescate de la clase dominante corrupta y corrompida de Italia y que la salve de la destrucción. Junto con los trabajadores de Europa en la próxima época debemos avanzar en el derrocamiento del capitalismo, el padre del fascismo, y avanzar hacia la nueva sociedad socialista.

Agosto 1943


Nota:

[1]. Hace referencia a la campaña de propaganda que hizo Mussolini al desecar la región pantosa de Agro Pontino (cerca de Roma) para erradicar la malaria y de esta manera al mismo tiempo empleaba a numerosos parados. (N. del T.)

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