Este artículo corresponde a la serie de documentos del camarada Ted Grant que estaremos publicando. A pesar de que estos fueron publicados originalmente durante todo el siglo pasado, sirven como material de formación, por su valor histórico y por las lecciones que en ellos se encuentran para las luchas en el presente. Ted Grant, nacido en Sudáfrica bajo el nombre de Isaack Blank, fue el fundador de la Corriente Marxista Internacional, con la intención de defender las ideas del marxismo en las organizaciones de la clase obrera. Fimer defensor del Marxismo, se definía a sí mismo como marxista, leninista y trotskista. Sus ideas hacen hincapié en que los revolucionarios deben trabajar dentro, fuera y alrededor de las organizaciones de masas porque los trabajadores comienzan a movilizarse a través de las organizaciones tradicionales y porque fuera del movimiento obrero no hay nada.

La revolución francesa ha comenzado

Los resultados electorales en Francia son una crítica devastadora de la política del Partido Socialista y del Partido Comunista durante lo que la prensa capitalista ha calificada como la “Revolución de Mayo”. Lenin habló y escribió sobre décadas de desarrollo que llevan a una crisis revolucionaria en la cual el destino de la población se puede decidir en pocos días. Tal fue la crisis de mayo. The Times escribió que durante esos días “todas las palancas del poder estaban en manos del Partido Comunista”. Una huelga general, por su propia naturaleza, plantea el problema del poder. Esta huelga general comenzó de manera espontánea, implicando a las más amplias capas de los explotados, no sólo a los trabajadores industriales, sino también a los de cuello blanco. Los campesinos estaban afectados y, en esa etapa, la burguesía tampoco podía depender de la policía. El ejército, según las noticias, también estaba contagiado. Se podía haber tomado el poder pacíficamente y establecido una democracia obrera. Pero el Partido Comunista y el Partido Socialista, que no habían iniciado el movimiento sino que estaban tan aterrorizados como el gobierno, fueron un obstáculo. La prensa capitalista saludó con alivio el papel del Partido Comunista. El 22 de junio, The Economist comentaba lo siguiente: “Ellos (el PC) actuaron como fabianos[1], no como revolucionarios. Y desde entonces, han insistido en que su partido está con la ley y el orden. Guardaron silencio cuando la policía ocupó la Sorbona. Se alejaron públicamente de los ‘agitadores y provocadores ultraizquierdistas’ y aceptaron la decisión del gobierno de prohibir todos los pequeños movimientos revolucionarios de izquierda”.

“¡No hay que asustar a la clase media!”. Así, en la campaña electoral, intentaron rivalizar con los gaullistas en ser, como dijo Waldeck Rochet[2], “el partido de la ley y el orden”, en lugar de proclamar audazmente la necesidad de cambiar la sociedad y hacer campaña contra los bancos y los monopolios, mientras se agita también a favor de las reivindicaciones de los campesinos, los pequeños empresarios, los tenderos, demostrándoles que sus intereses están ligados a los de la clase obrera, y no a los del capital monopolista. Sus carteles electorales incluso proclamaban: “Contra los desórdenes y la anarquía. Vota Comunista”. Este “dirigente” incluso declaró sin ninguna vergüenza que durante la crisis el PC había hecho gala de sentido de la responsabilidad y que sólo quería un gobierno de coalición.

En este plano el PC no podía competir con los gaullistas, “el partido del voto temeroso”, como cínicamente lo denominó De Gaulle. Los gaullistas levantaron el fantasma de una Francia estalinista con un régimen totalitario en el que se eliminarían todas las libertades de la población, como en los países de Europa del Este y China. De este modo provocaron la desbandada de la clase media e incluso de sectores de la clase obrera.

Los resultados electorales de junio de 1968

Los gaullistas consiguieron 9.663.605 votos, frente a los 8.448.982 de 1967. Sus aliados independientes lograron 917.539 (821.097 votos el año anterior). El Partido Comunista recibió 4.435.357, frente a los 5.039.032 de las anteriores elecciones, una pérdida de 605.675 votos. La llamada Federación de Izquierda, formada principalmente por el Partido Socialista, tuvo 3.654.003 votos, comparados con los 4.224.110 de 1967, es decir, perdió 570.107. El PSU, Partido Socialista Unificado, que se situó a la izquierda del Partido Comunista, consiguió aumentar sus votos hasta los 874.212, frente a los 495.412 de las anteriores elecciones, un aumento de 378.800 votos. Los capitalistas de los Demócratas de Centro consiguieron 2.290.165 en comparación con los 2.839.998 anteriores, una pérdida de 539.833 votos.

El Morning Star y el Partido Comunista francés encontraron consuelo en el hecho de que “sólo” habían perdido 600.000 votos del millón ganado en las elecciones de 1967 (Morning Star, 25/6/1968). Pero olvidaron añadir que, al principio de la posguerra, con un censo electoral más pequeño, el voto comunista y socialista era más elevado. En las primeras elecciones de la posguerra consiguieron juntos el 51% de los votos, más que el gobierno laborista en 1945, que recibió un 48%. En unas condiciones como estas, con consignas claras y honestas, con una explicación a la población de la crisis a la que se enfrentaba el capitalismo francés, su voto habría sido mucho mayor. De haber seguido la marea revolucionaria, un programa socialista podría haber ganado a la mayoría aplastante de la población francesa. Esto habría alterado la correlación de fuerzas entre los capitalistas y los trabajadores en toda Europa Occidental, e incluso en el mundo.

Los dirigentes traicionaron cobardemente a la clase obrera y al pueblo francés. De Gaulle planteó una demagogia confusa “contra el capitalismo y el comunismo totalitario”. Los gaullistas prometieron la “participación” (cualquiera que fuera su significado) de los trabajadores y “reformas en la educación y el Estado”. Sobre esta base, la clase media y sectores importantes del campesinado, presas del pánico, votaron por el “orden”. La política de los partidos obreros fue una receta acabada para no ganar a la clase media.

¿Y ahora qué? Cualquier capitalista o comentarista serio ve la situación en Francia con temor. Los trabajadores, contra los deseos de sus “dirigentes”, han demostrado y materializado su propio poder en las huelgas espontáneas. La clase obrera francesa tiene una gran tradición revolucionaria. Ha conquistado importantes avances en salarios y condiciones. Pero se los han birlado con el aumento de precios, la inflación, los aumentos del coste de la vida y las provocaciones de los capitalistas. La consecuencia será un nuevo estallido de furia en otoño e invierno.

The Economist, que no es dado a ponerle la carne de gallina a sus promotores capitalistas, declara: “Los resultados electorales proporcionan un cuadro más o menos acertado de las preferencias políticas de un país en un momento dado. Esta vez el cuadro estará más distorsionado de lo habitual porque Francia no ha recuperado aún su compostura. La cuestión es cuánto va a influir el temor en las urnas el domingo y cuando el 30 de julio regresen para completar la faena. O mejor dicho, para completar las elecciones. Pero las elecciones no agotan la cuestión”.

Las grandes empresas han financiado “comandos gaullistas” como fuerzas de choque de la reacción francesas. El día después de las elecciones un ferroviario fue asesinado en París por bandas fascistas, después de una discusión. Los trabajadores de dos estaciones declararon una huelga de 24 horas. Esto es un síntoma de lo que está por venir. Al capital financiero le pilló por sorpresa el movimiento de los estudiantes y trabajadores en mayo, pero ya comienza a prepararse para el futuro. La reacción se ha agrupado en torno a los gaullistas, pero como citaba incluso el norteamericano Newsweek: “Votando por De Gaulle, dijo un político opositor, ‘los franceses se garantizarán el statu quo durante unos meses o quizás unos años. Pero todo acabará en una gran explosión, en comparación con la cual los acontecimientos de los últimos meses parecerán un carnaval”.

Aprender de los acontecimientos

El apoyo al gaullismo experimentará una abrupta caída entre los campesinos y la clase media, ya que sólo las grandes empresas se beneficiarán de sus políticas. El gaullismo probablemente dará paso a la “coalición de la izquierda” demandada desde hace tanto tiempo por el Partido Comunista. De este modo, los capitalistas se prepararán para la lucha contra los trabajadores. La victoria del gaullismo será pírrica. Pero los trabajadores y estudiantes más avanzados, particularmente los jóvenes, aprenderán de estos grandes acontecimientos. Las direcciones del Partido Comunista y del Partido Socialista serán responsables de las duras y encarnizadas luchas a las que se tendrán que enfrentar los trabajadores. La dirección del Partido Comunista demostrará que su cobardía, estupidez y traición no le han solucionado nada a la clase obrera. Los mejores elementos de su base se rebelarán. Ya no existe el apoyo ciego al Partido “Comunista”, que llevó a la derrota de la clase obrera en el Frente Popular de los años 30 y en 1944-47. La lucha sólo acaba de comenzar. En los próximos meses y años, la clase obrera comenzará a ver que la única solución a sus problemas es transformar la sociedad. La dirección del Partido Comunista, apoyada por la burocracia rusa, verá el final de su política de engaño y cinismo. La revolución socialista en Francia ha comenzado. Nadie puede romper la voluntad de la clase obrera de organizar un nuevo orden socialista. A costa de sacrificios terribles e innecesarios, los trabajadores franceses continuarán la lucha que comenzaron en mayo. Sus dirigentes los han frenado. Pero los trabajadores los echarán a un lado y encontrarán nuevos dirigentes en el curso de los tormentosos acontecimientos que se avecinan.

Julio de 1968


Notas:

[1] Sociedad Fabiana: organización británica de finales del siglo XIX que creía posible el socialismo como resultado de la acumulación gradual de reformas sociales.

[2] Dirigente del Partido Comunista Francés.

 

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