El nuevo comienzo en la política del gobierno bolivariano ¿Hacia dónde nos dirigimos? Tercera parte

El anclaje al Petro 

Es evidente que el Petro constituye un eje central en las decisiones anunciadas. El intento inicial del gobierno de tratar de captar divisas mediante la emisión y posterior venta de Petros –hecho que suponía una forma adicional de endeudamiento respaldado en barriles de petróleo no extraídos–, se topó con las sanciones de Washington de marzo, que prohibieron las transacciones con dicho criptoactivo dentro del poderoso sistema financiero estadounidense; así como también de un nulo reconocimiento internacional, incluso de Estados aliados de Venezuela.

Aunque se señala que el respaldo del Petro radica en las reservas petroleras del Bloque Ayacucho 01 de la Faja Petrolífera del Orinoco, al final, es la confianza que puedan manifestar sus potenciales compradores –en el ente que los emite– el factor que puede legitimar dicho sustento. Desde el punto de vista de un inversor o especulador financiero cualquiera, no genera mucho interés adquirir un criptoactivo cuyo Estado garante no cuenta con los recursos económicos para extraer los barriles de petróleo que lo sustentan. La debacle productiva de PDVSA sin duda refuerza tal desinterés. Si además consideramos que el gobierno emisor del Petro estriba sobre una situación de profunda inestabilidad política y social –donde sus opositores en la AN han dado a entender que no reconocerán las transacciones con dicha criptomoneda en caso de llegar al poder–, resulta mucho más razonable invertir en otra cosa. Estas son las razones fundamentales del por qué el Petro no ha podido consolidarse como un criptoactivo comercializable, hecho que ha movido al gobierno a darle un nuevo carácter.

Al quedar anulado el propósito inicial del Petro, el gobierno ha declarado que tal instrumento fungirá por ahora como unidad de cuenta referencial para la fijación de salarios y precios. De este modo, en teoría, se estaría tratando de emular la función que cumplió la moneda ficticia Unidad Real de Valor (URV) en la segunda fase del Plan Real, implementado en Brasil a mediados de los años 90 del siglo pasado, con el cual la burguesía de este país logró derrotar la hiperinflación, a costa de hacer pagar el costo de la crisis a los trabajadores.

Aunque no es el objetivo del presente escrito analizar a profundidad las características del Plan Real, conviene realizar unas breves acotaciones sobre el mismo para contrastar similitudes y diferencias: el URV estaba anclado al valor del Dólar en una forma de dolarización indirecta, donde los salarios, precios, tarifas y contratos se fijaban en torno a dicha unidad de cuenta referencial y no en el Cruzeiro (moneda circulante oficial altamente devaluada, posteriormente sustituida por la emisión física y transformación de las URV en reales). Cabe recordar que, durante la mayor parte del tiempo, la paridad se mantuvo en 1 URV=1 US$. Aquí salta a la vista una diferencia respecto a la medida adoptada por el gobierno bolivariano, según lo que hasta ahora se ha dejado escuchar de sus voceros. Supuestamente, el valor de los salarios y precios deberían establecerse en base a la cotización internacional del barril de petróleo venezolano, que aunque se calcula en dólares, su representación contable de valor y posible fluctuación difiere al de la moneda norteamericana. Quiere decir lo anterior, que de producirse aumentos en el precio del crudo venezolano, los salarios y costos aumentarían automáticamente dado el anclaje de estos últimos al valor del Petro. Sobre la base del discurso gubernamental, José Gregorio Piña, en su artículo del 27 de agosto: Anclaje del salario al valor del Petro ¿Puede funcionar?, ha sostenido incluso que, de aumentar el precio de las divisas en el mercado libre oficial, en esa misma medida subiría automáticamente el salario mínimo para mantener su anclaje con el Petro.

Hasta ahora, intelectuales de todas las tendencias han opinado sobre la medida de anclaje basados en las palabras de Maduro. Para los marxistas, es imperativo someter el discurso al tribunal de los hechos, para estudiar la realidad tal como ésta se presenta y no como se la imaginan –o manipulan– los individuos. A dos semanas tras la implementación de las decisiones anunciadas, observamos como la dinámica de costos y sueldos sigue siendo igual al periodo previo a la entrada en vigencia del supuesto anclaje, donde el desplome del poder de compra del salario y la fijación de precios en base a la tasa de cambio paralela continúan su marcha. A pesar de los leves aumentos en los precios del petróleo, registrados durante las últimas semanas, no se perciben por ninguna parte incidencias directas que impacten en los precios y en supuestos incrementos del valor del sueldo. Y por supuesto, tampoco las alzas en el tipo de cambio oficial han producido revaluaciones salariales.

Para hablar en el terreno de lo concreto, ya se puede observar que, a pesar de las fiscalizaciones de precios emprendidas por la SUNDDE, el remarcaje de los mismos en algunos comercios se orienta al tipo de cambio paralelo. Hay que decir, que de por si es un contrasentido el que se intenten anclar los precios en el mercado al valor del Petro, mientras se tratan de mantener congelados los mismos, o por lo menos de un número importante de bienes indispensables (posibilidad que descartamos de antemano).

En cuanto al tema salarial, para contrastar la disociación del discurso con respecto a la realidad, Maduro señaló el 17 de agosto pasado, que el sueldo mínimo aumentado a 1800 Bs S, equivaldría a medio Petro, es decir, 30 dólares a tasa de 60 Bs S por 1 US$, tras el levantamiento del control cambiario y en base a la cotización del barril de crudo venezolano para el momento. Mientras aún hoy, intelectuales pro-gobierno sostienen que el salario mínimo sigue equivaliendo a medio Petro, el valor de éste basado en dólares ha decrecido al seguirse imponiendo la primacía de los tipos de cambio tradicionales (oficial y paralelo) y no del anclaje, donde se suponía que este último lo revaluaría –por el alza en los precios del petróleo–. La tasa de cambio oficial, que para el 21 de agosto se situaba en poco más de 60 Bs S por US$, ha aumentado hasta ubicarse en 68 Bs S por US$, lo que quiere decir que el salario mínimo ha caído de 30 a 26,4 US$ aproximadamente (un 12%) en apenas dos semanas. Si tomamos en cuenta que la economía en general marcha al ritmo del marcaje paralelo, en realidad el salario mínimo equivale actualmente a 18 US$ mensuales. Con la perspectiva de agudización de la hiperinflación y de las devaluaciones, que hemos fijado en el presente artículo, solo es cuestión de tiempo (poco en realidad) para que el sueldo mínimo en Venezuela vuelva al nivel de 1 Dólar mensual, como se encontraba antes de la aplicación del PRPE, pero esta vez no a poco más 5 millones de Bs, sino a 1800 Bs S o 180 millones de Bs anteriores a la reconversión.

Desde nuestro punto de vista, la medida de anclaje al Petro, tal y como se ha concebido hasta ahora, no podrá materializarse pues su correlato estabilizador y potencialmente revaluado de salarios va en dirección opuesta a los dictámenes de las leyes del mercado capitalista, las cuales, queramos o no, siempre se impondrán en el marco de las relaciones de propiedad burguesas. A la luz de lo observado y basados en nuestro análisis, los precios en el mercado nacional seguirán convergiendo a las tasas que marque el Dólar paralelo, lo que hasta cierto punto supone un anclaje fáctico al valor directo del dólar y no hacia el Petro, mientras los salarios seguirán hundiéndose en la escoria de la crisis del capitalismo venezolano.

Volviendo al Plan Real brasileño, el éxito del mismo, en lo tocante al abatimiento de la hiperinflación, radicó en toda una amplia gama de medidas anti-populares, de las cuales solo mencionaremos las más importantes: 1) se impulsó un ajuste macroeconómico agresivo, donde se eliminaron o relajaron los controles a la economía, se suprimieron los gastos estatales y se inició una política de privatizaciones –donde más de 160 empresas públicas pasaron a manos privadas–, todo para equilibrar las cuentas estatales; 2) se emprendió una dieta monetaria, limitando la emisión de reales a los niveles de reservas internacionales, con lo cual se impidió la monetización del déficit presupuestario; y 3) se establecieron tipos de interés altos para atraer inversiones extranjeras y limitar la oferta de dinero. Como resultado de lo anterior, la inflación en Brasil pasó de promediar un 43% mensual durante el primer semestre de 1994, a un 3,1% en el segundo y un 1,7% en 1995, logro cimentado con la pauperización de las condiciones de vida y mayores niveles de explotación para la clase trabajadora del país vecino.

Como vemos, basados en la experiencia brasileña, donde el ajuste burgués fue ejecutado de forma profunda y severa, podemos reafirmar que las inconsistencias contenidas en el PRPE, desarrolladas durante el presente artículo, anulan cualquier posibilidad de éxito en cuanto a los objetivos de estabilización económica que desde Miraflores se han planteado. La situación se simplifica de la siguiente manera: o se aplica el programa de la burguesía hasta las últimas consecuencias, o se emprende un viraje radical hacia la izquierda que derrumbe los cimientos del capitalismo en nuestro país. Como marxistas revolucionarios, abogamos por el segundo camino planteado.

La bancarrota histórica de la dirección bolivariana se hace cada vez más evidente con el paso indetenible de los días. En declaraciones de buena parte de la dirigencia se escucha, con mayor Frecuencia, alusiones a la necesidad de enmendar los errores del pasado y avanzar hacia “nuevos comienzos”. Claramente, con estas expresiones, se está renegando el pasado de expropiaciones y medidas contundentes impulsadas por Chávez contra los capitalistas, banqueros y terratenientes, que, aunque fueron insuficientes en su momento, no cabe duda que apuntaban hacia la dirección correcta. La misma burocracia que ha venido asfixiando las múltiples experiencias de control obrero, que destruyó el plan Guayana Socialista, y que con pésimas gestiones y un manejo corrupto, se encargó de hundir la productividad de las empresas y tierras antiguamente expropiadas, ahora pretende achacar las culpas de su fracaso a las políticas del líder histórico de la revolución –por el que juran en cada frase– señalando entre líneas que el error de irrespetar la sacrosanta propiedad privada es cosa del pasado. Ante nuestros ojos y de forma cada vez más clara, la dirección bolivariana se está despojando de sus máscaras.

Es bastante claro, que el avance hacia el socialismo no pasa por las voluntades de dirigentes y burócratas acomodados a los privilegios y prebendas del putrefacto Estado burgués. Para volver a encarrilarnos hacia rumbos revolucionarios, es perentorio iniciar las tareas de construcción de una alternativa orgánica radical, que aglutine a los sectores más combativos del chavismo y la izquierda en general. Tal labor, que supone una carrera larga y agotadora, demanda de temple, paciencia y sobre todo confianza en la clase obrera, la cual en el capitalismo no le queda otro remedio más que luchar por la defensa de sus intereses. Sobre la base de los funestos escenarios que se avizoran, también surgen oportunidades para que los Trabajadores, movidos por la defensa de sus derechos, puedan avanzar en su organización y en el desarrollo de su conciencia de clase. Ante las amenazas de cierres patronales, decimos: ¡Fábrica cerrada, fábrica tomada bajo control obrero!

Para completar la revolución, es necesario construir un nuevo movimiento de masas, dotado de un genuino programa revolucionario, que vincule las reivindicaciones más acuciantes del pueblo trabajador con las tareas históricas de transformación socialista de la sociedad. Aparejado a este trabajo, debe iniciarse en lo inmediato la edificación de un movimiento por el control obrero, que contribuya en la maduración de las condiciones subjetivas para que la clase obrera tome las riendas de la economía y de la sociedad.

Sobre la base de lo anterior, desde la Corriente Marxista Lucha de Clases proponemos:

Monopolio estatal sobre el comercio exterior. ¡Basta de entregar las divisas a la burguesía!

Auditoria obrera y popular sobre todas las divisas entregadas. ¡Cárcel y confiscación de bienes a los empresarios y burócratas que las hayan usado de manera impropia!

Nacionalización –sin compensación– y centralización de la banca y las aseguradoras bajo control obrero, para poner todos los recursos a disposición de un plan de producción nacional, en empresas estatales y bajo control de los trabajadores.

Nacionalización sin compensación de todos monopolios y empresas implicadas en el sabotaje, el acaparamiento y el bachaqueo. Con el hambre del pueblo no se juega.

Nacionalización de la red de producción, distribución y venta de alimentos, medicamentos y otros productos básicos, bajo control obrero y de las comunidades organizadas para impedir la corrupción y el despilfarro.

Expropiación de todos los latifundios bajo control de los trabajadores del campo.

Suspensión inmediata de los pagos de la deuda externa. ¡Los alimentos y medicinas del pueblo están por encima de las ansias de lucro de los buitres especuladores!

Contra la carestía de la vida: escala móvil de salarios. Los sueldos deben aumentar de manera correlativa y equiparada al incremento de los precios.

Nacionalización de las líneas de transporte colectivo bajo control obrero y popular.

¡Todo el poder a la clase trabajadora y el pueblo organizado! ¡Abajo la burocracia!

Creación de consejos de trabajadores socialistas en todas las instituciones y empresas del Estado, para ejercer control obrero.

Elegibilidad y revocación de todos los cargos públicos.

Que ningún funcionario del nuevo Estado gane un salario superior al de un obrero cualificado. Servir a la revolución es un deber no un privilegio.

Defender la revolución con la organización revolucionaria de la clase trabajadora y el pueblo.

Organización de unidades de la milicia bolivariana en cada fábrica, lugar de trabajo y barrio, bajo control de la clase obrera y el pueblo organizado.

Creación de comités de soldados y suboficiales revolucionarios dentro de la FANB, para ejercer la vigilancia revolucionaria e impedir cualquier intento golpista entre la oficialidad.

Hacer un llamado internacionalista a los pueblos y a los trabajadores del mundo para que defiendan la Revolución Bolivariana en sus respectivas latitudes.

¡La clase obrera no puede permitirse más retrocesos! ¡Es momento de pasar a la acción!

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