Este artículo corresponde a la serie de documentos del camarada Ted Grant que estaremos publicando. A pesar de que estos fueron publicados originalmente durante todo el siglo pasado, sirven como material de formación, por su valor histórico y por las lecciones que en ellos se encuentran para las luchas en el presente. Ted Grant, nacido en Sudáfrica bajo el nombre de Isaack Blank, fue el fundador de la Corriente Marxista Internacional, con la intención de defender las ideas del marxismo en las organizaciones de la clase obrera. Fimer defensor del Marxismo, se definía a sí mismo como marxista, leninista y trotskista. Sus ideas hacen hincapié en que los revolucionarios deben trabajar dentro, fuera y alrededor de las organizaciones de masas porque los trabajadores comienzan a movilizarse a través de las organizaciones tradicionales y porque fuera del movimiento obrero no hay nada.

El complot de los Aliados para repartirse el mundo

Las últimas semanas han estado marcadas por intensas actividades diplomáticas por parte de las Naciones “Unidas”. Estas conferencias marcan el nuevo giro en la guerra en el que Alemania se enfrenta a su inevitable colapso y Japón es empujada a pasar a la defensiva.

El principal motivo de estas conferencias ha sido el intento de llegar a algún acuerdo entre los Aliados en el campo político de Europa una vez que haya sido derrotado el imperialismo alemán.

El Acuerdo de Teherán ha sido aclamado por la prensa capitalista como garantía de un mundo mejor y de paz permanente. Al principio, ese bufón político llamado Harry Pollitt, sentado frente a sus amos imperialistas, el mejor para lamer sus botas, había proclamado enfáticamente que el Acuerdo de Moscú era incluso un acontecimiento ¡más grande que la Revolución Rusa! Los superlativos del PC a la hora de describir los resultados de la reunión entre Stalin, Roosevelt y Churchill seguían en una línea similar.

Sin embargo, el significado real del acuerdo, y podríamos asegurar que contiene cláusulas secretas que no se han publicado, está suficientemente claro.

La fortaleza inesperada de la Unión Soviética ha obligado a los imperialistas a llegar temporalmente a un acuerdo con ella. El imperialismo alemán ha arrojado su poder contra la Unión Soviética en vano. A pesar de sus terribles heridas, la Unión Soviética permanece como una poderosa fuerza militar. Además, los imperialistas tienen que reconocer que la guerra ya ha durado mucho más que la última guerra imperialista, el cansancio y la amargura de la guerra entre las masas de todo el mundo traerán consigo explosiones revolucionarias. Especialmente en relación al continente europeo.

Deben terminar la guerra rápidamente si no quieren que los acontecimientos provoquen una situación que se les pueda escapar totalmente a su control.

Pero la aplastante mayoría de los pueblos de la Europa ocupada miran hacia la Unión Soviética en busca de ayuda. Y en Gran Bretaña, en EEUU también, la clase obrera mira a la Unión Soviética con simpatía. Los imperialistas están obligados a intentar un acuerdo con la burocracia del Kremlin. Pueden hacerlo porque Stalin teme la revolución socialista en Europa tanto como ellos. Frente a la revolución socialista en Europa ellos tienen bases comunes. La burocracia estalinista es la única fuerza, reconocen, que puede ayudarles a aplastar el movimiento de las masas en Europa.

Este acuerdo intenta decidir el tratamiento de Alemania y sus satélites después de que hayan sido derrotados. Para Europa no ofrece ninguna salida. La retribución draconiana tropieza con la nación alemana, en las mismas líneas que los nazis infligieron a la Europa ocupada, sólo pueden sembrar las semillas de una futura guerra, como las bases de esta guerra fueron sembradas en la mesa de la Paz de Versalles. A cambio del sabotaje de la revolución en Europa, la burocracia estalinista obviamente está exigiendo que esos enormes preparativos sean pagados por Alemania.

Pero mientras que con la ceremonia repulsiva de Teherán siembran ilusiones en las mentes de la clase obrera mundial en los propósitos y objetivos de sus “aliados”, Stalin ha tenido miedo de sus intenciones hacia la Unión Soviética. Ha puesto objeciones a las maniobras entre bambalinas, preparadas para formar un nuevo “cordón sanitario” en Europa del Este y Occidente dirigido contra la Unión Soviética. Debido a la correlación de fuerzas, en palabras y sólo temporalmente, ellos han tenido que abandonar este proyecto. Los imperialistas aparentemente están de acuerdo en abandonar el plan de federaciones en Europa del Este y Central que están dirigidas contra la Unión Soviética, y han concedido a Rusia las fronteras que pedía la burocracia. En The Times el 13 de diciembre aparece un artículo significativo que se ocupa del Tratado Checo-Ruso, en él se dice que las relaciones ruso-checoslovacas estarán influenciadas por su frontera común.

Esta declaración aparece en un artículo en The Times y era un reconocimiento del portavoz del imperialismo británico de las fronteras establecidas por Rusia en 1940.

Mientras tanto, los imperialistas anglo-norteamericanos están utilizando su enorme preponderancia económica y material en armamento para el propósito de socavar la posición de Alemania antes de asestar su empuje mortal invadiendo Europa. Churchill y Roosevelt han mantenido discusiones con el presidente de Turquía. Y en realidad es improbable que Turquía, no más que Holanda, Noruega o cualquiera de los otros pequeños países, pueda quedar fuera de la guerra si los Balcanes se convierten en esfera de operaciones. Mientras tanto, hay rumores de que Roosevelt (y probablemente también Churchill) están teniendo discusiones con los “demócratas” Salazar y Franco para definir su actitud cuando Europa Occidental sea invadida. El espectáculo del carnicero fascista de Franco en el mismo lado que las “democracias” no está descartado. Las promesas de préstamos, ayuda económica, etc., podrían inducir a Franco a dejar las bases aéreas o incluso el derecho a pasar por el territorio español. Como siempre las pequeñas potencias no tienen más elección que la de sus amos, sus decisiones no descansan en cuestiones de democracia o fascismo, sino en la fuerza relativa de gigantes luchando por la dominación mundial, y qué grupo de potencias creen que es el que estará en el lado ganador. Las amenazas dirigidas a Finlandia, Rumania, Bulgaria y Hungría tienen la intención de convencer a estos satélites de Hitler para que cambien de bando, como Badoglio ha hecho en Italia, que se ha pasado al lado más fuerte. De este modo continúa el terrible juego de poder en política.

Los imperialistas anglo-estadounidenses desean enfrentarse al imperialismo alemán con un conjunto de fuerzas lo bastante aplastantes para persuadir a los generales e industriales alemanes, ya preocupados con la amenaza de la revolución por parte de la clase obrera, para que echen a Hitler como los italianos se deshicieron de Mussolini y así someterse a los vencedores. Si el acuerdo con estos elementos no tuviera éxito, entonces se harán todos los preparativos para invadir Europa desde todas partes.

La derrota casi segura de la Alemania nazi no resolverá ninguno de los problemas de Europa o del mundo, no más que la destrucción de la Alemania del káiser inauguró una época de avance democrático y paz. Los propios imperialistas están obligados a reconocer la naturaleza del problema que el capitalismo es incapaz de resolver. El problema de la división de Europa en muchos Estados que tienen intereses antagónicos y que todavía son mutuamente interdependientes uno del otro. The Times en una editorial comenta:

“Pero Europa es una unidad en el sentido de que ningún plan de seguridad militar o de orden económico puede funcionar si no trata a Europa como un conjunto.

“… Las demandas eficientes de un plan global y una acción global no están limitados por las fronteras nacionales, y será igualmente cierto en la reconstrucción económica”.

The Times considera el problema de Europa desde un ángulo de hegemonía conjunta sobre una Europa capitalista de Gran Bretaña y Rusia:

“En Europa esa supremacía organizada de poder debe ser ejercida, en primer lugar aunque no exclusivamente, y en nombre de las Naciones Unidas, por Gran Bretaña y Rusia…

“Si por un lado Gran Bretaña y Rusia no lo consiguieran, si no tuviesen interés en los asuntos del continente, entonces el marco del orden y la seguridad europeos se rompería y el medio de imponer el desmembramiento continuado de Alemania, si se impusiera desde el principio, ya no existiría. En las únicas condiciones en que la seguridad europea puede ser una realidad, el desmembramiento del Reich es irrelevante e innecesario, en cualquier otra condición es impracticable y no se podría mantener…

“La solución real debe entonces buscarse en otras líneas. En la Europa del futuro, los puntos clave de poder militar y económico, incluido y especialmente de todo el potencial bélico del Reich alemán, estarán bajo el firme control de órganos representativos de Europa como un conjunto o, en algunos casos quizás, de un distrito aún más amplio”.

Esta solución, que, aparte de las probables intenciones secretas de desmembrar Prusia Oriental y posiblemente Silesia como compensación a Polonia, con trozos y pedazos rasgados de Alemania dados a los otros aliados de Gran Bretaña sobre el continente europeo, dejaría Alemania intacta excepto por el destacamento de Austria del Reich. Probablemente la Unión Soviética está exigiendo que Alemania sea dejada como un solo Estado como quedó después de la última guerra, como un seguro contra sus actuales aliados.

Cualquiera que sea la alineación de fuerzas, la “paz” será incluso más transitoria que después de la pasada guerra. La política de Stalin, si exitosa, no preservaría el statu quo durante un largo tiempo. Una Europa capitalista se desarrollaría rápidamente hasta la victoria de la reacción más bárbara, y esto a su vez prepararía el camino para una nueva guerra de intervención contra la Unión Soviética, a pesar de los servicios de la burocracia en interés del capitalismo. Mientras tanto, las contradicciones entre EEUU y Gran Bretaña habrían adquirido una nueva intensidad. La continuidad del capitalismo se aceleraría y con el inexorable resultado necesario en un nuevo e incluso más monstruoso baño de sangre. Este es el precio que debe pagar la humanidad por la anarquía y el caos capitalistas expresados a través de la más que vieja propiedad privada de los medios de producción y de los Estados nacionales.

Pero, afortunadamente, los cálculos de Stalin, Roosevelt y Churchill, no más que los de Hitler y Mussolini, no podrán dictar el rumbo de los acontecimientos. Ya hay guerra civil, bajo el talón del invasor, en Polonia, Grecia y Yugoslavia, que son un espejo de los acontecimientos que estallarán en todo el continente europeo. No son los gobernantes actuales sino las masas de toda Europa y el mundo las que dirán la última palabra. Lucharán por los Estados Unidos Socialistas de Europa y por el mundo socialista.

Diciembre 1943

 

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