Sobre la crítica revolucionaria

En distintas oportunidades hemos estado en presencia de quienes ante la crítica se espantan, y no falta quienes te tachen de contrarrevolucionario sólo por cuestionar la efectividad de las políticas planteadas para hacer frente a la crisis, o por interpelar a una dirección política que parece no estar comprometida porque desde hace muchísimo tiempo ha cambiado sus condiciones de vida material.

¿Acaso no fue Chávez quien sometió al escarnio público en diferentes oportunidades a parte de su gabinete por ser ineficiente en las políticas ejecutadas? ¿Acaso no fue él quien nos habló de la crítica constante y a su vez no fue él el mayor crítico a la revolución bolivariana?

La crítica no sólo es importante sino necesaria en todo proceso político de transformación. Si nos conformamos solo con lo agradable ante nuestros ojos, ¿de qué manera identificamos las debilidades? Y más importante aún: ¿de qué manera corregir los errores y desaciertos?

El accionar político pasa necesariamente por un proceso de reflexión y análisis del cual se derivan las acciones para un momento histórico preciso. Sin un análisis serio del entorno, las conclusiones serán equivocadas y las soluciones erradas. Si bien las conquistas nos sirven para elevar el ánimo y la moral, también se hace necesario hacer las denuncias pertinentes para rectificar.

Se nos acusa de contrarrevolucionarios sólo por hacer la crítica. Ser contrarrevolucionarios no se trata de ser críticos o no, pasa por conocer los errores y taparlos para que la revolución se corroa desde adentro y se desmorone al ser incapaz de responder a las necesidades de su pueblo.

Un verdadero partido revolucionario se fortalece en los constante debates. La línea política del partido no puede ser determinada burocráticamente por una cúpula, debe surgir de la discusión y el debate de la realidad concreta por parte de las bases y sus dirigentes, que se traduzca en orientaciones y tácticas acertadas.

Trotsky nos los advirtió: “La crisis histórica de la humanidad se reduce a la crisis de su dirección revolucionaria”. Cuando una dirección está viciada y ha perdido sus principios y razón de ser, se hace necesaria la construcción de una nueva alternativa revolucionaria. Sin embargo, no es tan simple como crear un nuevo partido, el verdadero partido revolucionario no se decreta, se funda y se construye sobre sólidos principios políticos y un trabajo paciente.

Las fuerzas revolucionarias no abandonan sus órganos tradicionales de lucha tan fácilmente (partidos de masas y sindicatos) pero ante una espiral de traiciones, concesiones al enemigo de clase, y de incoherencia entre el discurso y los hechos de una dirección viciada, desvirtuada y corrupta; las bases populares se desmoralizan y desgastan sus fuerzas. Trotsky explicó en su artículo Clase, partido y dirección, que en general solo los grandes acontecimientos históricos (guerras o explosiones revolucionarias repentinas) suelen revelar con claridad para las masas la bancarrota de direcciones políticas inconsecuentes. Pero aun así, la clase obrera no puede improvisar una nueva dirección si en el periodo anterior no se formaron los cuadros competentes con suficiente autoridad y que hayan mostrado la viabilidad de su política en el pasado.

No es un tema de falta de conciencia de las masas, que en innumerables ocasiones han demostrado lo contrario (por ejemplo durante el golpe de abril del 2002, el paro patronal de 2002-2003 y la Constituyente en 2017); es un proceso de reflujo fruto de las contradicciones e inconsistencias entre el discurso de una dirección que no responde en la práctica a las demandas de la clase trabajadora.

Ante las sanciones del imperialismo estadounidense impuestas a nuestro país ¿cuál ha sido la respuesta por parte de la dirección política del movimiento bolivariano? No es suficiente el llamado a la defensa de la patria, es necesario pasar a la ofensiva en respuesta a las sanciones ilegalmente impuestas por los Estados Unidos. Ante la expropiación de CITGO ¿qué espera la dirección bolivariana para expropiar las diferentes filiales de las transnacionales imperialistas en Venezuela? ¿Ésta no es una revolución antiimperialista? ¿y entonces? ¿Hasta cuándo el discurso de lucha contra el imperialismo como un ente abstracto, pero sin luchar contra las distintas expresiones del imperialismo en nuestra nación? Las tareas y las luchas revolucionarias comienzan desde adentro.

En este punto se hace irremediable la decisión de deslindarse de la dirección política del movimiento bolivariano que desde hace mucho tiempo dejó de ser bolivariana y chavista -si es que alguna vez lo fue- porque no ha hecho más que llevar a cabo medidas anti-obreras y anti-populares como las devaluaciones monetarias, el desconocimiento de contratos colectivos, la imposición de tablas salariales de miseria, la autorización para la ejecución de despidos masivos, e incluso medidas antinacionales y entreguistas que intentan hacerlas pasar por socialistas y revolucionarias solo para contar con el respaldo popular para mantenerse en el poder, generando así una confusión político-ideológica en las masas.

De esta manera, el fracaso de estas medidas no serán achacadas a la dirección que las llevó a cabo, sino al proyecto del socialismo en America Latina -como sucedió en el pasado con el comunismo en Europa. Ése es el mayor crimen de una dirección política desvirtuada, degenerada y corrupta. En este sentido, ella será la única responsable de la satanización del socialismo al ser tomado como sinónimo de hambre y miseria.

De allí el llamado a los revolucionarios consecuentes a la crítica en todo el proceso histórico de la revolución que permita identificar cuándo una política responde a la necesidad del pueblo trabajador o cuándo realmente responde a la necesidad de la dirección de mantenerse en el poder conciliando y traficando sus principios con la burguesía (con la que ha pactado en más de una ocasión sin conseguir que se respete ni uno solo de los acuerdos).

Ha llegado el momento de concientizar y denunciar que ésta dirección no puede avanzar más de lo que ya ha avanzado y de que es necesario sustituirla por una verdadera dirección revolucionaria comprometida con llevar a la revolución hasta las últimas consecuencias.

¡Basta ya de conciliaciones!

¡Es la hora de llevar a cabo un verdadero programa revolucionario!

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