Este artículo corresponde a la serie de documentos del camarada Ted Grant que estaremos publicando. A pesar de que estos fueron publicados originalmente durante todo el siglo pasado, sirven como material de formación, por su valor histórico y por las lecciones que en ellos se encuentran para las luchas en el presente. Ted Grant, nacido en Sudáfrica bajo el nombre de Isaack Blank, fue el fundador de la Corriente Marxista Internacional, con la intención de defender las ideas del marxismo en las organizaciones de la clase obrera. Fimer defensor del Marxismo, se definía a sí mismo como marxista, leninista y trotskista. Sus ideas hacen hincapié en que los revolucionarios deben trabajar dentro, fuera y alrededor de las organizaciones de masas porque los trabajadores comienzan a movilizarse a través de las organizaciones tradicionales y porque fuera del movimiento obrero no hay nada.

Alemania: ¿y ahora qué?[*]

Los recientes acontecimientos en Alemania han despertado grandes esperanzas e interés en la clase obrera de todo el mundo. El frente aparentemente sólido que Hitler presentó al mundo se ha roto con la conspiración de los junkers y los generales alemanes.

Según las noticias, antiguos y ardientes seguidores de Hitler han intentado asesinarle. Los nazis lo han presentado a su manera gánster-terrorista habitual, poniendo todo el poder en manos de la odiada Gestapo y el jefe de la SS, Himmler. Fuera o no un verdadero complot para asesinar a Hitler (parece que sí lo era), no hay diferencia en el significado que tienen estos acontecimientos en Alemania. Revelan una tremenda división dentro de la clase dominante alemana, que está abriendo el camino para el estallido de una verdadera revolución de los trabajadores en Alemania y Europa.

“Alemania no es sólo Alemania, es el corazón de Europa”, esto es lo que advertía Trotsky antes de la llegada de Hitler al poder. Pero ahora estas palabras asumen una gravedad y urgencia añadidas. Los acontecimientos en Alemania podrían decidir no sólo el futuro de Europa, sino el futuro de todo el mundo.

Hitler no ha contado con una ayuda mejor para reunir tras de sí al pueblo alemán que las amenazas de los Aliados, Stalin incluido, de desmembramiento de Alemania. Pero como las derrotas se han acumulado en todos los frentes y la miseria de las masas alemanas ha alcanzado una nueva intensidad, la oposición de los trabajadores alemanes ha ido creciendo.

La sacudida militar ha llevado a la recuperación del movimiento clandestino en unas líneas formidables. Los informes de la prensa capitalista de los últimos cuatro meses han señalado huelgas en Hamburgo, Berlín, Colonia, Essen y otras ciudades. Movimientos de rebelión entre los estudiantes y otros sectores de la clase media que han provocado ejecuciones. Motines entre los soldados y marineros, todo esto son síntomas de la tormenta que se avecina.

Las leyes de la revolución se aplican a todos los países y todos los pueblos. La nación alemana no es diferente de cualquier otra. Aquellos que intentan encontrar un nuevo sistema de sociedad en Alemania e Italia debido a la victoria del totalitarismo, han sido rebatidos por los acontecimientos. Las derrotas militares han echado abajo la inercia psicológica de las masas y el movimiento por el derrocamiento del odiado régimen ha cobrado fuerza. Lenin, en su análisis de la sociedad actual, pone cuatro condiciones para el estallido de la revolución social. Éstas fueron resumidas por Trotsky de la siguiente forma:

“Las condiciones básicas para la victoria de la revolución proletaria han sido establecidas por la experiencia histórica y la clarificación teórica: 1) el callejón sin salida de la burguesía y la confusión resultante en la clase dominante; 2) la profunda insatisfacción y la lucha por cambios decisivos en las filas de la pequeña burguesía, sin cuyo apoyo la gran burguesía no podría mantenerse; 3) la conciencia de una situación intolerable y la disposición del proletariado a llevar a cabo acciones revolucionarias; 4) un programa claro y una dirección firme de la vanguardia proletaria, estas son las cuatro condiciones para la victoria de la revolución proletaria. La principal razón de la derrota de muchas revoluciones se encentra en el hecho de que estas cuatro condiciones raramente logran el grado de madurez al mismo tiempo. En la historia, la guerra no pocas veces ha sido la madre de la revolución precisamente porque sacude regímenes obsoletos desde sus cimientos, debilita a la clase dominante y acelera el crecimiento de la indignación revolucionaria entre las clases oprimidas” (War and the World Revolution). Sintiendo el aliento abrasador y sus consecuencias pavorosas, enfrentada a la inevitable derrota militar, la clase dominante alemana está buscando una salida al callejón sin salida. El anuncio de la revolución venidera ha provocado una división en las filas de la clase dominante. La Revolución Rusa de febrero de 1917 fue presagiada por el asesinato de Rasputín dos meses antes. Fue asesinado por miembros de la nobleza cortesana en un intento de salvar al zarismo. A pesar de su asesinato el zar, que había estado bajo su influencia, continuó con su política. Pero el efecto del asesinato fue totalmente inesperado para sus perpetradores. Las fisuras y las peleas por arriba entre la clase dominante provocó fermento y agitación por abajo. El asesinato, que tenía la intención de salvar al régimen en Rusia, actuó como un impulso poderoso que galvanizó a las masas que entraron en acción para conseguir su derrocamiento.

En Alemania la clase dominante, los junkers y los capitalistas, los generales y los obispos, de buena gana habían entregado el poder a Hitler. Ahora, se estremecen ante la venganza de las masas por sus crímenes. Su siniestra mascota, Hitler, se ha convertido en un amuleto de mala suerte. Están intentando librarse de lo que se ha convertido para ellos en una piedra de molino atada a sus cuellos. Por eso ha ocurrido la conspiración de los generales. Sus perspectivas son claras. En el mejor de los casos negociarían con los Aliados. En el peor, si las masas alemanas se les iban de las manos, se rendirían a los capitalistas aliados, buscando la protección de los ejércitos aliados contra su propia clase obrera. Que los Aliados responderían a estas oberturas, ya lo habían visto en Italia.

De Stalin han recibido un sistemático aliento. ¿Acaso no fue Stalin quién primero apoyó y reconoció al régimen del gánster fascista Badoglio[1] en Italia?, ellos están seguros de que él llegará a algún acuerdo con el Badoglio alemán. Las actividades de Stalin no les han dado causa de temor. Lejos de apelar a las masas alemanas sobre bases socialistas para derrocar a Hitler y establecer una Alemania socialista, él ha organizado en Moscú el Comité “Alemán Libre”, compuesto predominantemente por elementos militares reaccionarios, y la “Liga de Oficiales Alemanes” que entre sus miembros impulsa a figuras como el general von Seydlitz, el teniente general Edier von Daniel, el general de división Carl Hess y el teniente segundo conde von Einseidei.

El mayor Herbert Soesslin escribió lo siguiente en Freie Deutschland y dejó bastante claros sus objetivos:

“… Debemos evitar a toda costa cualquier repetición de los acontecimientos de 1918. Debemos evitar toda anarquía y comportamiento indisciplinado…”.

Las tradiciones sobre las que hacen sus llamamientos al pueblo alemán son las de la “Alemania de Bismarck”, la Alemania del Káiser. Stalin ha subrayado esto mediante llamamientos en Radio Moscú durante la crisis, cuando proclamaban que el destino de Alemania debería ser decidido por ¡la unión de los generales para derrocar a los nazis!

Los últimos informes de Alemania indican que los nazis han salido victoriosos en su lucha con la camarilla militar. Esto se simboliza en la introducción del saludo de Hitler que sustituye al saludo militar tradicional[2]. Sin duda Hitler imagina que él ha conseguido otro 30 de julio y que ha ajustado de una manera decisiva las cuentas con sus enemigos internos. ¡Él no va sufrir la infame caída de su antiguo profesor Mussolini! Pero en esta ocasión no será igual que en el pasado. La violencia del 30 de junio confirmó su aferramiento al poder; la violencia de julio de 1944 marca el principio del final del nazismo. Los metafísicos imaginan que el mismo acto si se repite con éxito tendrá el mismo resultado. ¡No es así! Hitler consiguió estabilizar su régimen en su primera fase mediante una purga que iba dirigida contra la oposición de clase media, mientras los trabajadores permanecían como espectadores inactivos sus organizaciones estaban siendo destruidas.

Pero la rebelión de los generales revela a la masa de trabajadores y soldados la total desesperación de la situación. Lejos de aplastar la resistencia al régimen, la chispa de oposición avivará las llamas revolucionarias. Son seguros nuevos intentos de camarillas dentro de la clase dominante. Pero esto es la cuestión menos importante. Las aturdidas masas han sufrido una conmoción que llevará a una resistencia masiva más fuerte que antes. El triunfo de Hitler tendrá una corta vida. Ya han aparecido noticias de luchas y manifestaciones de masas en muchas zonas industriales de Alemania, de regimientos enteros de soldados ejecutados y divisiones enteras desmanteladas.

Los efectos de estos acontecimientos sobre el pueblo alemán son evidentes. La radio germana habla de grupos de alemanes reunidos en las calles con excitación alrededor de las radios en las tiendas y en los quioscos de periódicos. Sin duda toda la población está discutiendo ahora el significado del golpe. En las fábricas y las calles los trabajadores deben expresar abiertamente su oposición al odiado régimen mientras que los informadores de la Gestapo permanecen en silencio, no se atreven a intervenir.

Todos estos años, enfrentados a obstáculos insuperables, pequeños grupos clandestinos y organizaciones han luchado contra los nazis y defendido las ideas del marxismo. Ahora ha llegado su momento. Las organizaciones clandestinas conseguirán una base y un apoyo de masas en los próximos meses. Las poderosas tradiciones de los trabajadores alemanes surgirán en organizaciones de masas como si salieran de debajo de la tierra, como en Italia. Los trabajadores alemanes se reforzarán con el apoyo de millones de trabajadores extranjeros en Alemania. Ya hay muestras de simpatía en secreto entre los trabajadores alemanes que trabajan al lado de trabajadores franceses, belgas, rusos y otros europeos, unidos por el odio mutuo y la solidaridad contra el opresor nazi. Veremos comités de fábrica y sóviets en toda Alemania que unirán a todos los oprimidos de cualquier raza y nacionalidad en Alemania.

Los capitalistas británicos se están preparando para eso. Churchill declaró con franqueza en la Cámara de los Comunes que una Alemania comunista es una posibilidad. Pero, explicaba, los alemanes no podrán escapar de la responsabilidad de los crímenes de los nazis simplemente “abrazando la fe comunista”. Los traidores estalinistas publicaron esta declaración en el Daily Worker sin comentarios. Con su silencio respaldan la declaración de Churchill y está en la línea de la política de Stalin que se prepara para ayudar a Churchill y Roosevelt para ahogar en sangre la revolución alemana.

Los estalinistas no conocen límites en su incitación del odio contra los trabajadores alemanes en su peor forma, incluso racismo, con el marchamo de Hitler. Por ejemplo William Rust escribe lo siguiente en el Daily Worker el 2 de julio:

“No estamos tratando con el pueblo alemán que se levantó en 1918. La generación actual ha sido envenenada y embrutecida por once años de dominio nazi. Millones de jóvenes se comportan peor que las bestias y toda la nación debe tener responsabilidad por los crímenes cometidos en su nombre”.

Pero los socialistas y los comunistas (no en nombre sino en hechos) saben cómo caracterizar este llamamiento a los instintos más bajos del chovinismo racial. Los trabajadores británicos deben comprender que ocupan una posición clave con relación a la revolución alemana. El éxito de la revolución en Alemania depende en gran medida de la actitud adoptada por los trabajadores y soldados británicos. Una vez Hitler se haya ido, el supuesto objetivo de la guerra europea de “luchar contra el fascismo” desaparecerá, pero los imperialistas aliados intentarán y ocuparán Alemania mucho después de la conclusión de la guerra. Si lo consiguen o no estará determinado por la actitud de la clase obrera británica. Una cosa sabemos: el llamamiento a confraternizar que los trabajadores socialistas alemanes hicieron al ejército de ocupación en Alemania después de la última guerra recibió una respuesta favorable. Los hijos de los tommies británicos en esta guerra tienen mucha más conciencia de clase que sus padres. La respuesta hoy será incluso más favorable.

Los acontecimientos militares están dando lugar a acontecimientos políticos. La clase obrera del mundo tendrá que decir la última palabra. Los trabajadores más avanzados deben prepararse para no ser pillados por sorpresa ante los inminentes acontecimientos. Lenin planteó cual era la condición indispensable, la construcción del partido, y los trabajadores más avanzados deben dedicar a ello sus esfuerzos. Un partido, basándose en las ideas probadas de Marx, Lenin y Trotsky, enriquecidas además con las experiencias de las derrotas de los trabajadores en las décadas pasadas. Este partido existe en la Cuarta Internacional. Hoy es débil pero se convertirá en un instrumento poderoso de la revolución socialista.

¡Trabajadores británicos! ¡Preparaos para apoyar la revolución alemana! ¡Uníos a la bandera de la Cuarta Internacional! ¡Uníos al Partido Comunista Revolucionario!

Agosto 1944


Notas:

[*] Este artículo fue escrito después del intento fallido de asesinato contra Hitler conocido como “Complot del 20 de julio”. (N. del. T.)

[1] Pietro Badoglio se convirtió en primer ministro italiano el 25 de julio de 1943, después de que Mussolini fuera destituido por el Gran Consejo Fascista. Comenzó las negociaciones de paz con los británicos y los norteamericanos pero tuvo que huir cuando las tropas alemanes invadieron Italia. Se mantuvo en el poder gracias a los Aliados después de que éstos ocuparan Italia.

[2] Después del 20 de julio Hitler ordenó a todos los oficiales militares utilizar el saludo fascista, en lugar del saludo militar habitual. Hasta ese momento era opcional.

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