El 5 de marzo de 2013 el movimiento obrero mundial sufrió una de sus peores derrotas, luego de estar más de dos años en una dura batalla contra el cáncer, a las 4:25 minutos de la tarde caraqueña, el para aquel entonces presidente de Venezuela Hugo Rafael Chávez Frías había fallecido; con él, falleció la esperanza de millones de oprimidos víctimas de la barbarie capitalista en el mundo.

 

MARZO TRISTE

Me preguntaron dónde está 
y respondí con furor:
en el calor del pueblo, 
al lado del trabajador;
de aquel que suda el dolor
porque ha perdido a su libertador.

Aquel que golpeó al burgués 
que siempre lo oprimió,
aquel que le enseñó a leer, 
aquel que le enseñó a escribir,
aquel que le dio salud 
y un techo para vivir,
aquel que lo hace luchar
por su reivindicación;
aquel que lo guió hacia la revolución, 
para intentar liberarlo
del yugo explotador, 
cruel miserable patrón.

La lucha no debe acabar, 
la lucha no acabó en aquel marzo 
de llanto y sufrimiento,
marzo de espontaneidad, 
marzo de juramentos, 
marzo de calle, 
marzo de pueblo, 
fue un marzo triste,
un marzo para el recuerdo.

 

QUE SU MUERTE NO SEA EL FINAL

Por allí gritaban
los de maldad consecuente,
aquellos de cuello blanco, 
aquellos enemigos de mi gente: 
“ha muerto el tirano”, 
con gritos y celebración.

Gritaban por ahí desesperados: 
“ahora sí es nuestra salvación, 
muerto el tirano, 
muerta la revolución”.

Pero no se esperaban 
de mi gente
más amor y rebelión.

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