Mad Max, Furia en el camino, es una película australiana del año 2015, que está basada en un futuro pos apocalíptico donde la humanidad y la vida en la tierra han sido reducidas a su mínima expresión poblacional, así como a la barbarie y el atraso generalizados, luego de una guerra nuclear.

En ese terrible futuro, el agua y la gasolina son recursos completamente escasos. En una de las escenas iniciales, el villano, que en la película se conoce como Inmortal Joe, mantiene dominada a la población al tener control de una fuente natural de agua, que abre y cierra a su antojo. Cada vez que el Inmortal Joe “abre el grifo”, los habitantes del lugar se posan bajo dicha fuente de forma desesperada para recibir un poco del vital líquido.

Link de la mencionada escena:

La escena es verdaderamente gráfica, pero a pesar de lo fantasioso y distante que parezca ese futuro, en Venezuela podemos evidenciar que los problemas en el servicio de distribución de agua son constantes y cada vez más graves. Es muy normal ver en las calles de todo el país cómo las personas transitan con envases y pimpinas en búsqueda de agua potable por cualquier parte. Buena parte de la población se ha transformado en verdaderas cisternas andantes, al mismo tiempo que diariamente se denuncian las fallas en el servicio a lo largo y ancho del país.

Mientras tanto, el gobierno despliega una enorme campaña por medios de comunicación y redes sociales, en el marco de la lucha contra la pandemia ocasionada por el COVID-19, haciendo uso de una consigna un tanto irónica: “¡Lávate las manos!”. Pues bien, la mayoría de los venezolanos nos preguntamos: ¿Cómo lavarnos las manos sin agua? Y es que se hace cuesta arriba, por no decir imposible, mantener las necesarias medidas de higiene para combatir el virus, sin tener acceso al vital líquido.

Si echamos un vistazo a los diarios regionales, podemos corroborar que se trata de una situación persistente y generalizada en todo el país, veamos:

El diario primicia de Ciudad Guayana, estado Bolívar, en su edición del lunes 20 de julio, titula: “Servicios siguen intermitentes en la ciudad”. Al adentrarnos en la nota encontramos lo siguiente: “el observatorio de servicios básicos reportó, este domingo, fallas en el suministro de aguas en la Urbanización Roraima de Alta Vista, Villa Africana, Rio Aro, así como Manoa y Los Alacranes de San Félix”. Esto, tomando en cuenta que la ciudad es atravesada por los dos ríos más grandes del país, el Orinoco y el Caroní.

Fuente: https://primicia.com.ve/guayana/ciudad/servicios-siguen-intermitentes-en-algunas-zonas-de-la-ciudad/

Por su parte, Manuel Antonio Piar, un habitante de Ciudad Bolívar, en el mismo estado, reporta que “en la ciudad, los problemas del agua son de larga data, hubo una notable mejoría en los años de presidencia de Chávez, pero la deficiencia en el servicio se ha agudizado desde el año 2013. Hoy día, el agua llega una vez a la semana, en algunas comunidades la gente se organiza y pagan un camión cisterna que cobra alrededor de 100$ por surtirlos”.

Pero si nos dirigimos al otro extremo de Venezuela, revisando el diario la verdad del estado Zulia, encontramos el siguiente titular: Maracaibo y San Francisco padecen de escasez de agua. La nota también expresa: “En Maracaibo hay escasez de agua potable. El servicio presenta fallas en la distribución desde hace 20 días”.

Fuente: http://www.laverdad.com/zulia/151390-maracaibo-y-san-francisco-padecen-de-escasez-de-aguas.html

Si revisamos cada diario regional del país, nos encontraremos con esta realidad prácticamente todas las semanas. En gran parte del país, con suerte el agua llega apenas una vez por semana. En casos extremos tarda varias semanas en llegar, como si una especie de Inmortal Joe desconocido, abriese el grifo sólo de vez en cuando.

La ciudad capital no escapa de esta realidad. Las diferentes parroquias y sectores de la Gran Caracas sufren por la ausencia del vital líquido. De hecho, una encuesta realizada en el año 2018 por la Fundación Tierra viva, arrojó como resultado que “3 de cada 4 caraqueños no recibe agua regularmente, y solo 18 de cada 100 reciben agua a diario”.

En Venezuela la expresión “vital líquido” cobra mucho sentido, puesto que un sistema de distribución de aguas blancas digno y de acceso masivo, sigue siendo uno de los anhelos más sentidos en Venezuela.

El acceso al agua se ha convertido indiscutiblemente en una batalla diaria para la gran mayoría de los venezolanos, que a menudo se ven obligados a cargar envases en las calles, luchando literalmente –a veces hasta con empujones y puñetazos-, por llevar unos pocos litros de agua a sus casa, a fin de poder satisfacer sus necesidades básicas, aunque se precariamente.  

Largos años de sed

Hablando nuevamente de cine, podemos ver que el problema del agua como servicio público, también ha sido reflejado con frecuencia en nuestro arte, cinematografía y televisión nacional a lo largo de la historia.

Ello, en cierta forma constituye una evidencia de este grave y persistente problema en la sociedad venezolana.

La película venezolana llamada La empresa perdona un momento de locura, dirigida en 1978 por Mauricio Walerstein y protagonizada por Simón Díaz, la cual, podría caracterizase como una expresión de cine obrero nacional, narra la historia de un humilde trabajador que ha dedicado 20 años de su vida a una empresa, y casualmente, inicia con una protesta por la falta de agua en Catia, Caracas.

Además de eso, Gabriel García Márquez en su reportaje “Caracas sin agua”, del año 1958, relata lo siguiente: “En los paraderos, las colas tenían varias cuadras desde las 7 de la mañana. El resto de la avenida un aspecto normal, con sus aceras, pero en los edificios no se trabajaba: todo el mundo estaba en las ventanas. Burkart preguntó a un compañero de oficina, venezolano, qué hacía toda la gente en las ventanas, y él le respondió: —Están viendo la falta de agua.” En su crónica, García Márquez parece estar describiendo una situación actual, tomando en cuenta que el escrito es de hace más de 60 años.

https://docplayer.es/101347-Caracas-sin-agua-gabriel-garcia-marquez.html

Por otro lado, en los años 90 el popular programa de comedia llamado Radio Rochela, encontró una forma jocosa de presentar el problema del agua, acá dejo el enlace del video, el cual habla por sí solo:

Por lo tanto, se trata de un problema estructural de nuestra estructura social capitalista, que no puede resolverse de forma definitiva con meras reformas, pero que además empeora a lo largo de los años.

En efecto, la mayoría de los venezolanos en este momento se preguntan es: ¿Cómo un país con tantas reservas hídricas sufre por la falta de agua? ¿Será que en Venezuela no hay suficiente agua como para abastecer dignamente a la población?

Ante estas interrogantes, desde el año 58 los gobiernos se han escudado históricamente de su responsabilidad, señalando que las fallas en los servicios de aguas se deben principalmente a los diferentes fenómenos climáticos que provocan sequias, eludiendo así su responsabilidad en el asunto.

Por su parte, los líderes de la derecha (tanto la extrema como la moderada), afirman que el déficit en el servicio se debe a la falta de mantenimiento e inversión en el sistema. Sin embargo, en ellos recae un carácter de hipocresía, puesto que pretenden hacer ver que el problema surge a partir del año 99 con la llegada de Chávez al gobierno, cosa que como ya hemos evidenciado, es totalmente falso.

Entonces, tratemos de señalar algunas razones estructurales en las fallas del sistema.

En este caso nos centraremos en la ciudad capital para simplificar la respuesta a las interrogantes que nos plantearemos. Lo primero que debemos preguntarnos es ¿Qué cantidad de agua por habitante necesita una ciudad como Caracas?

La Organización Mundial de la Salud (OMS), considera que la cantidad adecuada de agua para consumo humano (beber, cocinar, higiene personal, limpieza del hogar) es de 50 l/hab-día.

Pero hagamos algunas comparaciones: por ejemplo, de acuerdo con la fundación Aquae, el consumo promedio de agua en España es de 142 l/hab-día. En Colombia, el diario El Tiempo indica que el consumo es de 76 Litros l/hab-día. Mientras que el consumo promedio en la región suramericana es de 146 l/hab-día. Entre los años 2007-2008 el venezolano promedio consumía 133 l/hab-día.

Si nos orientamos por lo recomendado por la OMS, es decir, 50 l/hab-día, para una ciudad como Caracas, cuya población oscila en 3 millones 400 mil habitantes, se requieren 170 millones de Litros de agua diarios, lo que representa 170.000 metros cúbicos de agua al día.

Parece ser mucha agua, no obstante, ¿de dónde se surte agua Caracas? La ciudad capital se abastece en la actualidad de 3 embalses principales: Camatagua (a 150 Km de Caracas), con capacidad para almacenar 1.543 millones de metros cúbicos de agua, Lagartijo con capacidad de almacenar 80 millones de metros cúbicos y Taguaza con capacidad de 184 millones de metros cúbicos.

Además, Caracas cuenta también con otros embalses complementarios (La Mariposa, La Pereza, Ocumarito, Quebrada Seca, Taguacita, Agua Fría y Macarao), que juntos suman un total de 1.060 millones de metros cúbicos del vital líquido. En total, si todos los embalses estuviesen al tope, Caracas tendría agua por 17 días aproximadamente.

No significa esto que el agua se va a acabar en 17 días, puesto que los embalses principales se abastecen de los ríos Guarico, Tuy y Taguaza, cuyos caudales ofrecen en condiciones normales, la cantidad agua suficiente para reponer la consumida en el día a día. Sin embargo, en época de largas sequías, cuando los ríos disminuyen su caudal, la situación se torna compleja, puesto que la cantidad de agua que surten los ríos, es menor a la tasa diaria de consumo.

Ahora bien, una realidad que es tangible es que la mayoría de estos embalses fueron terminados en la década de los 60, el último de ellos (el embalse Taguaza) inició su construcción en el año 1986 y fue terminado en 1997, es decir, en los últimos 40 años no hay evidencias que indiquen que, además de Taguaza, se están construyendo nuevos embalses que sirvan para paliar el déficit en tiempo de sequía.

Otro problema estructural a tomar en cuenta, es que al estar Caracas elevada a 800 metros sobre el nivel del mar, y al situarse los embalses muy por debajo de esa altura, entonces, el agua necesita ser bombeada a través de acueductos. Con ése propósito fueron construidos los sistemas Tuy I, II y III, que tienen la función de bombear toda el agua proveniente de dichos embalses, a fin de ser distribuida en la ciudad capital, pero con los constantes fallos en el sistema eléctrico nacional, las deficiencias en el bombeo de agua sean tornado constantes.

Por una verdadera revolución del agua

En el marco de la búsqueda de soluciones a este problema, las comunidades organizadas de los sectores populares del país, especialmente los de la ciudad de Caracas, organizaron un conjunto de experiencias conocidas como las mesas técnicas de agua.

En principio, estas mesas surgieron entre los años 1993 y 1996 como organizaciones que planificaban y ejecutaban protestas por la escasez de agua, a fin de presionar al órgano responsable de atender el servicio de agua en la capital (Hidrocapital). Además de esto, promovían asambleas comunitarias en los sectores más afectados de la ciudad capital.

Luego, durante el gobierno de Chávez, estas adquirieron un carácter legal, fundamentándose en el artículo 304 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, que expresa: “Todas las aguas son bienes de dominio público de la Nación, insustituibles para la vida y el desarrollo” y la Ley Orgánica para la Prestación de los Servicios de Agua Potable y de Saneamiento, que en su artículo 6, parágrafo único, establece “Se declaran de utilidad pública e interés social el servicio de agua potable, el servicio de saneamiento y las obras afectas para su prestación”.

Pero más allá de todo este ordenamiento legal, lo importante es que se derive de esto, un proceso de organización social que permita a las comunidades, conjuntamente con los trabajadores, garantizar el acceso a un sistema de agua potable digno y gratuito.

En primer lugar consideramos que debe existir una única empresa que administre de manera pública y centralizada, todo lo referente al servicio de aguas, puesto que actualmente existe una empresa matriz denominada HIDROVEN, de la cual se desprenden 20 empresas a nivel regional que funcionan de manera descentralizada. Este sistema burocrático de empresas descentralizadas a nivel regional, ha demostrado su incapacidad para solventar este problema a lo largo de los años.

Estamos seguros que en las empresas hidrológicas existen trabajadores con la suficiente experiencia y experticia, para planificar conjuntamente con las comunidades organizadas, las obras de desarrollo y mantenimiento necesarias para garantizar el acceso al agua, promoviendo así un servicio digno y de calidad.

Por eso creemos que es necesario crear dentro de las empresas hídricas, Comités de Gestión Interna del Agua, que funcionen como órganos de gestión democrática de la empresa por parte de los trabajadores, como mecanismo para implementar el control obrero dentro de las empresas hídricas y desburocratizar la gestión y los procesos administrativos dentro de los mismas, en particular, la atención al público, un área de evidente importancia sensible, en lo que respecta a la participación comunitaria en la gestión de los servicios de aguas.

De esta manera, con la fiscalización directa tanto de las comunidades como de los propios trabajadores de las empresas hídricas, se evitaría la terrible corrupción, tan propia de la gestión burocrática de los servicios públicos.

En muchos casos las inversiones en el ámbito de infraestructura de distribución del agua potable son verdaderamente cuantiosas, pero nunca llegan a ejecutarse, o ese ejecutan de forma inadecuada, o incompleta, a la vez que los fondos para esas inversiones se desaparecen dentro del terrible entramado burocrático de las empresas.

Como medida transicional dentro del marco capitalista, consideramos que junto a la propiedad estatal y centralizada de las empresas de agua, bajo control obrero democrático, el servicio residencial de agua potable debe cobrarse a un precio realmente accesible para las familias trabajadoras.

En la práctica, ello ocurre en Venezuela, aunque de forma distorsionada, debido a que el costo de venta del servicio de agua residencial se ha reducido drásticamente como consecuencia del fenómeno hiperinflacionario del último lustro, y más bien esto ha terminado de empujar a estas empresas hacia el colapso financiero.

Pero, por otro lado, las actividades económicas privadas, deben pagar un impuesto al uso comercial del agua potable, que sea directamente proporcional a su consumo diario. Creemos que así, al menos transicionalmente, un servicio de agua digno es realmente sustentable en términos financieros.

Sin embargo, una verdadera solución al problema del agua pasa por la superación del propio régimen capitalista de propiedad, y por la abolición del Estado burgués. Dentro del marco capitalista no hay posibilidad de resolver de forma definitiva el problema histórico del agua en la formación social capitalista venezolana.

El Estado burgués, con todo su entramado burocrático, ineficiente y corrupto por un lado, y el capital privado, con su vampírica voracidad por las ganancias a costa del sufrimiento de las mayorías por el otro, no permitirán resolver el problema histórico de desinversión, corrupción, necesidad de desarrollo tecnológico y burocratismo, entro otros, que han caracterizado a la crisis histórica de agua en nuestro país.

En consecuencia, convocamos a todas las comunidades y trabajadores del sector hídrico, a reimpulsar la organización de las mesas técnicas de agua y a a plantear la organización de comités de gestión del agua dentro de sus centros de trabajo.

Estos instrumentos deben servir para luchar por un sistema estatal nacional de acceso al agua, democráticamente planificado, dirigido por la clase obrera y con la participación activa de las comunidades.

Nuestro objetivo debe ser la socialización del acceso digno al vital líquido. Que llegue el día en que por fin el acceso al agua deje de ser un viejo anhelo de las masas, y se convierta en una realidad material, como parte de la lucha general por superar el régimen capitalista y sus lacras sociales.