En los últimos meses, la opinión pública se vio bombardeada por dos temas claves, el arreglo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), y la explosión de contagios de la tercera ola de Ómicron Covid-19.

El juego de titanes en el ring – los que pelean sin pelear

El oficialismo junto a la oposición representa, desde hace meses, un sainete sobre la deuda externa y la pandemia, mientras que los sectores populares se encuentran en una situación de subsistencia y pauperización de las condiciones de vida.

Desde Juntos presionan para que el acuerdo con el FMI sea sin más y/o acorde a las imposiciones del organismo internacional, mientras que el Frente de Todos muestrauna cierta oposición verborrágica, cuando en realidad en lo que va de su gestión llevan pagado u$s2.470- debiendo sumarse el próximo vencimiento de enero de u$s1.700- de pago de capital.

El Frente de Todos trató durante todo el proceso de la negociación, de que el FMI asuma la responsabilidad de haber otorgado al gobierno de Macri la alevosa cifra fugada de u$s44.000-, la tierra arrasada de la pandemia macrista dejó no solo postrada a la Argentina ante los acreedores internacionales, sino que profundizó el mecanismo perpetuo de dominación, la deuda externa.

Cristina Fernández, por su lado, no se cansa de decir que fuimos pagadores seriales de la anterior deuda durante su gobierno, como señal de garantía de pago de la deuda actual contraída por el macrismo. La prioridad de los titanes en el ring de ambos lados de la grieta es sostener la gobernabilidad.

Tirándose piedras de un lado y del otro, en la lógica de Juntos por el Cambio si estuvieran en la Rosada, implicaría subordinarse aún más al imperialismo e impondría un entendimiento con las reglas del FMI, con mayores recortes a la ayuda social, eliminando subsidios, imponiendo un retroceso a las condiciones laborales a la clase obrera y la juventud y que presentan a la sociedad como políticas para “sacar” del marasmo económico al país, olvidando decir que de ser posible, sería sobre la súper explotación y las pérdida de conquistas de la clase trabajadora.

Por el lado del Frente de Todos, intentan mantener cierta “independencia” para crecer y pagar, pero en definitiva terminan sí o sí pagando, con su verborragia combatibia terminan aplicando el ajuste a los trabajadores y jubilados, ofreciendo garantías al empresariado mientras que dicen que no van a ir contra las condiciones de trabajo y de vida de la inmensa mayoría del país.

Default, Ómicron e inflación un coctel por demás de volátil

En realidad, en las actuales condiciones de la economía y la falta de divisas en el Banco Central, sumado a la formidable emisión monetaria, se prepara un cóctel explosivo, la volatilidad del virus tiene su contracara en la economía.

La Argentina no se encuentra en condiciones de hacer frente al calendario de pagos acordado con el FMI en la era macrista. Es probable que incluso los pagos de enero sean parte de la negociación/refinanciación actual con el FMI.

Pero hay algo que el Frente de Todos (FdT) por su programa y condición de clase no cuestiona, la legitimidad de la deuda contraída por Macri y el conjunto de la deuda con los acreedores externos. El Frente de Todos se mueve en una contradicción flagrante, o va a un default o termina sí o sí acordando con el Fondo con las condiciones que éste imponga, algo que resulta más que probable. ¿Qué pasaría si se va a un no pago o incluso a una suerte de moratoria? Hay algo que el FdT tiene más que claro que la respuesta es en el plano político y no con la planilla Excel, como gustan decir tanto a los economistas conservadores y liberales como a los “progres”.

La posibilidad de un no pago podría entusiasmar o estimular a la militancia y a sectores de trabajadores en una perspectiva de repudio al imperialismo, pero todo el arco político y el propio imperialismo tienen claro que se debe evitar una repetición de una nueva versión del 2001. Así es como el delicado equilibrio del juego de titanes en el ring está pendiendo de un delgado hilo que puede cortarse en cualquier momento pudiendo abrir paso a la conformación de una situación prerrevolucionaria o revolucionaria, por la acumulación de contradicciones que existen en la situación, dependiendo además de cómo se desarrolle la crisis de poder de los frentes patronales, evidentemente para que esto suceda, tendría que producirse una fisura en la clase dominante para que se cuelen las reivindicaciones obreras y populares.

Debemos agregar a todo este cuadro, algo que se evita introducir en los debates en las diferentes facciones de un lado y del otro de la grieta, incluida la izquierda parlamentaria, y es que nos encontramos a las puertas de una nueva recesión mundial, dada por dos factores que se conjugan y se potencian, la pandemia y como consecuencia de la expansión cuantitativa, una creciente inflación mundial que tiene, por ejemplo, a EE.UU. con una inflación del 8%.

Esta situación explosiva va a tener un impacto mucho mayor de lo que fue la recesión en 2020 de la mano del Covid-19. Ya que, en la actualidad, la normalidad laboral desconoce lisa y llanamente las olas de contagios de la mano de la cepa Ómicron. Para estimular la economía se vuelve a como dé lugar a la “normalidad”, y el virus es tan contagioso que la merma de la planta laboral llega a niveles inusitados y generando un mayor impacto recesivo en la economía. Lógicamente esto se entrelaza con lo que dijimos más arriba, expansión cuantitativa y su consecuente inflación mundial. Entonces el FdT se encuentra a las puertas de un arreglo con el FMI que entre otras cosas nos va a llevar -en la lógica capitalista- a una devaluación del salario más profunda de la que hoy tenemos.

Esta sangría de dólares junto a la formidable ganancia de los capitalistas, si se destinara a resolver los grandes problemas de vivienda, salud, empleo y educación junto a las necesarias obra pública, ayudaría a paliar la desesperante situación, ante los flagelos que surgen de la avaricia de los empresarios y de un sistema que perpetua a la degradación y horror sin fin a la clase obrera y a la juventud. 

El imperialismo – Argentina país atrasado

Lenin, en su libro El imperialismo, fase superior del capitalismo señala con sucinta claridad cuáles son algunas de las características del imperialismo:

  • El elevado desarrollo de la producción capitalista se ha concentrado en unos pocos grandes monopolios y este fenómeno puede observarse (entonces y hoy en día) en todos los países. Unas pocas empresas controlan cada sector (telefonía, transportes, etc.) frente a los rasgos iniciales del capitalismo (donde en cada sector competían muchos pequeños productores).
  • El nuevo papel de los bancos y la fusión de estos con el capital industrial llevan a la formación del capital financiero y al poder de la oligarquía financiera. Los bancos ya no son pequeños prestamistas. Los volúmenes de capital en liza son tan grandes que su actividad se vuelve imprescindible para la producción. Aún más, la información y la capacidad de incidencia que tienen los bancos los convierten en un centro decisivo (y decisorio) para la economía de cada país.
  • La exportación de capital adquiere una gran importancia respecto a la exportación de mercancías, característica de la fase precedente. Esto facilita la penetración y el expolio de las grandes potencias contra los países menos desarrollados.
  • La formación de asociaciones de capitalistas internacionales que se reparten el mundo, y la terminación del reparto territorial del mundo entre las potencias capitalistas más importantes. En la época del librecambio, en el siglo XIX, las burguesías de los distintos países buscaban nuevos países para obtener más materias primas y nuevos mercados donde colocar sus mercancías. Dicho proceso ha terminado. El mundo se ha repartido territorialmente de forma completa y concreta. Esto obliga a cualquier potencia a desplazar o someter a otros países (o a otras potencias) si pretende obtener más materias primas o ampliar su mercado. Y si no lo hace las que sí lo hagan se acabarán haciendo más poderosas.

El imperialismo entonces es la fase superior del capitalismo, es el fin del capitalismo de libre cambio, en definitiva, es la fusión del capital industrial con el capital bancario.

León Trotsky en “El Programa de Transición” 1938 decía sobre la expropiación de los bancos privados y la estatización del sistema de crédito: “El imperialismo significa la dominación del capital financiero. Al lado de los consorcios y de los trusts y frecuentemente arriba de ellos, los bancos concentran en sus manos la dirección de la economía. En su estructura, 105 bancos reflejan bajo una forma concentrada, toda la estructura del capitalismo contemporáneo: combinan la tendencia al monopolio con la tendencia a la anarquía. Organizan milagros de técnica, empresas gigantescas, trusts potentes y organizan también la vida cara, las crisis y la desocupación. Imposible dar ningún paso serio hacia adelante en la lucha contra la arbitrariedad monopolista y la anarquía capitalista si se dejan las palancas de comando de los bancos en manos de los bandidos capitalistas […].”

Un reciente informe de BBC News, señala que el mundo sigue dominado por 28 grandes bancos internacionales, demuestra sin más la tremenda concentración en apenas 80 años.

El dominio del capital financiero en el mundo y especialmente en los países capitalistas atrasados es marcado, combinado con la subordinación de las clases dominantes de cada país. Para nuestro país esto es consecuencia del lugar que ocupa en la división internacional del trabajo, como país proveedor de materia primas.

La debilidad desde su nacimiento y la aparición tardía de la burguesía de la mano del imperialismo inglés y luego el estadounidense, cuando el imperialismo en pleno ascenso se repartía el mundo y se aseguraba en los países periféricos las materias primas y los mercados que necesitaba, determinaron su carácter subordinado, atrasado y parasitario.

La idea de desarrollar un capitalismo autónomo en nuestro país es una utopía, los capitalistas criollos expresan el tipo de capitalismo que se pudo desarrollar, atrasado y atado por múltiples hilos al capital internacional y a la inversión extranjera, lo que genera gobiernos e instituciones con un grado profundo de dependencia. Si en la Argentina por múltiples factores económicos, históricos, desarrolló un tipo de capitalismo con un relativo grado de independencia, que se materializó en la industria blanca, semipesada y en siderurgia, fue por la necesidad de Europa y EE.UU. de reconvertir su desarrollo industrial a la industria bélica al servicio de la 2da guerra mundial. Las condiciones que hicieron posible ese desarrollo limitado ya no existen y es muy improbable que puedan volver.

La política reformista bajo un contexto de crisis como el que se viene profundizando en estos dos últimos años, termina por convertirse en políticas de contrarreformas, y caen sosteniendo programas más conservadores o de ajuste.

De igual forma sucede con los reclamos a los organismos financieros internacionales, los llamados a democratizar las instituciones financieras o las peticiones para que las potencias imperialistas atiendan nuestros reclamos -EE.UU. y UE- y nos ayuden dándonos más tiempo, -20 años para crecer y pagar- simplemente quedan para el juego  distraccionista a sus seguidores o tan solo en buenos deseos, marcando la inmensa impotencia de esta facción de la burguesía ante el imperialismo.

Los organismos financieros internacionales defienden los intereses de los dueños de las grandes empresas, a sus gobiernos y al imperialismo, mientras hipócritamente realizan declaraciones promoviendo mayor igualdad entre los pueblos y planteando la necesidad de generar mayores oportunidades para luchar contra la explotación y expoliación de la región.

El acuerdo alcanzado este viernes 28/1 por un lado legítima la estafa macrista y por otro muestra la impotencia de los representantes políticos que no tienen otra alternativa que ofrecer al capitalismo. La toma de nueva deuda para pagar deuda y las revisiones trimestrales del FMI son un cuchillo en la garganta para el país e impone un escenario de mayor ajuste.

Derrotar el ajuste derivado del “entendimiento” con el Fondo implica derrotar a la burocracia dirigente de las Centrales Obreras (CGT-CTA) que se encuentran encolumnadas para sostener el acuerdo.

Debemos tomar el toro por sus astas, y atacar las razones del problema: el sistema capitalista. Una minoría que controla la banca y las grandes empresas que producen con la finalidad de generar ganancia, no para satisfacer las necesidades de la humanidad o cuidar el medio ambiente. Esta es la esencia del imperialismo y sus mecanismos para seguir expoliando a países como el nuestro. Solo la movilización obrera y popular que vaya construyendo la huelga general hacia un gobierno obrero y de los trabajadores puede romper las cadenas de sometimiento y expoliación sobre Argentina. La expulsión del FMI implica la expulsión del imperialismo, es decir la ruptura con el capitalismo.

Por una salida obrera a la crisis – Poner en pie un Gobierno de Trabajadores

Desde 2008 al presente vivimos una sucesión de crisis que no encuentra un fin con certidumbre para la gran mayoría del mundo.

El capitalismo ha demostrado de lo que es capaz, devastación ambiental, miseria generalizada, gobiernos inestables allá o acá, matanzas en diferentes puntos del planeta, más de 85 millones de personas deambulan por el mundo buscando pan, trabajo y un lugar para vivir, escapando de las guerras y hambrunas despojados de la vida. Y en los últimos años la pandemia del Covid-19, viene siendo un flagelo que no se termina por la existencia del negocio capitalista. 

Nuestro país como toda una serie de países atrasados y sus clases dominantes, no pueden más que demostrar su debilidad congénita para hacer frente a esta crisis secular y orgánica del capitalismo. No son capaces de satisfacer las necesidades más elementales de las masas, en nuestro caso desarrollar un poderoso mercado interno.

Ha llegado la hora de la revolución ya que el capitalismo demuestra a cada paso que es horror sin fin. Tenemos ante nuestros ojos la barbarie capitalista a la que el mundo es sometido.

Esta es la disyuntiva que tiene la vanguardia obrera y la juventud, debemos poner en debate esta perspectiva ante el escepticismo de los reformistas de centro y de izquierda, ante las políticas que no salen de los marcos capitalistas en la idea de querer reformar lo irreformable, de controlar lo que no se puede controlar: el capitalismo.

Estamos en una carrera contrarreloj. Nuestra tarea es hacer consciente el instinto o la semi consciencia de la clase trabajadora de cambiar la sociedad.

Se están preparando grandes acontecimientos, debemos estar a la altura de las tareas y preparar el futuro, necesitamos cambiar el eje del debate, ante semejante crisis en la región y en nuestro país no podemos pensar de la misma manera que en el pasado.

Para que tengamos un futuro debemos preparar la resistencia en la perspectiva de la huelga general, de un congreso obrero de ocupados y desocupados que ponga en perspectiva el derrocamiento del capitalismo y el surgimiento de un poder obrero, de un gobierno propio, de una nueva legalidad.