“El siete es un número importante para la cultura: tenemos las siete notas musicales, tenemos las siete artes, los siete enanitos… Mejor dicho, hay muchas cosas que empiezan por siete.”
Iván Duque, presidente de Colombia, en la sede de la UNESCO

Al atardecer del 13 de noviembre, estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia realizaban una protesta pacífica en la sede capitalina de esta alma máter. Cuando anocheció, los agentes de Policía que vigilaban la manifestación, fueron reemplazados por agentes del Escuadrón Móvil Anti-Disturbios (ESMAD) que atacaron a los jóvenes por la espalda. Otra acción más que se suma a las diferentes agresiones padecidas en las últimas dos semanas. A su vez, los medios de comunicación de la burguesía los han presentado como los mayores promotores de violencia, incluyendo vender como auténtico el video de una puesta en escena de la Policía Nacional en la que unos agentes son atacados por uno que les lanza una Molotov. La respuesta sobreactuada y torpe de los agentes delata la mediocre falsedad del supuesto documento. En cambio, en redes sociales circularon fotos de los niños y adolescentes afectados por la violencia del Estado. Las noticias del día siguiente sólo presentaron imágenes de destrozos que los periodistas y las autoridades atribuyeron a los estudiantes.

Como lo mencionábamos en un artículo anterior, la movilización de los estudiantes responde a una aguda e histórica crisis que tiene la educación pública en Colombia al borde del colapso. Antes que dialogar con ellos para buscar una salida a la situación, el presidente Iván Duque ha preferido recibir en la Casa de Nariño al cantante Maluma.

Sin embargo, gracias a Duque, los estudiantes colombianos empiezan a recibir el apoyo que necesitaban de los trabajadores. El 30 de octubre, el Gobierno radicó su proyecto de Ley de Financiamiento, la reforma tributaria con la que espera cubrir el déficit presupuestario. Por supuesto, la solución es que el déficit lo paguemos los pobres: el 80% de la canasta familiar sería gravado con un IVA del 18%. A su vez, habrá rebajas en los impuestos para la burguesía. Esto, sumado a la crisis agrícola y el TLC que tiene los precios de los alimentos por las nubes, más el ínfimo ingreso de la mayoría de familias colombianas, nos garantiza hambre y miseria para los próximos años. Como consecuencia de esto, sindicatos y diversas organizaciones sociales, han decidido unirse a las movilizaciones estudiantiles a partir del 15 del presente. Por si fuera poco, ante el alza del combustible y los peajes, los camioneros han amenazado con irse a paro el próximo 23.

 

 

¿El peor presidente de la historia de Colombia?

Iván Duque apenas ha superado los 100 días en el solio presidencial y ya ha dejado demasiadas evidencias de su ineptitud. Cada una de sus declaraciones y actos públicos están marcadas por la ineptitud y la frivolidad. A su vez, las condiciones históricas de violencia y miseria que vive Colombia, parecen incrementarse desde el día de su posesión. Los asesinatos contra líderes sociales se presentan casi a diario, en las zonas rurales el narcoparamilitarismo es la ley, las oportunidades de trabajo digno escasean para la mayoría y el Acuerdo de paz con las FARC que prometía unos mínimos cambios pasa por su peor momento. Los diez millones que hace unos meses gritaban vivas por Duque ahora guardan silencio.

Aunque lo negaban, sabían que Duque era un títere pero confiaban en el titiritero. La cuestión es que el titiritero en cuestión -el expresidente Álvaro Uribe- no es el eficiente político que “salvó a Colombia del desastre”; es un jefe político del capital hacendario y del narcoparamilitarismo respaldado por una amplia base que se ha construido por más de treinta años con demagogia y violencia. Los supuestos méritos de su régimen fueron el resultado de la aplicación del Plan Colombia: una fuerte inversión en gasto militar entregada por los Estados Unidos que empezó a construir su fin a partir de la crisis de 2008.

La crisis internacional contra la que supuestamente nos había blindado Uribe y su entonces ministro Óscar Iván Zuluaga, asfixia al país lenta y dolorosamente. La única industria que ha logrado prosperar y mantenerse en la última década es el narcotráfico. Precisamente no se invierte en educación porque no hay industria que pueda emplear nuevos profesionales. Cualquier recién graduado sabe que su cotidianidad está marcada o por el desempleo o por el trabajo mal remunerado.

Como siempre, la opción de nuestra burguesía ha sido explotar las riquezas del suelo colombiano pero esto garantiza muy poco en una crisis de sobreproducción. Aparte del obvio e inminente desastre ecológico, estas actividades extractivas no revolucionan los medios de producción ni crean nuevos mercados para nuestra economía; por el contrario, el imperialismo nos satura con sus excedentes y la falta de productividad de la industria lleva a un alza de los precios que la oligarquía sólo sabe cubrir con nuestro arruinado bolsillo.

 

 

La difícil esperanza

A pesar de esto, los obreros hemos cambiado. Hace un siglo éramos una minoría, ahora somos la mayoría. Éramos analfabetos pero desde hace unas décadas una minoría de los nuestros logra entrar a la universidad. Hace una década le temíamos a Uribe, hoy sabemos que podemos responder a sus ataques si nos organizamos. Aunque la élite está hoy más unida que nunca, su ausencia de un proyecto político le impide avanzar. Con el impulso del estudiantado, los trabajadores pueden llegar a tumbar a Duque y con él la clase que representa. Por supuesto, responderán con violencia, ¿y hasta dónde la piensan aumentar si ya han puesto en práctica todo? Y ya sabemos que callarnos tampoco alivia su sed de sangre.

Al momento de escribir estas líneas no ha iniciado la movilización del día 15 que deseamos victoriosa. Sabemos que Duque no escatimará en violencia. El respaldo de la clase trabajadora será muy importante. En este sentido invitamos a organizar consejos de estudiantes y trabajadores donde se analicen las jornadas de lucha y se establezcan protocolos de seguridad y defensa. Es necesario garantizar todas las condiciones para que la lucha llegue hasta el final: el derrocamiento de Iván Duque.

Sin embargo, esto por sí sólo no basta. Aunque son millones los colombianos que no soportan un día más bajo la égida de Duque, no han logrado consolidar una dirección revolucionaria que les garantice la conquista del poder político. Lo que se suele llamar izquierda en Colombia está compuesto por diferentes propuestas para modernizar el estado burgués y su capitalismo. Esto implica una eventual negociación con la burguesía que ya sabemos imposible. En este sentido, un derrocamiento de Duque abriría un vacío de poder que, eventualmente, garantizaría el retorno de la clase dominante de manera similar ha como ha ocurrido en el norte de África tras la Primavera Árabe de 2011.

Sólo un programa socialista puede sacar a Colombia de la desgracia permanente que vive. Las recientes jornadas de lucha han sido de gran aprendizaje para la mayoría de jóvenes. Infortunadamente, la crisis de liderazgo ha abierto paso a ideologías burguesas y pequeñoburguesas que distorsionan el camino a la victoria. Tampoco ayuda la tradición estalinista que distorsiona las ideas socialistas. Sin embargo, sabemos que unos pocos jóvenes entienden que el camino está en la revolución. A ellos le extendemos nuestra invitación a unirse a construir una alternativa socialista para Colombia. De ellos esperamos el trabajo teórico y práctico necesario para guiarnos hacia la victoria.

Les invitamos a escribirnos a colombiamarxista@gmail.com, a participar de nuestras actividades y a formarnos para construir el socialismo.

¡Por la victoria de la universidad pública y sus estudiantes!

¡Abajo el gobierno de Iván Duque!

¡La solución es la revolución!