En los últimos días en México, la desobediencia civil es un tema que ha empezado a tomar una gran fuerza y ha comenzado a ser el alimento de debates, que al paso de los días y de las circunstancias de nuestra vida actual, son pieza fundamental para un completo desarrollo político-social.

La expresión “desobediencia civil” se empeló hasta los años sesenta del siglo pasado, las personas que se consideraban desobedientes, resistentes o insumisas frente a las leyes y los Estados, preferían definirse como revolucionarias, como rebeldes o con otras palabras afines.

Desde el denominado fracaso del “sistema socialista” a principios de los noventas, se acabó la bipolarización del mundo, de este modo se amplió el número de democracias nominalmente representativas; a partir de esto, el uso de la expresión “desobediencia civil” se ha generalizado en todo el mundo.

Tipos de desobediencia civil

Se habla de desobediencia civil en relación con las actitudes de protesta sociopolítica más diversas y en el marco de diferentes movimientos de resistencia (tal es el caso de las primaveras acaecidas el año pasado en países como Siria, Estados Unidos, Yemen y México). Ahora las protestas han tomado nuevas formas, y se han dado paso a una mayor pluralidad de significados, y no como antes, donde se seguía una línea ideológica mucho más rígida. 

Por otro lado, en palabras del pensador Adam Bedau: «Alguien comete un acto de desobediencia civil, sí y sólo sí, sus actos son ilegales, públicos, no violentos, conscientes, realizados con la intención de frustrar leyes -al menos una-, programas o decisiones de gobiernos».

Por esto se entiende que debe existir un acto que vaya en contra de una ley ya establecida y que al mismo tiempo ésta afecte o en un futuro cercano a un sector, o incluso a la sociedad en general.

En un apartado de su libro Una cuestión de principios, Ronald Dworkin, brillante filósofo del Derecho, nos habla acerca de tres motivaciones o circunstancias que han tenido los actos famosos de desobediencia civil:

1. La desobediencia “basada en la integridad”, entendida como aquella en la que la integridad o la conciencia le impiden obedecer determinada norma al individuo. Base ejemplificar mencionando que antes de la Guerra Civil, el Congreso de Estados Unidos promulgó la ley del Estado fugitivo, en donde se estipulaba que, si un ciudadano del norte del país ayudaba a escapar de los cazadores de esclavos a un esclavo en fuga, cometía un delito; en este caso, muchas personas cometieron un delito porque sus conciencias no les permitían obedecerla

2. La desobediencia “basada en la justicia”: tiene como principal objetivo oponerse a un programa que se considera injusto y su intención es lograr revocarlo; en otros términos, no admitir un programa de opresión hacia alguna minoría por parte de la mayoría. ¿Ejemplo? Los miembros del movimiento por los derechos civiles que violaron la ley al protestar contra la guerra de Vietnam; ellos pensaban que la mayoría estaba defendiendo sus propios intereses de una manera injusta, pues ignoraban los derechos de la minoría local.

 3. Y por último, el “Hércules del Derecho”, el cual nos muestra la desobediencia “basada en políticas públicas”. Esta desobediencia nos señala que hay personas, las cuales violan la ley, no porque el programa sea inmoral o injusto, sino porque consideran que es un programa malo, estúpido y peligroso, tanto para la mayoría, como para cualquier minoría. Las protestas contra el despliegue de misiles estadounidenses en Europa, en la medida en que violaban normas locales, es un claro ejemplo de esta desobediencia civil. 

Esta diferenciación es de gran utilidad para poder plantearnos preguntas y por supuesto llegar a más respuestas que puedan aportarnos a nuestro entorno actual. De esta manera poder interpretar qué clase de desobediencia civil es conveniente apegarnos hoy en día en México, si es que se llega al punto de considerar pertinente este medio como una posible solución para los problemas que nos aquejan.

Condiciones para la desobediencia civil

No podemos negar que entre los diversos autores quienes han teorizado sobre la desobediencia civil, podemos encontrar múltiples definiciones. No obstante, entre ellos existe un acuerdo en que ésta puede definirse como un acto que, motivado por convicciones de conciencia o principios de justicia, implica, primero: el incumplimiento de un mandato del soberano por parte del agente (carácter desobediente) y segundo: la aceptación responsable de las consecuencias de dicho acto (carácter civil).

En este sentido, el carácter civil de la desobediencia depende directamente de la aceptación voluntaria del castigo derivado de la legislación existente por la conculcación de la ley. Sin embargo, para que esta desobediencia a la ley pueda ser considerada como civil en un estado democrático, es necesario establecer algunas condiciones o requisitos.

Para empezar, la persona o grupo social que practica la desobediencia civil, tienen que ser conscientes de sus actos y estar comprometidos con la sociedad en que los ejercen. Vale recodar que civil refiere a espíritu cívico, y en este sentido, el comportamiento del desobediente no estará movido por el egoísmo personal o corporativo, sino por el deseo de universalizar propuestas que objetivamente mejorarán la vida en sociedad.

Se exigirá además al desobediente un compromiso de fondo: moral, con los principios político-jurídicos que inspiran el Estado democrático, de modo que el desobediente no pretenderá transformar enteramente el orden político democrático, ni socavar sus cimientos, sino sólo promover la modificación de aquellos aspectos de la legislación que entorpecen el desarrollo de grupos sociales marginados o lesionados o, en su caso, de toda la sociedad.

Si recordamos a Gandhi, la desobediencia civil no es sólo un deber moral en circunstancias como las actuales, sino un derecho intrínseco del ciudadano. Éste no puede renunciar a tal derecho sin dejar de ser hombre y a diferencia de la desobediencia criminal, la desobediencia civil no comporta anarquía (entendida como caos) sino desarrollo social. En tanto, siempre que el Estado reprime la desobediencia civil, lo que en realidad está haciendo es tratar de aprisionar la conciencia.

Extender la desobediencia civil

Al parecer la desobediencia civil debe llegar al conocimiento de un gran sector de la población, buscando el beneficio de la población en su totalidad. Debemos considerar que estos debates es importante llevarlos a un plano más amplio; es decir, a un escenario en el cual podamos plantearnos las ventajas y desventajas de esta alternativa, poder ubicarla como una medida para captar el sentido moral de la colectividad, tal y como ha pasado en países como Estados Unidos.

 Finalmente, una gran labor para los estudiosos del Derecho es sumergirnos en las páginas de los grandes teóricos que tienen grandes propuestas, para poder llevarlas a la práctica, e impulsar lo que el pensador Dworkin, a menos de un año de su muerte, decía y que por desgracia no se quiere tomar en cuenta (ese argumento que adoptaron diversos abogados en Alemania), esto es,  que debidamente entendida, la ley puede respaldar la desobediencia civil; esto puede ser efectivo cuando rechazamos el positivismo judicial, pues aunque en un caso determinado la justicia tenga la última palabra sobre qué es la ley, esa última palabra no es por ese motivo la correcta. 


Para más información sobre Desobediencia Civil:

Dworkin, Ronald, Una cuestión de Principios, Siglo veintiuno editores, Buenos Aires, 2012.

Sergio Artemio Guillermo Valentín

Estudiante de Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)