La posibilidad del tránsito al socialismo es un descubrimiento científico. No es un poema, ni una manera de hablar. La única forma que tenemos de acceder a él es a través de la lucha de clases. Así de sencillo. El socialismo del siglo XXI es tan sólo La cinta alemana Good Bye Lenin carece de una dimensión. Lo sé porque viví allá, en la RDA hasta poco antes de la caída del Muro. Ese Muro estaba derribado antes de erigirse. La inmensa tragedia que constituyó el tránsito al capitalismo en la Europa del Este no puede medirse por el par de años que transcurrieron desde la vulgar y decadente perestroika hasta que vimos derribarse festinadamente las estatuas de Lenin. No se le puede decir adiós a Lenin, pues nunca se le dio la bienvenida. Tan sólo importaron una imagen, marginándolo, convirtiéndolo en un sumiso payaso de la burocracia estalinista.

Al Lenin que le trataron de decir adiós en aquella cinta, no era para nada representativo del iniciador del socialismo en el mundo. Aquellas estatuas estaban vacías de contenido… sospecho que también de forma.

Eso sí. No lo entenderemos mientras permanezcan ocultos en muchos sitios la vida y el pensamiento de León Trotsky. Puede ser irónico mas la única manera que podemos traer a Lenin de vuelta es entendiendo por cuáles razones fue desterrado su mejor contemporáneo. No sabremos entender lo que pasó si no comprendemos el oscuro mecanismo por el cual la casta burocrática soviética se adueñó del socialismo, traicionó la internacional, y desmontó el espíritu revolucionario del mundo.

Por supuesto nos queda una alternativa: Descubrirlo todo desde el principio, cosa que nos llevará el tiempo que es cada vez más escaso, además estaríamos rechazando información de primera mano. Es como si naufragara un barco, y el maquinista enviara notas expresas de cómo y porqué naufragó, y entonces con dosis elevadas de irresponsabilidad pretendiéramos zarpar, por los mismos mares y con las mismas intenciones sin investigar las causas de la catástrofe, enterrando como avestruces el mensaje embotellado en la arena.

Comparto con Hugo Chávez su discurso de urgencia donde, más o menos parafraseando a Federico Engels, expresa nuestra disyuntiva, la cual se balancea entre el socialismo y las cucarachas. Sí, las cucarachas, pues la barbarie sería una variante casi idílica de pensar en los días actuales, luego de calcular groseramente el numero de veces que podríamos exterminar la vida en la Tierra.

El siglo XX no ha terminado de hablar. La vicisitudes por las que pasó la práctica revolucionaria está en gran medida engavetada. Y si alguien puede hablarnos del siglo XX es precisamente León Trotsky.

Ernest Mandel lo dijo mucho mejor: "De todos los más importantes socialistas del siglo XX Trotsky fue el que más claramente reconoció las tendencias fundamentales del desarrollo y las contradicciones principales de la época, y también fue Trotsky quien formuló más claramente una adecuada estrategia emancipadora para el movimiento obrero internacional." 1

Sí, necesitamos a Lenin, mas hoy no vendrá a nosotros sin que escuchemos lo que Trotsky debe decirnos. Ellos defendieron lo mismo, tan sólo Trotsky lo sobrevivió y supo interpretar en su propia vida y con su propia muerte los poderes del exterminio del socialismo. Reto en este instante a cualquier pensador que de manera sincera pretenda interpretar la historia que no tenga que recurrir, incluso para rebatirlas, a las experiencias trotskistas. Los que las obvian, los que las pasan por alto no son verdaderos leninistas.

Dicen que sin Lenin no hay Carlos Marx útil, yo diría que sin Trotsky no hay Lenin. Todos los pensadores marxistas, sobre todo todos los marxistas verdaderamente revolucionarios son imprescindibles para entender a Carlos Marx, el cual no tenía la bola de cristal. Tan sólo le puso dirección a las ideas revolucionarias, a la filosofía y, por primera vez en la historia, los hombres haríamos concientemente el túnel hacia nuestra felicidad… globalizada.

Usemos el siguiente símil. El socialismo se supone ser un túnel, una vereda por donde podamos transitar. Es ese mundo que tenemos que ganar, perdiendo sólo nuestras cadenas. Pues bien: La Revolución de Octubre fue el primer intento por cavar este túnel, que nos apuntó Carlos Marx. Pero el estalinismo nos lo dinamitó por dentro. Durante su construcción fueron colocadas las dinamitas para su destrucción. Trotsky fue entonces el ingeniero que dijo donde estaban los explosivos. No hubo manera de escucharlo, y ya sabemos el fin. Tierra arrasada.

Ahora se habla muy poéticamente que el túnel que construiremos será el socialismo del siglo XXI. Sea del XXI o del XXXI, el túnel puede ser dinamitado por exactamente las mismas insuficiencias y seguiremos llenos de lágrimas esperando el socialismo del venidero siglo… Eso sí , esta vez convertidos ya en cucarachas.

La posibilidad del tránsito al socialismo es un descubrimiento científico. No es un poema, ni una manera de hablar. La única forma que tenemos de acceder a él es a través de la lucha de clases. Así de sencillo. El socialismo del siglo XXI es tan sólo porque estamos en el siglo XXI. Es casi una obviedad decirlo. El descubrimiento del origen de la explotación capitalista es una verdad científica del mismo valor y de la misma objetividad que el movimiento de traslación de la Tierra en torno al Sol. No necesitamos a Einstein para que nos explique a través de la Ley de la Relatividad General y las geodésicas, la causa por la que pasamos del verano al otoño. Newton es más que suficiente. Los resultados son idénticos y las matemáticas infinitamente más sencillas. No necesitamos entender los huecos negros, o las teorías de Hawking para colocar un satélite en órbita. Puede ser que las comunicaciones, la informática etc., hayan complicado un tanto la realidad del capitalismo moderno, pero la esencia, (el pollo del arroz con pollo) sigue siendo la misma que hace siglos atrás. No hacen falta los “economistas cuánticos” o la “matemática tensorial” para explicarnos el origen de la explotación y la depauperación del sistema capitalista en la actualidad

El llamado socialismo del siglo XXI es equivalente a decir que debemos construir un avión del siglo XXI. Pero ese avión deberá vencer la gravedad, como hizo el del siglo XX. En el siglo XXI, tal cual desde hace unos cuantos miles de millones de años, la constante G de Gravitación Universal sigue siendo la misma que calculó Newton (G = 6,7 x 10-11 m3 / Kg . s2 ). Coincido que debemos fabricar aviones más cómodos, rápidos y seguros, pues las exigencias del siglo XXI difieren de las del siglo XX, pero la razón última de una pieza que deba vencer la gravedad es la misma. Haciendo un parangón pudiéramos decir que nuestro avión que trató de vencer la gravedad en 1917 tomó altura y se estrelló contra la superficie terrestre. Mas nos vale buscar las causas antes de tanto discurso futurista, pues por mucho siglo XXI que haya, G sigue invariante. Del siglo XIX al XXI las razones primigenias de la explotación capitalistas son las mismas: La expropiación del trabajo. Entonces sólo hay una manera de transitar “del reino de la necesidad al reino de la libertad”. Basta ya de caracolear, que cada instante de tiempo está en nuestra contra.

El avión se nos cayó y creemos ahora que por tener computadoras, celulares o INTERNET, éste podrá desafiar la gravedad sin tener en cuenta G ¡No señor! La gravedad seguirá siendo la misma hasta que colapse el planeta. Más nos vale apurarnos, dejarnos de retórica y asumir de una buena vez que el enemigo sigue siendo el mismo. Tal vez más vulgar, guerrerista y peligroso, pero el mismo. Apurémonos, eso sí, en saber quiénes somos nosotros.

Y entonces ¿por qué León Trotsky? No es obstinación por una figura histórica como muchos me acusan. Es tan sólo porque este hombre tiene muchas pistas de la caja negra de aquel avión que quiso hacer despegar la historia.

Hoy hace 65 años que León Trotsky fue asesinado de la manera más grotesca. 65 años después nos salpica todavía aquella sangre. Debió bastar aquel asesinato para extinguir el derecho del Kremlin a pretender alguna vez monopolizar y acuñar el pensamiento socialista, pero lo siguió haciendo y a estas alturas está convertido en estatua de sal. Con la medalla de la Estrella Roja de Ramón Mercader se acuñaba, entre vítores secretos y cobardes, la defunción del socialismo verdadero. Ese asesinato constituyó uno de los actos de terrorismo de estado más perversos en la historia, pues el glorioso Octubre del 1917 se suicidó aquel 20 de agosto.

Mercader después de cumplir la condena en México estuvo en Cuba. No me entero todavía con quién se reunió, ni por dónde caminó, ni siquiera si pudo mirar de frente las palmas de Martí, ni las cenizas de Mella. Murió en Cuba, por más que me cueste aceptarlo, el hombre que tuvo en sus manos, sin él imaginarlo, la misión de tratar de desaparecer la izquierda de las ideas del socialismo… estuvo en los 60, en esos años luminosos del Che Guevara… Me parece que es absolutamente imposible.

Por supuesto, el camino de la supervivencia ideológica de la revolución cubana no tiene nada que ver con Mercader, la GPU y el estalinismo. Todo lo contrario, lo que hace sobrevivir a mi revolución ha sido precisamente el espíritu de León Trotsky, aunque paradójicamente no lo sepamos, porque ha estado oculto en los pliegues de la memoria histórica.

La verdad es testaruda y se abre paso como el agua lenta , pero constante e indetenible… Hay un canal misterioso en la revolución cubana que nace con el Partido Revolucionario Cubano, se funde con Mella, después con lo más radical del movimiento 26 de Julio, culminando de manera sublime en el Che Guevara. El canal del compromiso irrestricto de clase y del internacionalismo. Allí, silencioso, desconocido y difamado anda León Trotsky con pícara sonrisa. ¿Por qué durante muchos años le han prohibido a Trotsky relacionarse con la revolución cubana? Nunca lo he podido saber, porque si alguna revolución ha sido radical e interminable ha sido la nuestra, si alguien apeló por las revoluciones radicales e interminables fue sin dudas León Trotsky. Tal vez Martí no se equivocó cuando dijo que en política lo real es lo que no se ve.

De Julio Antonio Mella tendremos que hablar mucho, mucho más en otro momento y analizar con más profundidad su labor en México. Entre otros contamos con los trabajos excelentes de Olivia Gall 2 y Alejandro Gálvez Cancino 3 donde de manera absolutamente clara y precisa y con una carga documental excelente analizan la labor comunista de Mella en ese período. Al margen de que Mella citara a Trotsky una vez que regresara de la URSS y pudiera conocer los objetivos de la Oposición de Izquierda a través de Andrés Nin, (asesinado, para variar, por la GPU en la guerra civil española), o que le escribiera a un camarada en el libro La plataforma de la Oposición: “Para Alberto Martínez con el objeto de rearmar el comunismo. Julio Antonio Mella” 2. su trotskismo declarado no es lo que más debe importarnos. Mucho más trascendentes fueron sus posiciones radicales en México. De hecho y por su consecuencia política “los trotskistas consideran a Mella como el iniciador de la corriente que más tarde conformó la Oposición de Izquierda en el partido Comunista Mexicano 3 a decir de la historiadora Olivia Gall.

¡Y fue Julio Antonio Mella quien nos introdujo en el camino del socialismo en Cuba! Quien tendió ese puente hermoso entre Martí y el bolchevismo, quien fundió nuestro mejor pasado reciente, con el reciente futuro del mundo. Y a pesar de lo que se pueda decir, por más que algunos quieran enjaularlo en una patética bandera patriotera y le asignen un discurso escaso, es este Mella valiente, vigoroso, polémico ¡Y nunca otro! el primer comunista cubano.

El estalinismo que contagiamos después y que de alguna manera tuvo relevancia por unos años en la revolución socialista es eso no más… un virus contagioso, a pesar del cual y no sin batallas logró sobrevivir el ideal del socialismo, porque éstas estaban en la esencia misma del proceso revolucionario. Los partidos estalinistas no contribuyeron ideológicamente a nuestro proceso, ni cuando echaron a Mella del partido, ni cuando pactaron con Machado, ni en muchas otras ocasiones ¡Gracias a Dios!

Por ahí andan algunos camaradas trotskistas con mucho que contarnos, fieles a la revolución socialista…. y agradecidos por haber sido ayudados y escuchados por otro marxista consecuente que engalana junto a Mella el logotipo de la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba: El Che.

Y es precisamente al Che al que quiero invitar, con todo y su estrella en la frente a dar esta bienvenida a León Trotsky en el 65 aniversario de su asesinato. El Che Guevara, símbolo del comunismo más radical, también llegó a instrumentar un trotskismo que no conocía. Y es tan sólo porque las verdades teóricas de Trotsky tienen la misma constancia que el valor de G, la constante de Gravitación Universal. El Che llegó a muchas de las tesis del pensamiento de Trotsky por su propia cuenta, sin saberlo nunca… sin que se lo dejaran saber.

Les expondré un par de ejemplos con los cuales empecé a descubrir una comunión secreta entre ambos: El Che Guevara fue de todos los revolucionarios que ha existido el que mejor entendió los principios de la revolución permanente…

A tal punto que murió por tratar de defender sus principios. Pero no tan sólo por morir llevando a la práctica estas tesis, sino también por arribar intelectualmente a sus esencias: Por ser el 65 Aniversario del asesinato de León Trotsky me permito repetir los tres aspectos de la revolución permanente.

Primer aspecto “La teoría de la Revolución Permanente resucitada en 1905, declaró la guerra a estas ideas demostrando que los objetivos democráticos de las naciones burguesas atrasadas, conducían en nuestra época, a la dictadura del proletariado, y que ésta ponía a la orden del día las reivindicaciones socialistas” 4.

El Che fue terminante en eso. Déjenme decirlo en voz de Néstor Kohan: “Él (el Che) en ningún momento acepta que en América latina (y en el mundo diría yo) las tareas consistan en construir una “revolución nacional”, “democrática”, “progresista”, o un capitalismo con rostro humano, que deje para el día de mañana el socialismo. Plantea de una manera tajante, muy polémica, que si no se plantea a la revolución socialista, eso es caricatura de revolución, que a la larga termina en fracaso o en tragedia, como pasó tantas veces” 5.

Son dos planteamientos idénticos. Los países subdesarrollados no tienen por qué razón esperar que un inglés o alemán decidan organizarse para hacer la revolución. Es más, el propio Trotsky mencionó en el Manifiesto de la Conferencia de Emergencia de la Cuarta Internacional, de mayo de 1940 “…la perspectiva de la revolución permanente no significa en ningún caso que los países atrasados deban esperar la señal de los países avanzados, ni que los pueblos coloniales deban esperar pacientemente a que el proletariado de los centros metropolitanos los libere. ¡Ayúdate a ti mismo!

El segundo aspecto de la teoría, caracteriza ya a la revolución socialista como tal. A lo largo de un período de duración indefinida y de una lucha interna constante van transformándose todas las relaciones sociales. La sociedad sufre un proceso de metamorfosis (…) Este proceso conserva forzosamente un carácter político (…). Las revoluciones de la economía, de la técnica, de la ciencia, la familia, (…) se desenvuelven en una compleja acción recíproca que no permite a la sociedad alcanzar el equilibrio 4.

Y dijo el Che en El Socialismo y el hombre en Cuba: “En este período de la construcción del socialismo podemos ver el hombre nuevo que va naciendo. Su imagen no está todavía acabada, no podría estarlo nunca ya que el proceso marcha paralelo al desarrollo de formas económicas nuevas” 6. Según el Che “el único descanso de los revolucionarios es la tumba”.

El tercer aspecto: es el internacional. Dijo Trotsky: “Este aspecto de la teoría de la revolución permanente es consecuencia inevitable del estado actual de la economía y de la estructura social de la humanidad, únicamente un reflejo teórico. El internacionalismo no es un principio abstracto, sino únicamente un reflejo teórico y político del carácter mundial de la economía (…) La revolución socialista comienza dentro de las fronteras nacionales; pero no puede contenerse en ellas. La contención de la revolución proletaria dentro de un régimen nacional no puede ser más que un régimen transitorio, aunque sea prolongado, como lo demuestra la experiencia de la Unión Soviética. Sin embargo, con la existencia de una dictadura del proletariado, las contradicciones interiores y exteriores crecen paralelamente a sus éxitos. De continuar aislado el Estado proletario caería tarde o temprano, víctima de dichas contradicciones (…)” 4

Dijo el Che refiriéndose a los revolucionarios: “Si su afán de revolucionario se embota cuando las tareas más apremiantes se ven realizadas a escala local y se olvida el internacionalismo proletario, la revolución que dirige deja de ser una fuerza impulsora y se sume en una cómoda modorra, aprovechada por nuestros enemigos irreconciliables, el imperialismo, que gana terreno. El internacionalismo es un deber, pero también es una necesidad revolucionaria” 6.

No voy a detenerme demasiado. Si alguien luchó por hacer cada vez más socialista la revolución cubana fue el Che. El Che se lanzó a la construcción del socialismo en una tierra atrasada y profundizó día a día su carácter socialista… y lo abandonó todo en nombre de la revolución mundial. No conozco otro que haya hecho lo mismo. No creo que haya habido mayor fidelidad a las tesis de la revolución permanente. Si las condiciones en Bolivia eran o no eran propicias… es tema para otro análisis y no el de la revolución permanente. Podemos criticarle que fue un revolucionario demasiado permanente o demasiado consecuente.

Y otro aspecto que con las debidas diferencias de circunstancias acercan el pensamiento de Trotsky al del Che es, sin dudas, la decidida opción por la economía planificada. Es cierto que Trotsky optó al principio por la NEP en el joven estado soviético, dada las terribles condiciones económicas del llamado Comunismo de Guerra. Pero después, casi desde el comienzo, Trotsky criticó este estado de cosas. Sostuvo como nos dice Isaac Deutscher “que con la transición a la NEP, la necesidad de planificar se había hecho más urgente (…) Precisamente porque el país volvía a vivir bajo una economía de mercado debía tratar de controlar el mercado y prepararse para ejercer su control. Volvió a platear la demanda del Plan único, sin el cual era imposible racionalizar la producción, concentrar los recursos en la industria pesada y establecer el equilibrio entre los diversos sectores de la economía” 7

Las posiciones del Che a favor del plan y su proverbial animadversión a la NEP son harto conocidas. De hecho el Che insistía que Lenin de haber tenido tiempo la hubiera reconsiderado. Y no sólo al plan: El Che se pronunció en sus últimos años sobre la democracia socialista. Escribió Michael Löwy en Rebelión: “Sabemos que en los últimos dos años de su vida Ernesto Guevara avanzó mucho en su toma de distancia hacia el paradigma soviético (…) Entre estos documentos se encuentra una crítica radical al Manual de Economía Política de la Academia de Ciencias de la URSS, redactado en 1966 (…) Una de ellas es muy interesante, porque demuestra que en sus últimas reflexiones políticas Guevara se acercaba a la idea de la democracia socialista”. 8

Ahí está el Che, sin haber estudiado suficientemente a León Trotsky, acuñando las tesis trotskistas más consecuentes. Quizás nunca lo supo, pero no importa. Eso indica solamente que esas tesis son verdad y a su vez le otorga, paradójicamente, mucha más fuerza y vigor al pensamiento de Trotsky. En 1965 el Che le escribe a Armando Hart estando en Tanzania acerca de sus convicciones para el estudio de la filosofía marxista. En el apartado VII le dice “y debería estar tu amigo Trotsky, que existió y escribió según parece”. 9

Podrán imaginarse entonces lo poco que conocía sobre el fundador del Ejército Rojo. Sin embargo pudiera parecer que en su último año pudo acercarse bastante a su literatura. Juan León Ferrer, un compañero trotskista que trabajaba en el Ministerio de Industrias me lo ha comentado. El Che recibía además el periódico de su organización y fue el Che quien lo sacó de la cárcel después de su regreso de África. El compañero Roberto Acosta, ya fallecido, tuvo gran camaradería con Guevara. Según Juan León Ferrer durante las zafras azucareras debatían estos temas. Este camarada sostiene que el Che se había leído La Revolución Permanente y es sabido que a Bolivia marchó con La Historia de la Revolución Rusa. en su mochila de combate. Y así podríamos poner muchos más ejemplos donde de alguna manera estos dos revolucionarios ejemplares encendían la luz por la misma ruta.

Los dos dirigieron a un ejército y a un naciente estado socialista de manera brillante y exitosa, asumiendo a Carlos Marx desde el estribo del caballo; los dos fueron ideólogos revolucionarios que tomaron el poder e intentaron profundizar sus procesos revolucionarios manteniéndose fieles a Lenin y Fidel respectivamente, reclinados, eso sí, a la izquierda de ambos. Por representar el ideal más acabado del internacionalismo y la consecuencia revolucionaria, fueron los dos brutalmente asesinados.

Ernesto Guevara me hizo trotskista. Cuando tuve acceso a Trotsky, muy tarde para mi gusto, me di cuenta que muchas de esas cosas… ya me las había dicho desde niña el Che. Al leer sus primeras páginas confirmé aquello que tantas veces sentí en sus textos: que la revolución no tiene nada que ver la idiosincrasia nacional. Y que, por esto, en el socialismo no tenían espacio los pronombres “nuestro “ o vuestro”, que la teoría revolucionaria , al igual que las leyes de la física tenía el mismo idioma universal. Que tal como señalara Armando Hart en otra época: “Nuestra lucha no es solamente por Cuba, sino por todos los trabajadores y explotados del mundo. Nuestras fronteras son morales. Nuestros límites son de clase” 10

Lo que más reconozco en Trotsky es eso… la manera de hablar, la pasión que me despiertan todavía sus discursos. Fue lo mismo que me conquistó del Che Guevara. Por eso milito en su ejército y en el del Che sin traicionar a ninguno. Ambos esgrimen con la misma verdad de luz la palabra, el fusil y el corazón.

Camaradas: Alcancemos de una vez nuestra mayoría de edad. Son demasiadas las injusticias de la explotación; demasiada grande la evidencia de la única solución; y son ya demasiados nuestros muertos. León Trotsky nos vuelve a convocar a la lucha ¡Démosle la bienvenida sin trámite alguno! Su anfitrión es el Che Guevara y los pueblos de América Latina que claman por el socialismo. Trotsky ganó de forma dramática la partida teórica. Armemos nuestros movimientos revolucionarios sin dilación con confianza. Trotsky y el Che están en nuestro partido. Sacudamos de una buena vez el árbol desenmascarando a los nuevos reformistas que no dejan avanzar a la revolución bolivariana que está llamada a ser la punta de lanza, el primer peldaño de una revolución continental sin precedentes.

Recordemos una vez más que el Sol, las estrellas… y la gravedad terrestre son nuestros aliados.

¡Proletarios de todos los países uníos!

Notas

1. Ernest Mandel Trotsky as alternative. Verso, 1995

2. Alejandro Gálvez Cancino. Julio Antonio Mella. Un marxista revolucionario. Crítica de la Economía Política, 1986

3. Olivia Gall. Trotsky en México. Colección Problemas de México, 1991

4. León Trotsky. La revolución permanente. Fundación Federico Engels.

5. Ernesto Guevara . El socialismo y el hombre en Cuba. Marcha, Montevideo, 1965.

6. Néstor Kohan. Ernesto Che Guevara. Otro mundo es posible. Editorial Nuestramérica, 2003.

7. Isac Deutscher. El profeta desarmado. Ediciones ERA,1968.

8. Michael Löwy. Ni calco ni copia: Che Guevara en búsqueda de un nuevo socialismo. Rebelión, 5 de Agosto de 2002

9. Ernesto Guevara. Carta dirigida a Armando Hart en 1965. Contracorriente, 1997. Ver ref.5, pág159.

10. Armando Hart Saludo del CC del PCC al XXIII Congreso del PCUS. Política internacional de la Revolución cubana, editora política, 1966.